Marcados por el Motín

Capítulo SIETE

Al día siguiente desperté sin ese peso oscuro que había sentido la noche anterior. No había tristeza. No había culpa ahogándome el pecho.

Solo furia.

Era una sensación extraña. Como tener una brasa atrapada bajo las costillas. Sabía que no era algo que debía alimentar, que un capitán no podía dejarse gobernar por cosas así… pero aun así estaba ahí, ardiendo, imposible de ignorar.

El recuerdo de la cara de Fler volviendo a decirlo todo me golpeaba una y otra vez.

“Que ninguno de los dos tuvo el valor de levantarse.”

Apreté la mandíbula.

Que me culpara… que dijera que no merecíamos vivir… que insinuara que yo solo pensaba en Travik…

Eso me revolvía la sangre.

Resoplé mientras me incorporaba del suelo de mi refugio, apartando las hojas que hacían de puerta. El sol ya estaba alto sobre la isla, atravesando las copas de los árboles y cayendo en manchas doradas sobre la arena.

-Maldita sea… - Murmuré al ver la altura del sol.

Ya era tarde.

El campamento estaba completamente despierto. Algunos piratas regresaban desde la playa cargando redes húmedas; otros afilaban cuchillos o limpiaban armas sentados sobre troncos. El olor a sal ya humo flotaba en el aire. Pero sobresalía el olor a pescado

Me acerqué hacia donde venía el aroma.

El chef del barco estaba inclinado sobre una plancha improvisada hecha con una lámina de hierro apoyada sobre piedras. La grasa chisporroteaba mientras varios pescados dorados se cocinaban lentamente.

Detrás de él, tres piratas llegaban desde la orilla cargando una caña larga con más capturas colgando.

El chef levantó la vista cuando me vio acercarme.

-Buenos peces hoy, capitán. -dijo con orgullo, girando uno con una espátula.

El pescado soltó un crujido delicioso al tocar la plancha.

-Buen trabajo. - Respondí, asintiendo.

El hombre sonrió satisfecho y volvió a su tarea mientras el humo salado subía en espirales.

Tomé un plato y avancé entre las mesas improvisadas hechas con tablas y barriles. La mayoría de los hombres ya estaba comiendo, hablando en voz baja. Algunos levantaron la vista cuando pasé, otros siguieron con lo suyo.

Encontré a Tross sentado en una mesa algo apartada del resto, masticando con calma mientras observaba el mar como si estuviera evaluando una tormenta invisible.

Me senté frente a él.

No dijo nada al principio.

Solo me miró.

Luego volvió a su comida.

-Dormiste poco - Murmuró finalmente.

-Dormí lo suficiente.- Refuté sin ganas.

Tross clavó su cuchillo en el pescado, separando un trozo con tranquilidad.

-Tu cara dice otra cosa. -

No respondí.

El sonido del mar golpeando la orilla llenó el espacio entre nosotros.

Tross dio un bocado y masticó con calma antes de hablar de nuevo.

-La chica sigue en su carpa. - Comenta como si yo no estuviera enterado aún.

Mi mano se tensó apenas sobre la mesa.

-No es asunto mío. - Replico serio.

Tross levantó una ceja.

-¿Ah, no? -

-No. - Firme.

Corté un trozo de pescado con más fuerza de la necesaria.

-Si quiere seguir culpando a todo el mundo, que lo haga. - Sostengo mi postura, quizá no sea la correcta, pero una discusión ahora no es la prioridad.

Tross apoyó el codo sobre la mesa.

-No está culpando a todo el mundo. - Levanté la mirada hacia él.

-Me está culpando a mí. -

La frase salió más dura de lo que esperaba. El cuchillo quedó clavado en el pescado frente a mí, y por un momento me quedé mirando cómo el aceite todavía burbujeaba en la superficie dorada de la carne.

Tross no respondió de inmediato. Terminó de masticar con calma, como si estuviera midiendo cada palabra antes de soltarla.

—Sí —dijo al fin.

Levanté la mirada.

—Como si yo hubiera sido el que levantó la espada. - Debo admitir que estoy algo más exaltado de lo normal.

Tross limpió el cuchillo con un trozo de pan antes de responder.

—No te culpa por matarla.

El viento del mar pasó entre las mesas, moviendo un par de hojas secas que alguien había usado como plato.

Las palabras quedaron flotando entre nosotros.

Clavé el tenedor en el plato con más fuerza de la necesaria y las lágrimas de frustración empezaron a salir.

-Yo también la quería. - Dije, más bajo. - Jamás hubiera hecho algo con tal de hacerle daño, ella era mi amiga.



#1656 en Fantasía

En el texto hay: piratas, drama, magia

Editado: 20.06.2026

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