MarÍn

Capítulo 18: El lugar donde todo comenzó

El túnel parecía no tener fin.

Marín caminaba rápidamente detrás de Gabriel, mientras Adrián iba a su lado y Marta y su madre los seguían unos pasos atrás.

El sonido de los pasos que los perseguían se hacía cada vez más fuerte.

Tac.
Tac.
Tac.

—Van a alcanzarnos —susurró Marta.

Gabriel no se detuvo.

—Todavía no.

—¿Cuánto falta? —preguntó Adrián.

—Poco.

Marín miró hacia atrás.

La oscuridad del túnel parecía moverse.

—¿Quién nos sigue?

Gabriel respondió sin girarse.

—Los hombres que llevan diez años buscando la grabación.

—¿Y quién los manda?

Gabriel guardó silencio.

Marín comprendió que todavía había algo que no quería contarle.

—Gabriel.

Él se detuvo.

—¿Qué?

—¿Quién es realmente la persona que provocó el accidente?

Gabriel la miró directamente.

—Ya conoces su rostro.

—Quiero su nombre.

Gabriel respiró profundamente.

—Lo tendrás. Pero primero tenemos que encontrar a tu padre.

Marín apretó los puños.

—Siempre hay algo antes de la verdad.

Adrián intervino.

—Marín, tenemos que seguir.

Ella asintió.

Continuaron avanzando.

Finalmente llegaron a una escalera de metal.

Gabriel subió primero y empujó una vieja tapa.

La luz de la noche entró por la abertura.

—Salgan.

Marín salió.

Se quedó inmóvil.

Reconoció inmediatamente el lugar.

La antigua pista.

La misma donde había ocurrido el accidente.

La misma donde había patinado por primera vez.

La misma que llevaba diez años apareciendo en sus pesadillas.

—Estamos aquí…

Gabriel salió detrás de ella.

—Sí.

Marín observó el edificio abandonado.

—¿Dónde está mi padre?

Su madre señaló hacia el interior.

—En algún lugar de esta pista.

Marín sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Está aquí desde hace diez años?

Su madre negó.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

Marta respondió:

—Tu padre estuvo escondido durante años. Pero regresó hace poco.

Marín frunció el ceño.

—¿Por qué?

Gabriel sacó la grabadora.

—Porque sabía que alguien comenzaría a buscarte nuevamente.

Marín miró el aparato.

—¿Y por qué no vino a verme?

Su madre bajó la mirada.

—Porque si se acercaba a ti, te ponía en peligro.

Marín sintió que las lágrimas aparecían en sus ojos.

—Todos dicen lo mismo.

Una voz respondió desde la oscuridad.

—Porque es verdad.

Marín se quedó paralizada.

Conocía aquella voz.

Su respiración se detuvo.

—Papá…

Un hombre salió lentamente de entre las sombras.

Julián Herrera.

Su padre.

Marín no pudo moverse.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Diez años.

Diez años imaginando aquel momento.

Diez años preguntándose dónde estaba.

Y ahora estaba frente a ella.

Vivo.

Marín comenzó a llorar.

—Papá…

Julián dio un paso hacia ella.

—Marín.

Ella corrió hacia él.

Lo abrazó con todas sus fuerzas.

Julián cerró los ojos y la sostuvo.

—Perdóname.

Marín lloraba contra su pecho.

—¿Por qué me dejaste?

—Porque tenía que mantenerte a salvo.

—¡Tenías que estar conmigo!

Julián bajó la cabeza.

—Lo sé.

Marín se apartó.

—Me mentiste.

—Sí.

—Todos me mintieron.

Julián miró a Marta, a Elena y a Gabriel.

—Lo hicimos porque no teníamos otra opción.

Marín negó.

—Siempre hay otra opción.

Julián guardó silencio.

Entonces Marín recordó algo.

—La grabación.

Julián miró a Gabriel.

—¿La tienes?

Gabriel levantó la grabadora.

—Sí.

Julián cerró los ojos.

—Entonces ya no podemos ocultarlo.

Marín frunció el ceño.

—¿Ocultar qué?

Julián se acercó a ella.

—La verdad completa.

Antes de continuar, un ruido se escuchó dentro de la pista.

Todos se giraron.

¡CLANG!

Una puerta metálica se cerró.

Adrián miró hacia la entrada.

—Están aquí.

Gabriel tomó la carpeta.

—Tenemos que movernos.

Julián negó.

—No.

Todos lo miraron.

—Esta vez no voy a huir.

Marín lo observó sorprendida.

—Papá…

Julián tomó aire.

—Hace diez años, yo huí porque pensé que era la única manera de protegerte.

Miró hacia la entrada.

—Esta vez voy a enfrentarme a ellos.

Marta se acercó.

—Julián, no sabes cuántos son.

—No importa.

Julián miró a Marín.

—Ella merece saber la verdad.

Entonces una figura apareció en la entrada.

Marín reconoció el rostro.

Era la persona que había estado detrás de todo.

La misma persona que había ordenado el accidente.

La misma persona que había manipulado los recuerdos.

Y la misma persona que había intentado separar a Marín de su padre.

Sonrió.

—Qué reunión tan familiar.

Marín dio un paso hacia adelante.

—Tú.

La persona la miró.

—Finalmente recuerdas.

Julián se colocó delante de su hija.

—No vuelvas a acercarte a ella.

La persona soltó una pequeña risa.

—Sigues diciendo lo mismo después de diez años.

Marín miró a su padre.

—¿Qué pasó aquella noche?

Julián respondió sin apartar la mirada del enemigo.

—Descubrí que el Proyecto Estrella estaba utilizando a los niños para algo mucho más peligroso de lo que imaginábamos.

—¿Qué cosa?

—Querían controlar lo que recordaban.

Marín sintió un escalofrío.

—¿Controlar recuerdos?

—Sí.

Marta intervino.

—No podían borrar completamente la memoria.

Gabriel continuó:

—Pero podían manipularla. Crear confusión. Provocar bloqueos. Hacer que una persona dudara de lo que había visto.

Marín recordó su caída.



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En el texto hay: drama, patinaje, rivalidad y superación.

Editado: 28.08.2026

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