MarÍn

Capítulo 12: Lo que mi madre nunca me contó

El amanecer comenzaba a iluminar lentamente las calles.

Marín seguía dentro del automóvil de Adrián, mirando por la ventana sin decir una palabra.

Habían salido de la antigua pista hacía pocos minutos, pero su mente seguía atrapada en aquella habitación.

La grabación.

La voz de su padre.

La frase.

«No voy a permitir que vuelvas a acercarte a mi hija.»

Y ahora había una pregunta que no dejaba de repetirse:

¿De quién estaba protegiéndola?

Adrián conducía en silencio.

Finalmente, Marín rompió el silencio.

—Tenemos que hablar con mi madre.

—Sí.

—Pero no quiero que sepa que vimos el video.

Adrián la miró de reojo.

—¿Por qué?

—Porque si ella está involucrada, necesitamos saber cuánto conoce antes de contarle lo que descubrimos.

Adrián asintió.

—Tienes razón.

Marín miró su teléfono.

Tenía siete llamadas perdidas de su madre.

Y un mensaje.

Mamá: “Marín, por favor, vuelve a casa. Tenemos que hablar.”

Marín sintió un escalofrío.

—Ella ya sabe que descubrimos algo.

—¿Cómo?

—No lo sé.

Adrián redujo la velocidad.

—Entonces tenemos que tener cuidado.

Marín guardó el teléfono.

—No quiero tener cuidado.

—¿Qué quieres?

Ella respiró profundamente.

—Quiero la verdad.

Cuando llegaron a casa, la puerta estaba abierta.

Marín bajó del automóvil inmediatamente.

—Esto no estaba así.

Adrián salió detrás de ella.

—Quédate conmigo.

Entraron.

La casa estaba completamente silenciosa.

—¿Mamá?

Nadie respondió.

Marín recorrió la sala.

Los muebles estaban en su lugar.

No parecía haber señales de que alguien hubiera entrado.

Entonces vio algo sobre la mesa.

Una fotografía.

La tomó.

Era una imagen de su madre y su padre diez años atrás.

Pero detrás de ellos aparecía alguien más.

Marín acercó la fotografía a su rostro.

—Es él…

Adrián se acercó.

—¿Gabriel?

Marín negó lentamente.

—No.

Señaló el rostro.

—Es el hombre que estaba detrás de mí en el video.

Adrián observó la fotografía.

—Entonces no era una coincidencia.

De repente, escucharon un ruido en el piso superior.

Marín levantó la mirada.

—Mamá.

Subió rápidamente las escaleras.

—¡Mamá!

La encontró en su habitación, sentada al borde de la cama.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Marín…

—¿Dónde está papá?

Su madre bajó la mirada.

—No lo sé.

—¡Mamá!

—Te juro que no lo sé.

Marín sintió que la rabia comenzaba a crecer.

—¡Entonces dime la verdad!

Su madre permaneció en silencio.

—Diez años —continuó Marín—. Diez años diciéndome que no pasó nada. Que el accidente fue simplemente eso… un accidente.

Su madre cerró los ojos.

—Yo quería protegerte.

—Todos dicen lo mismo.

Marín dejó caer la fotografía sobre la cama.

—Papá estaba allí.

Su madre palideció.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque lo vi.

—¿Dónde?

Marín no respondió.

Su madre se levantó lentamente.

—¿Encontraste el archivo?

Marín se quedó inmóvil.

Adrián también.

—¿Cómo sabes del archivo? —preguntó Marín.

Su madre comprendió que ya no podía seguir ocultándolo.



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En el texto hay: drama, patinaje, rivalidad y superación.

Editado: 28.08.2026

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