Marcados por el Motín

Capítulo CINCO

El sonido del cuerpo de Kate cayendo al suelo retumbó en todo el comedor, como un disparo que nadie esperaba pero que todos sabíamos que podía ocurrir en cualquier momento. Su cuerpo golpeó la madera con una violencia absurda, como si el mundo mismo hubiese decidido empujarla hacia abajo. La sangre comenzó a esparcirse a su alrededor, oscura y espesa, formando un charco que se mezclaba lentamente con la de los otros caídos; era tanta, y tan viva aún, que parecía latir junto a ella, como si se negara a aceptar lo que acababa de pasar. El aire se volvió pesado, irrespirable, cargado de hierro y muerte. Nadie habló. Nadie se movió. El silencio fue tan profundo que logramos escuchar su último aliento, ese suspiro quebrado que escapó de sus labios justo después de su última palabra.

“Motín.”

No hubo eco, pero tampoco hizo falta. Esa palabra quedó suspendida sobre nosotros como una orden grabada en fuego.

Y entonces, cuando Kate ya no estaba en nuestro mundo, el comedor estalló en caos.

La fuerza de Tross cedió y todos mis camaradas salieron de ese agujero como bestias enjauladas.

Espadas desenvainadas, miradas enloquecidas, pasos desesperados. No había órdenes claras, no había una estrategia definida, pero sí algo mucho más peligroso; La sed de venganza ardía en cada uno de nosotros. Los piratas más viejos, los mismos que aún juraban lealtad a Ulkar, se interpusieron para defenderlo. Lucharon con una ferocidad que solo nace del miedo a perder el poder que conocen. Formaron un muro de acero y carne, bloqueando el paso, dando a su capitán segundos preciosos para escapar del comedor.

Pero no tenía salida. Esto es un barco en medio del mar. No hay calles donde perderse, no hay bosques donde ocultarse, no hay puertas que conduzcan a otro mundo. Solo madera, mástiles y agua infinita rodeándonos. Nadie puede escapar.

Yo, sin embargo, no podía moverme. No porque no quisiera. Porque no podía.

Forcejeé.

-!Ayúdenme¡ - Rugí, aunque no sabía a quién le hablaba.

Un golpe resonó detrás de mí. Pensé que era otro choque de espadas, pero no. Era diferente. Más cercano. Alguien apareció a mi lado. Por un segundo creí que era uno de los leales a Ulkar que venía a rematarme, pero cuando levanté la vista.

Tross.

Estaba cubierto de sangre que no era suya. Sus ojos ya no tenían esa niebla que tantas veces lo había dominado.

-No es momento de ocultarse - Dijo con voz baja, casi ronca a Fler y a mi.

Movió por completo la mesa de madera, que proximamente cayó al piso. El impacto vibró hasta mis hombros.

Cuando vi a Ulkar huir entre el caos, reaccioné. Salí de mi posición casi sin pensarlo, empujando unos barriles volcados, saltando por encima de un cuerpo que aún se retorcía. Fler avanzó conmigo, siguiendo mis pasos, pero ella, a diferencia de mí, ya estaba enfrentando el duelo. Sus mejillas estaban húmedas, su mandíbula tensa. Yo también lo estaba, pero de otra manera. No quería llorar. No aún. Solo quería vengarla. Y esta era la única oportunidad. Después… la lloraría como correspondía.

-!Se está marchando del comedor¡- Grité con toda la fuerza que me quedaba. - !Atrápenlo¡-

Corrí junto a la tripulación, empujando cuerpos, apartando a los heridos, con el corazón golpeándome el pecho como si quisiera romperme las costillas. Estaba a punto de alcanzar la salida cuando Fler me tomó del brazo.

-Troy… - Suspiro - No puedo - Dijo, ya envuelta en llanto. Me miró con los ojos rojos, quebrados. - Necesito cuidar su cuerpo. Ve tú. -

La miré apenas un segundo. Asentí sin decir nada y retomé la carrera.

Subimos a cubierta como una marea de acero y rabia. El viento del mar golpeó mi rostro, frío, brutal, limpiando el olor del comedor solo para reemplazarlo por sal y pólvora. Cuando llegué, apenas unos segundos después, al centro del barco, todo ya había terminado.

Había un círculo formado. Nadie hablaba. Solo respiraban, agitados, cubiertos de sangre.

Ulkar estaba en el medio, acostado sobre la madera manchada, el pecho subiendo y bajando con dificultad. Estaba cubierto de sangre. Sin sus dos extremidades superiores. Sus ojos estaban abiertos, mirando el cielo como si buscara una respuesta que nunca llegaría.

El motín se cumplió.

***

El suelo de madera, claro pero viejo, estaba cubierto de cuerpos. Tablas manchadas de sangre seca y fresca, gotas que habían saltado desde heridas abiertas, desde armas levantadas con furia, desde golpes finales que nadie pudo detener. El comedor parecía un campo de batalla detenido en el tiempo, como si el mar mismo hubiese contenido la respiración para observar lo que habíamos hecho. El olor metálico de la sangre se mezclaba con el del ron derramado y el sudor, impregnándolo todo, pegándose a la garganta. Cada paso que dábamos hacía crujir la madera húmeda, y ese sonido, pequeño pero constante, era lo único que rompía el silencio espeso que había quedado tras el motín.

La mayoría de los cuerpos sin vida pertenecían a los defensores más leales de Ulkar. Leales hasta el final. Lo habían demostrado sin dudar, dispuestos no solo a luchar por él, sino a morir defendiéndolo, aun sabiendo lo que eso implicaba. Porque defender a Ulkar significaba asegurar un futuro inevitable; servir a Travik de por vida. Algunos habían caído con el arma aún apretada entre los dedos; otros, con la mirada fija en el techo, como si en el último segundo hubieran entendido demasiado tarde lo que realmente estaban protegiendo.



#1526 en Fantasía

En el texto hay: piratas, drama, magia

Editado: 07.06.2026

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