Marca de Erion

Capítulo 26

​—Amelia…

​Amelia, dando un recorrido por la esplendorosa ciudad, sintió una voz que anunciaba su nombre; el ruido del aire no le permitió escuchar con exactitud.

​—Debe haber sido mi imaginación. Nadie conoce mi nombre en este lugar.

​Siguió caminando sin pensar en aquella sensación extraña.

​—Amelia, por aquí.

​Volvió a escuchar otra vez lo mismo. Pero esta vez reconoció aquella voz.

​—Elora, ¿eres tú?

​Amelia volteó su mirada hacia un callejón que había detrás; este conducía a un distrito apartado de la propia ciudad. Allí estaba la arquera, tenía una capucha encima de su cabello rojo. La chica entró al callejón con mucha cautela.

​—¿Qué haces aquí? ¿Galen envió algún mensaje para nosotros?

​La arquera negó con la cabeza.

​—Entonces, ¿a qué has venido?

​Elora sacó un artefacto cubierto con tela de cuero que estaba amarrado a su espalda. Su expresión era de felicidad.

​—Desde que eres una Erion has crecido mucho, por eso quiero regalarte esto, ábrelo por favor.
​Amelia obedeció y desenvolvió la tela de cuero, revelando un objeto oculto.

​—Esto… ¡No puede ser cierto!

​Un arco reluciente de color amarillo era agarrado en las manos de Amelia. Sus ojos estaban abiertos como platos.

​—¿Por qué me das esto precisamente a mí?
​Elora sonrió.

​—Amelia, tu valentía es inquebrantable y es digna de admirar —dijo—. No todas las chicas como tú tienen esa firmeza que posees —señaló al arco—. Este arco es parte de lo que eres y estoy segura de que lo utilizarás perfectamente.

​—Pero nunca he usado ni manejado un arco —respondió Amelia, deprimida—. No creo estar lista para usar uno.

​Elora empezó a alejarse.

​—Quiero decirte una última cosa —advirtió—. Solo úsalo cuando de verdad estés en apuros junto a tu poder.

​—Pero Elora, yo…

​Amelia quiso seguir advirtiendo a Elora de su incapacidad para ser una arquera hecha y derecha; Elora no parecía escucharla.

​—Dentro de unos días vendré a buscarlos para continuar con nuestro camino, hasta entonces mucha suerte, Amelia.

​Después de aquella charla, Elora desapareció de forma inmediata y quedó sola Amelia en aquel callejón junto a su nuevo arco, el cual apretó con mucha fuerza.

​James no podía creer lo que veían sus propios ojos. Pelo largo y amarillo, orejas puntiagudas y piel gris. Aquel aventurero extraño que lo había mirado fijamente aquella vez estaba allí, justo en el linde donde terminaba la ciudad y comenzaba el bosque.

​«¡Tú!», pensó inquieto.

​—¡Labán! —el nombre del sujeto fue revelado por la voz de Eleine—. ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que estabas en el gremio.

​Labán se mantuvo serio y con una mirada muy fría.

​—Qué buenas habilidades tenéis —dijo—. He de admitir que fue una excelente pelea contra esa bestia. Gracias por ayudarnos, Eleine.
​Eleine se sorprendió; no comprendía las palabras de Labán.

​—Por fin podremos saber quién eres realmente, niño.

​Labán hizo señas con sus dedos y, en un parpadeo, muchos aventureros aparecieron de entre los árboles rodeando a James y apuntándolo con espadas, lanzas y hechizos.

​—¿Qué es esto? —preguntó James, acorralado—. Eleine, ¿qué significa esto?

​—No lo entiendo, ¿por qué nos atacan de esta manera? —reclamó la joven.

​Labán sacó su espada, plateada y reluciente; su filo quedó a pocos metros de la barbilla de James.

​—A ti no, sino a ese mocoso —dijo con voz fuerte—. Él no es un aventurero común y corriente.

​—¿Cómo estás tan seguro? —Eleine siguió defendiendo a James.

​—Estabas tan ocupada con esa bestia que no te enteraste de nada. Ese chico usó un poder que nunca he visto en mis años como aventurero —se dirigió hacia James—. ¡Revelanos tu identidad ahora mismo!

​James cerró uno de sus puños; su expresión cambió por completo.

​—Esto quiere decir que todo fue una farsa, toda la misión lo fue, incluso tú…

​Miró a Eleine fijamente. En su interior sentía traición y remordimientos hacia la joven.

​—¡Te equivocas! ¡Yo no sabía nada de esto! —reaccionó Eleine—. ¡Labán me engañó a mí también!

​—Tal vez… —intervino Labán—. Pero no puedes negar que desconfías de él, ¿verdad?

​Eleine se quedó callada y bajó la cabeza asintiendo. Evitó mirar a James.

​—¡Maldita! —masculló James.

​—¡Basta de juegos! —Labán dio un paso al frente—. Si no nos revelas tu verdadero ser, te entregaremos al Rey.

​James se quedó inmóvil. Aunque trataba de buscar alguna salida, estaba rodeado por completo, y enfrentar a todos los aventureros no sería buena idea.

​¡Chaz!

​Un muro de hielo apareció de la nada, separando a James de Labán.

​—¿Qué…? ¿Magia?

​Labán y los aventureros fueron sorprendidos antes de atacar a James.

​—¡James! ¿Estás bien?

​—¡Chicos!

​Amelia y Chard aparecieron encima de las ramas de uno de los árboles del bosque. Labán pareció más motivado.

​—Excelente, aparecieron más de ustedes. ¡Qué emoción! —gritó—. Será todo un honor capturarlos a todos.

​—Ese tipo está demente —dijo Amelia con los brazos cruzados.

​—¿Crees que sepa acerca de nuestro poder? —susurró Chard.

​Amelia enfureció.

​—Siempre supe que no era nada bueno. ¡Vamos!
​—Espera —Chard la detuvo—. Son muchos aventureros, no creo que sea buena idea enfrentarlos a todos.

​—De acuerdo, tenemos que salir de aquí y buscar a Elora —analizó Amelia—. Esta ciudad ya no es segura para nosotros.

​—¡Atrapadlos! —ordenó Labán.

​Los aventureros obedecieron y atacaron a los Erion, quienes enseguida bajaron del árbol y se juntaron con James.

​—¡Hay que salir de aquí, James! —dijo Chard—. ¡Y rápido!

​James asintió. Y los tres aprovecharon una abertura entre los aventureros para escapar. Los enemigos que se metían en el camino eran arrojados fácilmente con sus poderes.

​—¿Estos aventureros son tan débiles? —preguntó James.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.