Marca de Erion

Capítulo 23

Dentro del refugio se escucharon algunos movimientos.

Shin inspeccionaba las cajas que había encontrado, concentrado hasta el punto de no notar nada más a su alrededor.

Cuando abrió las cajas vio rollos de pergaminos guardados con una apariencia muy antigua. Pensó en los secretos que podrían esconder aquellas escrituras tan viejas.

—¿Qué estás haciendo, Shin? ¿De dónde sacaste todas esas cajas?

Chelsy apareció detrás de él, mostrando un rostro curioso. Su cabello amarillo brillaba como siempre.

—Esto es muy valioso. Imagina la cantidad de historia que debe de estar guardada en estos pergaminos.

Shin abrió uno de los pergaminos y descubrió que el idioma era totalmente desconocido. Estaba seguro de que no era el que ellos usaban.

—Hay que registrar todo el lugar. Debe de haber cientos de pergaminos como este.

Definitivamente es más que un simple refugio.

Chelsy vaciló.

—¿Qué quieres decir?

—Tengo que descifrar el contenido de estos pergaminos.

Chelsy observó el refugio y notó un pequeño cuarto en una esquina de la sala principal. Su apariencia daba miedo.

Telarañas cubrían la madera podrida y la puerta tenía muy mal aspecto.

—Shin, mira allí —dijo Chelsy, señalando el cuarto.

—Es una habitación. Me pregunto qué habrá ahí.

—Espera, no me digas que…

—Sí, vamos a entrar a investigar.

Chelsy dio un paso atrás, incrédula.

—¿Estás seguro de eso? No conocemos nada de este lugar. ¿Y si es una trampa?

Shin se levantó y cerró los ojos por un momento, adentrándose en sus pensamientos.

—Chelsy… no quiero volver a ser el cobarde que huía cuando las cosas se ponían difíciles.
Apreté los puños tantas veces que ya ni los sentía… y tú fuiste la única que me obligó a mirar de frente mis errores.

Suspiró.

—Es por eso que ahora quiero ser el Erion que siempre debí ser, y para lograrlo necesito tu ayuda.

Se giró hacia ella.

—Quiero que seas mi apoyo ahora.

Chelsy lo miró sorprendida. Shin no era el mismo chico que días atrás se asustaba por todo y pensaba en escapar de la realidad. Le estaba pidiendo ayuda para ser fuerte. No podía defraudarlo.

—Uff… está bien, tú ganas. Pero tenemos que ir con cuidado.

—Puedes estar tranquila, tengo todo bajo control.

Shin y Chelsy caminaron hasta quedar frente a la extraña habitación. Se miraron y el chico dio el paso al frente. Abrió la puerta de par en par, la cual chirrió por haber estado tanto tiempo cerrada.

Al entrar, el cabello de Chelsy se enredó con una de las telarañas de la puerta. Se llevó un gran susto.

—Tranquilízate, es solo una telaraña.

Shin, con mucho cuidado, quitó la telaraña del cabello de Chelsy.

De pronto, una luz iluminó la habitación por unos segundos, pero después desapareció.

—¿Qué rayos fue eso? —preguntó Chelsy.

—No tengo idea, pero está en este cuarto.

La luz volvió a brillar. Esta vez Shin descubrió su procedencia.

—Chelsy, ya lo encontré.

Shin señaló la ubicación exacta del brillo, y allí estaba: una esfera azul que iluminaba toda la habitación con gran esplendor.

—Es muy bonito. ¿Qué será?

Shin examinó detenidamente la esfera. Estaba encima de una mesa de madera. Probó tocarla con sus manos y volvió a brillar, pero esta vez fue diferente.

Un cuadro rectangular apareció en el aire.
Shin y Chelsy activaron sus poderes como alerta, temiendo que pudiera tratarse de un ataque enemigo.

El cuadro empezó a cambiar de color.
Unas imágenes se reflejaron en pequeños cuadrados que representaban distintos lugares. Se veían personas caminando.

—¿Qué diablos…? —preguntó Shin, boquiabierto.

Reconoció algunos de los lugares mostrados.

—Espera… eso es la plaza central.

—¿La plaza? Pero estamos en el refugio…

—No nos están vigilando. Nosotros los estamos vigilando a ellos.

—¿Qué? ¿Acaso eso existe? —preguntó Chelsy.

—Parece que sí. Es la primera vez que veo algo así.

Mientras seguían analizando las imágenes, Shin percibió una que representaba un callejón de la ciudad. Varias personas estaban reunidas allí. Algunos llevaban espadas y armaduras, y otros tenían piel gris y espadas oscuras.

La imagen se hizo más grande y pudieron verla de cerca.

—No puede ser… —murmuró Shin.

En la imagen, un caballero estrechaba la mano de un Zarion.

—Eso… eso es imposible —dijo Shin.

—Tengo un mal presentimiento. ¿Crees que podamos oír lo que hablan?

—Sí, se oyen sus voces. Escuchemos en silencio.

En el callejón, los caballeros y los Zarion no parecían en conflicto; conversaban de forma amistosa.

—Entonces es cierto que los Erion volvieron —dijo uno de los caballeros.

El Zarion asintió.

—Lo más recomendable es hacer una alianza ahora.

—¿Una alianza? ¿Qué ganaremos con eso?

El Zarion rió.

—No nos hagamos los tontos. Esos desgraciados acabaron con toda la ciudad, poniendo en peligro a cientos de personas.

Chelsy quiso reclamar por la mentira que se estaba diciendo, pero Shin le hizo señas para continuar escuchando.

—No pueden quedarse de brazos cruzados al ver esto, ¿verdad?

El caballero se rascó la cabeza y miró a su alrededor.

—Supongo que tienen razón. Esos supuestos Erion están causando problemas.

—Por nuestra parte ya hemos colgado carteles en todo Wisteria. Sabemos que algunos de ellos están aquí.

—Si ese es el caso, registraremos toda la ciudad, hasta encontrarlos.

—¿Qué…? —Chelsy se alarmó.

—Necesitamos que nos avisen cuando den con ellos. Nuestro rey les recompensará por ello.

—De acuerdo.

Los dedos de Chelsy temblaron. Sus uñas se clavaron en la madera.

—Mienten… —susurró con rabia.

La comunicación se cortó.

—Esto es un gran problema. Tenemos que prepararnos —concluyó Shin.

—No lo sé. ¿Y si logran descubrir nuestro escondite?




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