Marca de Erion

Capítulo 24

James notó algo extraño desde que llegó al gremio de aventureros.

Desde que se inscribieron en el gremio, habían sido víctimas de burlas constantes por parte de los demás aventureros.

—Ellos han regresado. Todavía recuerdo la última vez que estuvieron en el gremio.

Lía parecía muy emocionada. Sonreía mientras esperaba en la entrada del gremio.

—¿Por qué hay tanto escándalo?

—En los días que llevamos aquí, nunca había visto al gremio comportarse así.

Amelia y Chard observaban el evidente cambio en los aventureros.

Ellos habían sido víctimas de burlas constantes, pero ahora alguien más parecía haberse convertido en el centro de atención.

James escuchó a Lía, atento.

—¿A quiénes esperamos? Debe ser alguien muy importante, ¿no?

Lía asintió.

—Exacto. El grupo más fuerte del gremio. Estuvieron ausentes mientras cumplían una misión muy peligrosa y, al parecer, lograron completarla con éxito.

—¿Una misión peligrosa? —preguntó James, tenso.

—Existen misiones que son tan complejas que solo los aventureros experimentados son capaces de realizar.

«Una misión tan peligrosa que muy pocos pueden completar… ¿Qué clase de encomienda es tan riesgosa?», pensó James con muchas dudas.

—¡Ya llegaron!

Las grandes puertas del gremio se abrieron lentamente.

Las conversaciones se apagaron poco a poco mientras todos los aventureros giraban la cabeza para ver a los recién llegados.

Lía esperó en la entrada.

—Bienvenidos nuevamente al gremio.

James entrecerró los ojos mientras observaba al grupo que acababa de entrar.

Todos los aventureros del gremio los observaban con evidente respeto.

El primero en entrar fue un joven de cabello azul con mechones amarillos cayendo sobre su frente.

Su túnica elegante lo hacía parecer más un noble que un aventurero.

El segundo era un hombre robusto con una armadura reluciente y una gran barba marrón.

La tercera era una chica de cabello rosado. Vestía un traje lleno de colores brillantes y sostenía en la mano derecha una varita mágica decorada con cristales.

El último llamó inmediatamente la atención de los Erion. Era un tipo sumamente extraño. Su cabello era amarillo y largo, sus orejas eran puntiagudas, pero lo más marcado que tenía era su piel, muy gris, como la de los Zarion, las bestias que tanto los Erion odiaban.

«¿Él… es un elfo?», se preguntaron James y Chard al mismo tiempo.

Amelia ya lo sospechaba de antemano, pero la piel gris del sujeto le hacía dudar.

—Muchas gracias por el recibimiento, Lía —dijo el chico de cabello azul.

La chica de cabello rosado se estiró con pereza.

—Fue un viaje muy agotador. Necesito relajarme por unos días.

—Por sus caras veo que la misión fue todo un éxito —comentó Lía.

El sujeto de cabello amarillo asintió.

—La misión fue más difícil de lo que esperábamos, pero juntos pudimos vencer a ese monstruo y borrarlo de la faz de la tierra.

—Me alegra mucho saberlo. Espero que se queden con nosotros por un tiempo.

—También esperamos lo mismo.

El hombre de orejas puntiagudas se detuvo de repente.

Sus ojos se clavaron directamente en James.

Por un instante, el ruido del gremio pareció desaparecer.

Luego, sin decir una palabra, el extraño hombre continuó caminando.

Un escalofrío recorrió la espalda de James al ver al hombre de piel gris.

—Ese tipo… me estaba mirando. ¿Quién demonios será?

Amelia sintió una extraña sensación.

«Su piel es igual a la de los Zarion».

—No me gusta para nada su carácter —agregó Chard.

***

—¡Voy a tomar mi primera misión!

James miraba el tablón de encargos con los ojos llenos de emoción.

Su corazón latía con fuerza.

—¿Estás seguro de eso, James?

Amelia trató de detenerlo.

—Las misiones no son un juego.

—Tranquilo. Si mueres en tu primera misión, prometo contar tu historia —dijo Chard.

—¡Eso ya lo sé! Pero… me prometí a mí mismo nunca rendirme, y eso es lo que haré.

Chard rió en voz baja.

—Tus intentos por detenerlo son inútiles. James ya está decidido.

Amelia pensó un poco. Recordó una conversación que tuvo con Elora, su maestra en las técnicas de arquera.

—Antes de continuar, Amelia, tengo que decirte algo.

Amelia se detuvo y decidió escuchar.

—¿Qué sucede? ¿Pasó algo con Galen?

—No. Es sobre James.

Amelia se sorprendió.

—¿James? ¿Qué pasa con él?

Hubo un breve silencio.

—¿No se te hizo extraño que duerma más de lo normal?

Amelia pensó mientras se tocaba la barbilla.

—Puede que sí, pero no entiendo lo que quieres decir.

Elora respiró hondo.

—Ese comportamiento de James no es tan simple como crees. Lo cierto es que, en cada madrugada, él entrena con todas sus fuerzas.

—¿Entrenar? ¿A plena luz de la luna? ¿Está loco? Podría pescar un resfriado.

—Puede que tengas razón.

Un leve zumbido atravesó el aire.

—Sin embargo, él prometió algo después de despertar y juró cumplirlo.

—¿Qué tipo de promesa fue?

Elora bajó la cabeza.

—Se prometió a sí mismo cuidar y proteger a sus aliados… y no herirlos nunca más.

—Le contaste todo lo que sucedió, ¿no?

—Ocultarle la realidad no habría sido nada bueno.

Amelia respiró hondo y lo entendió.

—Una última cosa. Si James decide realizar algún tipo de misión o encargo, no lo detengas. Si lo haces, estarías interviniendo en su promesa. Solo hazlo si es demasiado peligroso para él.

De vuelta al presente:

—¡No me detendrás, Amelia! Confía en mí, sé lo que estoy haciendo —dijo James.

Amelia aprobó sus palabras y prefirió no interponerse en su decisión.

James volvió a mirar el tablón de encargos.

Después de examinar varias solicitudes, encontró una que le interesaba.

Tomó la hoja del tablón.

—Voy a aceptar esta misión. Se ve interesante.




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