Eleine esperaba sentada en una roca muy lisa. Su capa ondeaba con la brisa.
—Disculpa la tardanza.
James apareció, con la respiración agitada; había corrido desde el centro de la ciudad hasta allí.
—Ya era hora, mocoso —dijo ella—. En fin, es hora de irse.
Hubo un breve silencio en el ambiente.
—Pero antes quisiera hacerte una pregunta —interrumpió James, mirándola fijamente—. ¿Estás decidido a realizar esta misión, aunque mueras en el intento?
La pregunta fue una sorpresa, pero James no pareció dudar; su mirada era penetrante.
—Así es, siempre estoy listo.
La hechicera bajó la cabeza y giró hacia el bosque.
—La aldea a la que nos dirigimos está a menos de una hora si nos apuramos. Sin embargo…
—¿Qué haces? ¡Vámonos ya!
La explicación de Eleine fue interrumpida; James estaba delante, esperándola.
—¡Eh! ¿En qué momento tú…? —quiso seguir reclamándole, pero se dio cuenta de que era inútil—. Bien, pero quédate detrás de mí, ¿ok?
***
Amelia observó a su compañero correr hasta que solo veía una pequeña silueta.
Su expresión preocupante era muy evidente. Una mano le tocó el hombro.
—Él va a estar bien, no tienes que preocuparte —dijo Chard.
Amelia suspiró.
—Lo sé, es solo que… Esa chica me da muy mala espina; creo que es más que una hechicera.
—Tal vez, pero no tenemos pruebas de ello —intervino Chard—. Por el momento, solo nos queda esperar.
Amelia contempló el cielo azul, manteniendo a James en sus pensamientos.
***
—Esto… Eleine, ¿verdad?
—Sí, ese es mi nombre. ¿Qué ocurre? —preguntó Eleine mientras caminaba; los mechones morados de su cabello danzaban con el aire.
—¿Tienes alguna idea de en qué consiste esta misión? ¿Hay que pelear?
Eleine estuvo callada por un breve tiempo.
—¿Acaso eres idiota? ¿A quién se le ocurre aventurarse en una misión sin conocer su objetivo?
—Bueno, pensé que sería interesante. Pero, ¿sabes su contenido?
Eleine frunció el ceño.
—No soy idiota como tú —dijo, sacando su varita—. Escucha, esta es una misión de rango C: exterminar a un monstruo que está causando problemas en la aldea Jiken.
—¿Un monstruo? ¿Sabemos cómo es?
—Ni idea, pero espero que lo sepamos pronto.
¡Grrrr!
Un rugido resonó luego de que los aventureros se adentraran en lo profundo del bosque.
—¿Qué rayos fue eso? —saltó James.
Otro rugido se escuchó.
—¿Acaso es el monstruo de nuestra misión? —preguntó.
—Es imposible; todavía no hemos llegado a Jiken.
El sonido de los arbustos estremeció la tierra y un tronco de árbol fue despedazado.
Eleine se dio la vuelta al instante al sentir el ruido a su espalda; en pocos segundos apareció algo extremadamente grande y robusto, con un pelaje negro y horrible.
El ser se dirigió hacia Eleine, quien apenas pudo percatarse de su presencia, pero James logró detenerlo con su espada, sirviendo de escudo entre los afilados dientes de la bestia.
—¿Estás bien? —dijo, aferrándose a la espada.
El monstruo retrocedió y James logró liberarse de la presión ejercida por su contrincante.
—Te debo una, idiota —contestó Eleine—. Tienes razón, este es el monstruo que buscamos.
James se emocionó demasiado.
—Es perfecto. Así la aldea no correrá peligro si logramos mantenerlo aquí.
—Tienes razón. Pero no será nada fácil. Estas bestias son más fuertes de lo que parecen.
—¡Eso no importa! —James saltó—. Somos un equipo y juntos lo venceremos.
—¡Idiota! ¡No bajes la guardia!
La bestia apareció detrás de James y, usando sus garras derechas, intentó despedazarlo.
—¿Cómo se movió tan rápido?
¡Grrrr!
—¡Salta a un lado!
Eleine gritó mientras, usando su varita, realizaba un conjuro de una poderosa bola de fuego que impactó directamente en el monstruo.
«Esa cosa es muy rápida; mi espada no servirá para nada. Tendré que usar los poderes Erion y…»
—¡Chico! ¿Qué demonios estás haciendo? ¡Va hacia ti!
El monstruo volvió a atacar a James, pero este logró esquivarlo por poco.
«¿Qué estoy haciendo? No puedo usar mis poderes; se supone que estoy encubierto como aventurero, así que actuaré como tal».
Mientras James se perdía en sus pensamientos, la hechicera libraba una intensa batalla contra la bestia. Entre conjuros y garras, la lucha era bastante feroz.
En un último intento, el poder de Eleine fue bloqueado y la bestia logró alcanzarla rápidamente. En medio del ataque, la varita cayó de sus manos, dejándola fuera de combate.
La chica pensó que moriría, ya que faltaban pocos segundos para que la bestia acabara con ella.
¡Chaz!
Una espada apareció en el momento justo, cortando el brazo derecho de la bestia y manchando la hierba del suelo con sangre.
—¿Acaso me habías olvidado? Estás hablando con James, uno de los mejores aventureros de este reino.
La bestia rugió con un dolor penetrante.
—Buena jugada, chico —dijo Eleine—. Terminemos con esto de una vez —miró fijamente a su compañero—. Pero esta vez atacaremos juntos.
—De acuerdo —respondió James, preparando su espada.
Después de estas palabras, la bestia saltó nuevamente al ataque. Aunque le faltaba un brazo, sus garras eran formidables.
James y Eleine se dispersaron. Eleine atacó primero, disparando bolas de fuego. Luego dio un giro; una poderosa ráfaga de viento apareció sobre la bestia, causando varios cortes que raspaban y desgarraban su piel.
Cuando la magia terminó, la bestia quedó aturdida, como si hubiera recibido un duro golpe en la cabeza. Eleine seguía ahí, sin moverse, dispuesta a acabar con ella.
La bestia no contaba con que James estaba detrás de ella. No tuvo tiempo de voltear; la espada quedó clavada en su pecho.
En los bordes de la espada se veían rayos amarillos que traspasaban el cuerpo del monstruo.
«¿Qué clase de poder tiene este chico? Una espada común y corriente no debería ser tan potente», pensó Eleine.