El silencio que siguió fue aterrador.
Marín continuaba mirando la fotografía.
Aquellos patines.
Estaba segura de haberlos visto antes.
No sabía dónde.
No sabía cuándo.
Pero los reconocía.
—Tenemos que irnos —dijo Adrián.
—¿A dónde?
—A un lugar donde podamos hablar sin que nadie nos escuche.
Marín guardó la fotografía.
—No pienso irme hasta saber quién es.
Adrián la miró seriamente.
—Si esa persona realmente regresó, quedarse aquí es lo peor que podemos hacer.
Valeria asintió.
—Adrián tiene razón.
Marín respiró profundamente.
—Está bien.
Los tres comenzaron a caminar hacia la salida.
Pero Clara permaneció atrás.
Marín se detuvo.
—¿No vienes?
Clara negó lentamente.
—Tengo algo que hacer.
—¿Qué cosa?
Clara miró hacia la pista vacía.
—Encontrar a alguien.
—¿A quién?
Clara no respondió.
Antes de que Marín pudiera insistir, Elena apareció junto a ella.
—Yo me quedaré con Clara.
Marín las observó con desconfianza.
—No me están contando todo.
Elena bajó la mirada.
—Todavía no.
—Pues espero que algún día lo hagan.
Marín salió del edificio junto a Adrián y Valeria.
El aire frío de la noche golpeó su rostro.
Por unos segundos nadie habló.
Hasta que Valeria rompió el silencio.
—¿Creen que nos está siguiendo?
Adrián miró hacia el estacionamiento.
—No lo sé.
Marín sintió que alguien los observaba.
Se giró.
Nada.
Solo algunos vehículos estacionados y las luces de la calle.
—Marín —dijo Adrián—, ¿qué recuerdas exactamente de aquella noche?
Ella cerró los ojos.
Intentó concentrarse.
La música.
Las luces.
El hielo.
Un niño.
Una puerta.
Y aquellos patines.
—Recuerdo que estaba detrás de una puerta.
—¿Quién?
—El hombre.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué más?
Marín apretó los ojos.
—Creo que habló conmigo.
—¿Qué te dijo?
Ella respiró lentamente.
Entonces apareció otra imagen.
Un hombre agachado frente a ella.
No podía verle el rostro.
Pero escuchaba claramente su voz.
“Si alguien te pregunta, no viste nada.”
Marín abrió los ojos.
—Me dijo que no contara lo que había visto.
Adrián se quedó pálido.
—¿Qué viste?
—No lo sé.
—Marín, intenta recordar.
Ella negó con la cabeza.
—No puedo.
De repente, un automóvil pasó lentamente frente a ellos.
Los tres guardaron silencio.
El vehículo continuó avanzando y desapareció en la siguiente esquina.
Valeria soltó el aire.
—Creo que estoy empezando a arrepentirme de haberme metido en esto.
Marín sonrió débilmente.
—Yo también.
Adrián las miró.
—Entonces deberíamos separarnos.
Marín lo miró sorprendida.
—¿Qué?
—Si esa persona está buscando la fotografía, será más difícil que nos encuentre juntos.
—No.
Marín negó con la cabeza.
—No voy a separarme ahora.
Adrián sonrió ligeramente.
—Sabía que dirías eso.
Valeria levantó una ceja.
—¿Y ahora qué hacemos?