Donde comienza la herida
Dicen que los lobos reconocen a su mate por el olor.
Eso es mentira.
El olor es solo el principio.
Un lobo reconoce a su Luna por el vacío que deja cuando no está.
Por el dolor que le atraviesa el pecho cuando la pierde.
Por la furia que despierta cuando alguien intenta arrebatársela.
Un lobo no ama de forma suave.
Ama con todo lo que es… incluso cuando eso lo destruye.
Y esta historia no comienza con un encuentro feliz ni con una promesa eterna.
Comienza con la ausencia.
Con el silencio que queda cuando alguien se va sin explicación.
Con la herida abierta de una Luna abandonada
y el aullido contenido de un Alfa que llegó demasiado tarde.
Porque hay pérdidas que no se superan.
Solo se aprenden a cargar.
Y esta…
esta es la historia de una pérdida que cambiaría para siempre el destino de una manada, de un heredero…
y de un amor marcado por la luna.