Nos abalanzamos sobre los Lonckandos.
Yo me enfrento al líder y rey de Lonckad, mantengo una espada en línea recta he intento hacerle un corte en el abdomen, el rey de Lonckad desenvaina una espada y empieza a detener mis movimientos con demasiada agilidad, intento cortar su brazo, pero el esquiva el corte.
Giro la cabeza hacia nuestro barco y veo como todos empiezan a luchar contra Lonckad. Como veo que nuestro barco y nuestros tripulantes están cercas le doy una patada al rey de Lonckad haciendo que caiga al suelo.
-Si matan al líder del barco el resto tendrá que rendirse – Grito y todos se giran hacia el resto de los barcos.
-Pero si me matas a mi…todos los barcos deben rendirse – Analiza el rey de Lonckad.
-Así es – le dedico media sonrisa – Si tú te mueres todos deben rendirse y abandonara su misión.
-No lo creo – se incorpora – No mientras mi hija y mi esposa estén con vida – Suelta una risa agria y yo apuñalo a los contrincantes de Zenith y Vania.
-Terminen de matarlos – ordeno y eso hacen – Y maten a esas dos mujeres – señalo a una chica y una mujer con una corona.
Vania gira la cabeza.
-Tu no harías eso – entre abre mis labios, pero ve mi rostro y se va en dirección a las mujeres.
Adopto posición de ataque y le lanzo una patada al rey, el cual responde con un golpe en el rostro, golpe que consigo esquivar. Me asesta un corte en el brazo y por desgracia da en el blanco, ignoro por completo el dolor y lo apuñalo en el abdomen, logro mi objetivo, pero se descubre la herida y veo que lleva armadura.
- ¿Lo ves? – se burla – Es prácticamente imposible que me mates.
Intento pensar, pero no encuentro ninguna opción…solo matarlo con mi poder, pero no puedo hacer eso, así que giro sobre mis talones con ambas espadas extendidas y consigo rajarle el cuello.
Cae al suelo y se cubre la herida.
-Maldita traidora – escupe entre dientes.
-Te repito que ustedes nos traicionaron antes…- se escucha un golpe detrás de mí y acto seguido una daga rodea mi cuello.
-Lo lamento, Thais – Dice una voz muy conocida – Pero vine con el objetivo de salvarte y matar a todos los piratas.
-Pues veo que no me estas salvando – las lágrimas se escapan de mis ojos.
-Y no lo hare – espeta – Traicionaste a nuestro reino – escupe – Sálvalo y te llevaremos a Alaya y haremos como si esto no hubiera pasado, nos casaremos y reinaremos juntos, será como si esto solo hubiera sido una pesadilla.
- ¿A ti solo te importa ser rey? – suelto una risa irónica.
-Claro que no – dice ofendido.
-Mátala de una vez – ordena el rey de Lonckad que está a punto de morir – Si ella muere antes que yo podremos considerarnos ganadores.
Zenith desvía la vista hacia mí y abre los ojos como platos al ver que Sylvan me tiene rodeada con una daga, le da una fuerte patada a su contrincante y corre hacia nosotros. Sylvan suelta un suspiro y me libera para acto seguido apuñalar al rey en el corazón y matarlo.
-Perdóname – suplica y se gira hacia mí, en cuanto me tiene de frente se arrodilla – Me estaba obligando a hacerlo.
- ¿Por qué haría eso? – espeto.
-Porque es mi padre – admite y…Zenith llega a mi lado y me gira para inspeccionarme el cuello y el resto del cuerpo.
- ¿Estas bien? – pregunta lleno de preocupación y su mirada se fija en mi herida del brazo – Estas herida – Toma mi brazo y lo examina – Regresa al barco.
-No lo hare – digo con determinación – No regresare al barco, tenemos que luchar y detener esto, tenemos que proteger Blacktide – susurro y por el rabillo del ojo veo como Sylvan abre los ojos como platos.
Nos giramos hacia Sylvan, quien sigue de rodillas en el suelo y que nos mira con dolor.
-Estuviste a punto de matarla – escupe Zenith entre dientes y le pone una daga en el cuello – Querías lastimarla, por su mirada sé que tú eres su prometido – suelta una risa irónica – Y aun así quisiste matarla, maldito desgraciado – Empieza a hacer presión en su cuello y yo lo detengo.
-Basta – pongo una mano en su brazo – No vale la pena no hay porque matarlo si acabamos con el linaje del rey de Lonckad todos están obligados a… - recuerdo las palabras de Sylvan y se me va el aliento.
- ¿Estas bien? – Zenith se gira hacia mí y examina mi rostro.
-Dijiste que eras su hijo, ¿Verdad? – señalo a Sylvan y el asiente.
-Sí, pero si fui a Alaya a la edad de quince años para ser presentado al fénix, fue porque me escape de mi hogar – me mira a los ojos y sé que dice la verdad – No quiero el trono, no quiero ser su familia, solo te quiero a ti.
Zenith pasa la vista de Sylvan a mí y de mi la regresa a Sylvan.
-Ellas no son mi madre, ni mi hermana – señala a la mujer y a la chica con las que Vania están luchando – Mi madre murió, ¿recuerdas? Por eso me fui a Alaya.
Cierro los ojos con fuerza y dolida por lo que paso.
-Haz lo que quieras con el – Le digo a Zenith y me voy hacia la hija del rey.
Llego a lado de Vania y le asesto un golpe a la chica, esta se gira hacia mi y suelta una risa amarga.
-Quien lo diría – Me mira de pies a cabeza – La princesa de Alaya y la futura reina, de todas las islas con un traje de piratas y enfrentándose a una de sus islas – me lanza una patada que yo esquivo.
-Las cosas cambian de rumbo – le dedico una media sonrisa y acto seguido le doy un golpe en la cara.
Aprovecho la oportunidad y le doy una patada en el pecho, tomo su brazo izquierdo y la obligo a girarse, la tiro boca abajo y llevo su brazo a su espalda, pongo mi cuerpo sobre el de ella inmovilizándolo, se remueve, pero inmovilizada no puede hacer mucho.
-Creo que no te enseñaron a luchar muy bien que digamos – desenvaino una daga y la llevo a su cuello.
-Soy la princesa, no una guerrera – escupe.
-Ya entiendo a lo que se refería Zenith – suelto un suspiro exasperado.