El sonido de las cuchillas rozando el hielo llenaba la pista vacía.
Shhh… shhh… shhh…
Marín avanzaba lentamente, concentrada en cada movimiento.
Tenía dieciséis años, el cabello recogido en una coleta y las manos cubiertas por unos guantes negros. Frente a ella, la pista parecía interminable.
En unas horas tendría una de las competencias más importantes de su vida.
Y todavía no conseguía dominar el salto que necesitaba para ganar.
—Otra vez —murmuró.
Respiró profundamente.
Flexionó las rodillas.
Tomó impulso.
Uno.
Dos.
Tres.
Saltó.
Giró en el aire.
Pero al intentar aterrizar, perdió el equilibrio.
—¡Ah!
Cayó sobre el hielo.
El golpe hizo que durante unos segundos no quisiera moverse.
Miró hacia el techo.
Las luces parecían demasiado brillantes.
Sintió un nudo en la garganta.
—No puedo hacerlo…
Se incorporó lentamente y se quitó un guante.
Una lágrima cayó sobre el hielo.
Marín rápidamente se la limpió.
—No voy a llorar.
Se puso de pie otra vez.
Entonces escuchó una voz desde las gradas.
—Si sigues intentando de la misma manera, vas a seguir cayendo.
Marín se quedó inmóvil.
Giró lentamente la cabeza.
Había un chico sentado en las gradas.
Parecía tener aproximadamente su edad. Llevaba una chaqueta oscura y unos patines antiguos colgados de una mano.
Marín frunció el ceño.
—¿Quién eres?
El chico se levantó.
—Alguien que sabe lo difícil que es ese salto.
—¿Y tú sabes hacerlo?
Él sonrió.
—Sí.
Marín cruzó los brazos.
—Entonces demuéstramelo.
El chico dejó los patines en el suelo.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Él se los puso y entró en la pista.
Marín observó cada movimiento.
El chico tomó impulso.
Saltó.
Giró en el aire.
Y aterrizó perfectamente.
Marín abrió los ojos.
No podía creerlo.
—¿Cómo…?
El chico se acercó.
—Tu problema no es el salto.
—¿Entonces qué?
Él la miró directamente.
—No confías en ti misma.
Marín sintió que aquellas palabras le dolían más que cualquier caída.
—No sabes nada de mí.
—Tal vez.
El chico tomó sus patines y comenzó a marcharse.
—Mañana tienes una competencia.
Marín se quedó sorprendida.
—¿Cómo sabes eso?
Él se detuvo junto a la puerta.
Sonrió.
—Porque voy a estar ahí.
Y desapareció.
Marín permaneció sola en la pista.
Por primera vez, no estaba pensando en la competencia.
Solo podía pensar en una pregunta:
¿Quién era aquel chico?
Y, sin saberlo, acababa de conocer a la persona que cambiaría su vida para siempre.
¿QUIEN SERA ESE CHICO? Y QUE SECRETO GUARDA.