Margen Cero: La Última LÍnea

Capítulo 3 — La fotografía que cuenta mal

Elías me citó en el cuarto oscuro a las siete y diez de la mañana, antes de que Lía pudiera prohibirlo.

El cuarto oscuro ya no era oscuro. El instituto había abandonado el revelado químico años atrás y utilizaba el espacio para almacenar equipos audiovisuales, pero conservaba una lámpara roja, una pileta manchada y cuerdas de las que colgaban fotografías como ropa puesta a secar. Elías decía que la habitación obligaba a mirar las imágenes de pie y sin el refugio de una pantalla.

Había impreso la foto de la reunión en tres tamaños.

—Anoche revisé el original —dijo—. No tiene capas, ediciones ni metadatos inconsistentes. La fecha es correcta. El archivo se creó tres meses antes de tu matrícula.

—Eso no demuestra que la figura sea yo.

—No.

—La chaqueta puede parecerse.

—Sí.

—El remiendo también.

—Poco probable, pero posible.

—Entonces, ¿por qué me citaste?

Elías señaló la ampliación mayor. La figura de espaldas tenía la mano izquierda sobre la mesa. En el dedo índice se veía una cicatriz delgada y curva.

Miré mi mano.

La cicatriz me la había hecho a los nueve años al intentar abrir una lata con un cuchillo. Mi madre aún contaba la historia cada vez que me veía cocinar.

—Una cicatriz también puede coincidir.

—No te invité para convencerte de que viajaste en el tiempo.

—Qué alivio.

—Te invité porque ayer había cuarenta y seis archivos en la tarjeta.

Colocó la cámara sobre la mesa y encendió la pantalla. El contador marcaba cuarenta y siete.

El archivo nuevo era otra fotografía de la misma reunión, tomada desde un punto ligeramente distinto. En la primera, la cámara estaba sobre el estante. En la segunda, la imagen provenía de la quinta silla.

Lía, Mara y Elías miraban hacia el objetivo. La figura con mi chaqueta seguía de espaldas. El antebrazo imposible ya no aparecía porque, desde ese ángulo, pertenecía a quien tomaba la fotografía.

—La tarjeta estuvo conmigo toda la noche —dijo Elías—. No conecté la cámara a nada. No tiene red inalámbrica.

—¿Hora de creación?

—Veinte cero ocho de ayer.

—Estábamos en nuestras casas.

—Eso recuerdo.

Me mostró el estado normal: sello de integridad del archivo, número de serie de la cámara, secuencia de nombres, carga de batería. Había una diferencia. La fotografía nueva decía DSC_0000.

—La cámara numera desde uno —explicó—. Cero no es un valor posible.

—Señal primaria.

—Exacto.

—¿Persona asociada?

Elías miró la figura que ocupaba la silla desde detrás del lente.

—No lo sé.

—¿Consecuencia?

—La foto existe.

—Ayer dijiste que una anomalía debía cambiar algo más.

—Estoy intentando que no lo haga.

Tomó la tarjeta de memoria y la introdujo en un lector sin conexión. Copió el archivo, calculó una suma de verificación y la escribió en una hoja. Después imprimió la fotografía.

La impresora produjo una página en blanco. Probó otra vez. En la segunda hoja aparecieron la mesa, las ventanas y cinco sillas, pero ninguna persona.

En la tercera solo estaba yo, de espaldas.

—Apágala —dije.

Elías ya había desconectado el cable. La impresora siguió trabajando.

La cuarta hoja mostró a una muchacha junto a la ventana. Su rostro estaba quemado por el blanco de la exposición, pero llevaba una cinta oscura en el cabello. La quinta mostró la habitación vacía con una frase escrita en la pizarra:

EL TESTIGO TAMBIÉN SALE EN LA FOTO.

La sexta hoja se atascó. Elías abrió la bandeja. El papel estaba plegado alrededor de los rodillos como si una mano hubiera intentado tirar de él desde dentro. Cortó la corriente en el tablero. La lámpara roja se apagó.

En la oscuridad, la cámara disparó. El flash reveló durante una fracción de segundo a la muchacha de la ventana. Estaba frente a mí, tan cerca que vi pequeñas manchas de tinta roja alrededor de sus uñas.

Cuando regresó la luz de emergencia, no había nadie. Elías respiraba con la espalda contra la pared.

—¿La viste?

—Vi una forma.

—Tenía rostro.

—No lo recuerdo.

—Estaba a medio metro.

—No lo recuerdo, Noa.

Su miedo no era a la aparición. Era a la ausencia inmediata del recuerdo.

Revisamos la cámara. Había un archivo cuarenta y ocho: una fotografía mía mirando el espacio vacío. En el reflejo de la pileta, la muchacha estaba detrás de mí.




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