Un relámpago radiante partió el cielo.
El destello fue tan intenso que el aire mismo pareció congelarse. La luz cegadora dificultaba incluso respirar.
El origen era evidente. El poder de James había respondido a las palabras del Zarion.
Y esta vez… era más fuerte. El chico permanecía de pie. Dormido.
Completamente ajeno. Su cuerpo dio un paso al frente.
—¡James, detente! ¡Escúchame! —gritó Elora.
No hubo respuesta.
Sus pupilas no reaccionaban a la luz. No parpadeaba. No respiraba con normalidad. Era como si su cuerpo estuviera siendo dirigido por algo más.
El ambiente cambió.
El sol desapareció tras una masa de nubes oscuras que surgieron de la nada. El viento comenzó a girar en espiral alrededor del chico.
—Solo escúchame… aunque sea un segundo…
Elora se acercó y tomó su mano.
Error.
Un rayo amarillo explotó desde su cuerpo y la lanzó hacia atrás.
La arquera cayó de rodillas.
—No es él… —murmuró, apretando los dientes—. Su poder está tomando el control. Estás luchando contra nosotros también… —susurró Elora.
—Qué trágico. El héroe que no distingue amigos de enemigos.
Una risa grave rompió la tensión.
—¿Eso es todo, insecto? No me intimidas.
Kuragari levantó ambas manos.
Dos enormes rocas se materializaron sobre su cabeza, flotando con un zumbido amenazante.
El aire vibró.
Con un gesto seco, las lanzó directo hacia James.
El chico no se movió.
Elora dio un paso al frente—Pero antes de que pudiera intervenir—
¡CRASH!
Un destello dorado cruzó el aire. Las rocas fueron pulverizadas en mil fragmentos. Una espada de luz amarilla había aparecido en la mano de James.
No era una espada común. No tenía filo físico, sino una hoja compuesta de energía condensada. Vibraba, como si estuviera viva.
La sostenía con firmeza. Con absoluta precisión. El silencio cayó por un segundo.
Fragmentos de piedra impactaron el brazo de Kuragari.
El Zarion bajó la mirada… y su sonrisa desapareció.
—Ese poder… lo detesto.
Ya no había burla en su voz. Solo odio.
Erion y Zarion. Razas destinadas a exterminarse.
Elora frunció el ceño.
—Sabes algo sobre esa espada, ¿verdad?
El Zarion no la miró.
—Más de lo que imaginas.
James desapareció de su posición. Un parpadeo. Y ya estaba frente a su enemigo.
—No necesito una espada para aplastarte —gruñó Kuragari, levantando el puño.
No alcanzó a terminar el movimiento. La espada atravesó su torso. Limpia.
Directa.
Los ojos del Zarion se abrieron con sorpresa.
—Imposible… ¿en qué momento…?
James habló con una voz extrañamente fría:
—Objetivo neutralizado.
Sangre oscura resbaló por su pecho. Y entonces…
Sonrió.
Elora sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La energía de la espada comenzó a fluir hacia el cuerpo del Zarion.
Absorbida. Devorada. La hoja perdió brillo hasta quedar completamente vacía.
—Estás acabado, chico —susurró Kuragari—. Nadie que haya estado tan cerca de un Zarion vive para contarlo.
James no respondió. Atacó de nuevo. Golpe tras golpe. Rayo tras rayo.
Pero cada descarga era absorbida y redirigida al suelo, dejando cráteres humeantes.
A varios metros de allí, unos ojos castaños se abrieron de golpe.
—Espera… ¿nos quedamos dormidos?
Amelia se incorporó rápidamente. Su cabello largo cayó sobre sus hombros mientras el estruendo de la batalla retumbaba en sus oídos.
Chard también se levantó.
—¿Escuchaste eso? —preguntó ella.
Él frunció el ceño.
—Ese poder… lo reconozco. Es James.
Amelia giró la cabeza hacia el campo de batalla.
Y lo vio.
—¡Mira! ¡Es un Zarion! ¡Está peleando contra él!
El viento casi la obligó a retroceder.
—No podemos quedarnos mirando. Tenemos que ayudarlo.
Ambos comenzaron a correr. Pero una figura se interpuso en su camino.
—No den un paso más.
Era Elora. Amelia se detuvo en seco.
—¿Por qué nos detienes? ¡Está peleando solo!
Y tú… ¿por qué no estás a su lado?
Elora bajó la mirada un instante.
—No entiendes lo que está pasando. Si se acercan, morirán.
—Prefiero morir intentando salvarlo que quedarme mirando —replicó Amelia.
Elora la miró fijamente.
—¿Y si es él quien te mata… también estarías preparada para eso?
Amelia se queda en silencio.
Elora apretó los puños.
—El James que conoces sigue dormido.
Lo que ves… no es él. Es su poder usando su cuerpo como recipiente.
El viento sopló con más violencia.Amelia vaciló.
Solo un segundo.
—No me importa —dijo finalmente—. No voy a quedarme de brazos cruzados.
Corrió. Un destello de rayo se desvió hacia ella.
James murmuró con voz distante:
—Interferencia detectada.
Elora abrió los ojos con alarma.
—¡No… él no está decidiendo eso!
No lo vio venir. Demasiado tarde.
Pero antes de que impactara—Chard la tomó por la cintura y se lanzó hacia un lado.
El rayo explotó detrás de ellos. La dejó en el suelo, a salvo.
—¿Estás herida?
Amelia negó con la cabeza, todavía temblando.
Elora habló sin apartar la vista de la batalla.
—Esa era la advertencia. La próxima vez no tendrán tanta suerte.
Amelia observó a James.
Sus movimientos eran precisos. Fríos. Inhumanos.
—¿Qué podemos hacer…?
—Esperar —respondió Elora—. Cuando el poder se estabilice… intentaremos despertarlo.
Pero la pelea no se estaba estabilizando. Todo lo contrario.
Kuragari comenzaba a retroceder. Con fiereza.
El cielo rugía. James levantó su mano derecha. La tormenta comenzó a comprimirse en su palma.
—Esa energía… ¿quién te lo concedió?
James respondió sin emoción:
—Eliminación prioritaria.
Elora susurró:
—Esto no está bien…