MarÍn

Capítulo 16: La mujer que sobrevivió

La luz se apagó.

Marta permaneció inmóvil.

No podía ver el rostro de la persona que estaba frente a ella, pero reconocía su voz.

La había escuchado diez años atrás.

La había escuchado la noche del accidente.

—No puede ser… —susurró.

La sombra dio otro paso.

—Creíste que podías esconderte para siempre.

Marta retrocedió.

—¿Cómo me encontraste?

—Nunca dejé de buscarte.

Marta apretó la vieja llave que sostenía entre los dedos.

—¿Qué quieres?

La persona soltó una pequeña risa.

—Lo mismo que quería hace diez años.

—La grabación…

—Y ahora también quiero a Marín.

Marta levantó la mirada.

—No voy a permitir que te acerques a ella.

—Ya lo hiciste por mí.

Marta frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

La sombra se acercó.

—Marín está siguiendo todas las pistas que dejamos.

Marta comprendió.

—La fotografía…

—La pulsera.

—Los mensajes.

—Todo.

Marta sintió que el miedo recorría su cuerpo.

—Entonces fuiste tú quien la guió hasta aquí.

—Sí.

—¿Por qué?

La persona guardó silencio durante unos segundos.

—Porque necesitaba saber cuánto recordaba.

Marta apretó los puños.

—Ahora recuerda demasiado.

—Exactamente.

La luz volvió a encenderse.

Pero la habitación estaba vacía.

Marta miró hacia la puerta.

Había desaparecido.

Solo quedaba una nota sobre la mesa.

La tomó.

Solo había una frase:

«El próximo recuerdo será el último.»

Marta sintió un escalofrío.

—Marín…

---

Mientras tanto, Marín y Adrián viajaban hacia el antiguo centro de rehabilitación Santa Elena.

El cielo comenzaba a oscurecerse.

Durante varios minutos ninguno habló.

Marín seguía observando la fotografía.

—Hay algo que no entiendo.

—¿Qué?

—Si Marta sobrevivió, ¿por qué fingieron que murió?

Adrián mantuvo la mirada en la carretera.

—Quizás necesitaban que todos creyeran que había desaparecido.

—¿Para protegerla?

—O para proteger a alguien de ella.

Marín lo miró.

—¿Crees que Marta puede ser la responsable?

Adrián tardó en responder.

—No lo sé.

—Pero tú la conocías.

—La vi algunas veces cuando era niño.

—¿Cómo era?

Adrián pensó unos segundos.

—Era amable contigo.

Marín bajó la mirada.

—Entonces, ¿por qué tengo la sensación de que todos me están ocultando algo sobre ella?

Adrián no respondió.

El automóvil continuó avanzando.

Hasta que finalmente apareció frente a ellos un enorme edificio abandonado.

El cartel oxidado apenas podía leerse:

CENTRO DE REHABILITACIÓN SANTA ELENA.

Marín sintió un escalofrío.

—Es aquí.

Adrián estacionó.

Ambos bajaron.

El lugar estaba rodeado de árboles y maleza.

Las ventanas estaban rotas.

La puerta principal permanecía entreabierta.

—Esto parece abandonado desde hace años —dijo Adrián.

Marín apretó la fotografía.

—Pero alguien estuvo aquí recientemente.

—¿Cómo lo sabes?

Ella señaló el suelo.

Había huellas.

Frescas.

Adrián se agachó.

—Tienes razón.

Marín respiró profundamente.

—Entremos.

---

El interior olía a humedad.

Las paredes estaban cubiertas de fotografías antiguas.

Marín caminó lentamente por el pasillo.

De repente se detuvo.

—Adrián…

—¿Qué?

Señaló una fotografía.

Era una imagen de varios niños.

Entre ellos estaba ella.

Con seis años.

Y a su lado estaba Marta.

Marín se acercó.

Debajo de la fotografía había una fecha:

12 de noviembre de 2016.

La misma fecha del accidente.

—¿Qué hacía yo aquí?

Adrián observó la fotografía.

—Quizás este lugar era parte del programa de entrenamiento.

—No.

Marín negó.

—Hay algo más.

En la esquina de la fotografía aparecía un símbolo.

Una estrella.

El mismo símbolo de la pulsera.

Marín tocó la imagen.

Y entonces…

recordó.

Una habitación.

Una mesa.

Su padre sentado frente a Marta.

Elena estaba de pie junto a ellos.

Y Gabriel cerraba la puerta.

Marín escuchó la conversación.

—No podemos seguir con esto —decía su padre.

Marta respondió:

—Ya es demasiado tarde.

—Ella es una niña.

—Precisamente por eso.

Gabriel intervino:

—Si recuerda lo que vio, todo terminará.

Marín abrió los ojos.

—¡Lo recuerdo!

Adrián se acercó rápidamente.

—¿Qué viste?

—A mi padre, Marta, Elena y Gabriel.

—¿Qué hablaban?

Marín respiró agitadamente.

—Hablaban de mí.

—¿Qué decían?

—Que yo había visto algo.

Adrián se quedó inmóvil.

—¿Qué viste?

Marín negó.

—Todavía no lo recuerdo.

Entonces escucharon un ruido.

Pasos.

Alguien caminaba por el piso superior.

Adrián levantó la mirada.

—No estamos solos.

Marín tomó su teléfono.

—¿Llamamos a la policía?

Antes de que pudiera marcar, su teléfono vibró.

Un mensaje.

«No llames a nadie.»

Marín palideció.

Llegó otro.

«Sube al segundo piso.»

Adrián negó.

—No vamos a seguir sus instrucciones.

Marín lo miró.

—Tenemos que hacerlo.

—¿Por qué?

Ella levantó la fotografía.

—Porque aquí están las respuestas.

Subieron lentamente.

Cada escalón producía un crujido.

Al llegar al segundo piso encontraron un pasillo largo.

Al final había una puerta.

Sobre ella aparecía el símbolo de una estrella.

Marín se acercó.

La puerta estaba cerrada.

Adrián intentó abrirla.

Nada.

Marín recordó la llave que había encontrado anteriormente.

La sacó de su bolsillo.



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En el texto hay: drama, patinaje, rivalidad y superación.

Editado: 28.08.2026

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