Durante varios segundos, nadie dijo una palabra.
La mujer permanecía justo a la entrada de la pista, observando a Adrián con una expresión seria.
Marín miró a uno y luego al otro.
—¿La conoces? —preguntó en voz baja.
Adrián no respondió.
—Adrián…
—Sí —dijo finalmente—. La conozco.
La mujer dio otro paso hacia ellos.
—Han pasado casi tres años.
Adrián apretó la mandíbula.
—No quiero hablar contigo.
—Pues tendrás que hacerlo.
—No.
La mujer suspiró.
—Sigues huyendo.
Aquellas palabras hicieron que Adrián levantara la mirada.
—¿Huyendo? ¿Tú me hablas de huir?
Marín sintió que la tensión aumentaba.
—¿Qué está pasando? —preguntó.
La mujer la miró por primera vez.
—Tú debes ser Marín.
Marín se sorprendió.
—¿Cómo sabe mi nombre?
La mujer no respondió inmediatamente.
—Me llamo Clara.
Adrián soltó una risa amarga.
—La entrenadora Clara.
Marín recordó haber escuchado aquel nombre alguna vez.
Clara había sido una de las entrenadoras juveniles más reconocidas de la ciudad.
Pero había algo extraño en la forma en que Adrián pronunciaba su nombre.
Como si detrás de aquellas dos palabras existieran años de dolor.
—¿Por qué está aquí? —preguntó Marín.
Clara miró a Adrián.
—Porque mañana hay una competencia.
Adrián frunció el ceño.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
—Mucho.
Clara sacó un sobre de su bolso.
—Quiero que vuelvas.
Adrián negó inmediatamente.
—No.
—Ni siquiera has escuchado lo que tengo que decir.
—No necesito hacerlo.
Clara dejó el sobre sobre una de las bancas.
—Léelo.
Adrián no se movió.
—Después de eso decidirás.
Clara se dio la vuelta.
Antes de salir, miró a Marín.
—Y tú deberías tener cuidado.
Marín frunció el ceño.
—¿Con qué?
Clara observó a Adrián.
—Con las personas que te prometen que pueden ayudarte a cumplir tus sueños.
La puerta se cerró.
Marín permaneció quieta.
—¿Qué quiso decir con eso?
Adrián tomó el sobre.
—No lo sé.
—Estás mintiendo.
Él la miró.
—No quiero hablar de esto.
—Está bien.
Marín recogió su mochila.
—Entonces no hablaremos.
Adrián pareció sorprendido.
—¿Te vas?
—Sí.
—Pensé que querías practicar.
Marín se detuvo.
—Quería.
Miró el sobre que él sostenía.
—Pero creo que tienes cosas más importantes que resolver.
Adrián bajó la mirada.
—Marín…
—Nos vemos mañana.
Ella salió de la pista.
Pero mientras caminaba hacia su casa, no podía dejar de pensar en las palabras de Clara.
“Deberías tener cuidado.”
Aquella noche, Adrián abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
Era de él.
Tenía trece años.
Estaba sobre una pista de hielo junto a otro patinador.
En la parte posterior de la fotografía había una frase escrita:
“Tú sabes lo que realmente ocurrió.”
Adrián sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Había cosas del pasado que había intentado olvidar.
Y alguien acababa de obligarlo a recordarlas.