Marín no podía apartar los ojos de la pantalla.
La imagen congelada mostraba aquella figura al fondo de las gradas.
Un hombre.
El mismo que había visto en la antigua pista.
El mismo que, según todos, había muerto diez años atrás.
—No puede ser —susurró Adrián.
Marín giró lentamente hacia él.
—Tú dijiste que Gabriel murió.
—Porque eso fue lo que me dijeron.
—¿Quién?
Adrián no respondió inmediatamente.
—Mi antigua entrenadora… el director… todos hablaban de él como si hubiera muerto aquella noche.
Marín volvió a mirar la pantalla.
—Entonces alguien nos mintió.
—Sí.
—¿Pero por qué?
Adrián se acercó a la computadora y retrocedió el video unos segundos.
La imagen volvió a reproducirse.
Marín apareció sobre el hielo.
Su padre estaba a pocos metros.
Elena hablaba con él.
Y detrás de las gradas…
la figura.
Adrián pausó nuevamente la imagen.
—Mira.
—¿Qué?
Amplió la imagen.
La figura llevaba algo en la mano.
Marín entrecerró los ojos.
—¿Es una cámara?
—No.
Adrián señaló el objeto.
—Parece una grabadora.
Marín sintió un escalofrío.
—La grabación original.
Adrián la miró.
—Tal vez Gabriel la tenía.
—Y por eso mi padre quería impedir que se acercara a mí.
Marín tomó aire.
—Tenemos que encontrar a Clara.
Salieron de la habitación.
La madre de Marín seguía abajo, hablando con los agentes.
Marín se acercó.
—Mamá.
Su madre levantó la mirada.
—¿Qué pasó?
Marín dudó.
No podía contarle todo.
Todavía no.
—Voy a salir con Adrián.
Su madre se levantó inmediatamente.
—¿A dónde?
—A buscar a Clara.
La expresión de su madre cambió.
—No.
Marín se sorprendió.
—¿Por qué?
—Porque no sabes quién es realmente Clara.
—¿Tú sí?
Su madre guardó silencio.
Marín dio un paso hacia ella.
—Mamá, necesito saberlo.
—Clara estuvo allí aquella noche.
—Eso ya lo sé.
—No sabes toda la historia.
—Entonces cuéntamela.
Su madre bajó la mirada.
—No puedo.
Marín sintió que la frustración la invadía.
—¡Todos me dicen lo mismo!
Los agentes que estaban cerca se giraron.
Marín respiró profundamente.
—Diez años me han ocultado cosas. Primero papá. Después tú. Elena. Clara. Incluso Adrián.
Él la miró.
—Marín…
—No —lo interrumpió—. Esta vez quiero respuestas.
Su madre se acercó lentamente.
—Si buscas a Clara, ten cuidado.
—¿Por qué?
—Porque ella no es la persona que crees.
Marín frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Su madre no respondió.
Marín tomó su chaqueta.
—Voy a encontrarla.
Antes de salir, su madre la llamó.
—Marín.
Ella se giró.
Su madre parecía aterrada.
—Si Clara te pregunta por la noche del accidente…
Hizo una pausa.
—No le digas que recuerdas la caída.
Marín sintió un escalofrío.
—¿Qué caída?
Su madre cerró los ojos.
—La que te hizo olvidar todo.
El automóvil avanzaba por una carretera casi vacía.
Adrián conducía.