Mar En Llamas

Epilogo

Un año después.

Suelto un suspiro mientras la sacerdotisa del templo del fénix me coloca la corono de Alaya.

-En nombre del fénix. De los dragones. De las sirenas. De las hadas – me acomoda la corona – Y en nombre de todas las islas, la declaro Reina de Alaya y de todas las islas, la declaro, la gran emperatriz.

Me levanto del suelo y salgo del templo del fénix, Vania sale conmigo y a mi otro lado va Celine, ambas acompañándome, me encuentro de frente con Sylvan, el nuevo rey consorte.

-Te queda bien la corona – dice, pero noto que evita mi mirada.

-Lo sé – paso a su lado y una de las doncellas del palacio me entrega a mi hija, Elara.

-Veo que eres la nueva emperatriz, Likoine Pexb – al oír esa voz y ese apodo elevo la vista de golpe hacia Zenith –Te queda bien el cabello negro me dedica una media sonrisa, pero yo solo lo puedo ver con odio y desprecio.

- ¿Qué haces aquí? - espeto – Lárgate de una vez antes de que te mate.

-No me ire hasta que… - se interrumpe al ver a la bebe en mis brazos – Se parece a ti – susurra - ¿Es...t-tu hija?

-Si – respondo y la pequeña cierra sus puñitos – Mi hija. Tu hija. Nuestra hija – le digo y se tambalea.

- ¿Mi hija? – repite y extiende los brazos - ¿Puedo cargarla? – me pregunta con la esperanza en los ojos.

-No – digo sin dudar, Gaia se acerca a nosotros en su forma humana y extiende los brazos.

-Dámela – pide y le entrego a la bebe – Hola preciosa – le dice y le da un piquete en la nariz.

-Tiene un color de cabello peculiar – Zenith mete sus manos dentro de los bolsillos de su saco – Negro con mechones plateados.

-Vete de aquí – repito y convoco mi magia – Si no lo haces, te matare, pero no me molestare en tocarte – advierto y el suelta un suspiro.

-No, quiero que me perdones – se pone de rodillas – Sé que lo que hice estuvo mal, nunca debí jugar con tus sentimientos, ni debí haber usado el amor como arma, confieso que pensaba que no te amaba, pero después de la última batalla en la que dejaste los barcos y el mar en llamas, regrese a Blacktide y cuando sentí tu ausencia me di cuenta de que realmente te amaba, por eso no quería matarte.

-Pero si querías hacerme prisionera – le recuerdo – Vete del reino antes de que te mate.

Zenith se pone de pie, pero su mirada se clava en un anillo que llevo en la mano izquierda, en automático su mirada se desvía a la mano de Sylvan y al ver los anillos de matrimonio una lagrima le resbala por el rostro.

-Perdóname – susurra y se da media vuelta – Por cierto, algo que nunca te dije es que Alioth estaba enamorado de ti, la primera carta que recibiste, la que tenía la última frase diferente, el la escribió, siempre me dijo que no siguiera engañándote con lo de que te amaba, pero jamás quise hacerle caso, solo perdóname – su voz se escucha quebrada – Perdóname por haberte hecho esto. Jamás debí hacerlo.

Se va y yo me giro hacia la multitud.

-Debemos hacer el decreto de La Academia Colver – le digo a Sylvan, Celine y Gaia.

- ¿Si la fundaras? – Pregunta Gaia y yo asiento – Pero hay gente que no está de acuerdo.

-La Academia Colver no es una escuela de elección. Es una obligación – aclaro.




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