Mariposa en Cautiverio

CAP I. CAUTIVERIO

Los pasos corriendo se escuchaban por todo el cuarto. Las miradas de asombro e intriga recorrían el lugar, la incertidumbre de todos por saber: ¿a dónde fue?

Pero solo una persona estaba tranquila en todo ese alboroto, una que no duraría tanto, pues sus puños cerrados y sus pupilas dilatadas detonaban lo furiosa que estaba.

Y en ese espacio, en donde solo estaban las sirvientas buscando por todo el lugar, se escuchó un nombre tan fuerte que resonó por toda la casa.

—¡LUNNETHE! ¿Dónde demonios te metiste, niña ingrata?

—Cállate, Luna, no empieces a alterar a la servidumbre. Sabes que son serpientes que solo buscan de qué alimentarse.

—Me importa un carajo, Yorn. Nuestra hija se fugó a quién sabe dónde cuando su maldita boda es dentro de tres días —gritó mientras sus manos indicaban a las personas que salieran de aquella habitación—. ¿Sabes lo que pasará cuando la prensa se entere? Una hija que prefiere huir que casarse. Nos van a hundir, Yorn. Seremos la burla de toda la ciudad. Nos verán como a todos los ricos.

—¿Y cómo los ven? —preguntó de manera genuina.

—Como monstruos que obligan a sus hijos a casarse sin amor solo por el maldito dinero.

—¿Y eso no es lo que hicimos, querida?

—Cállate, Yorn, porque si no todo mi enojo será para ti —espetó antes de salir a pasos apresurados y ruidosos.

《Lunnethe, ¿a dónde rayos fuiste?》

Fue la primera vez que todos en esa casa tuvieron el mismo pensamiento.

Mientras el caos inundaba la mansión, no muy lejos de ahí, en la ciudad C, un joven muy estresado por la universidad se comía el cerebro por terminar los cincuenta diseños que le habían pedido.

—Maldita sea, no voy a acabar.

—Layl, ¿sigues despierto?

—Sí, ocupo terminar el trabajo del profesor Sincar o me va a matar en la próxima clase.

—Oh, vamos, eres al único que le pidió ese trabajo extra. Deberías relajarte. No creo que te haga nada por no acabarlo a tiempo.

Solté los colores y giré mi cabeza para ver a mi gran amigo comiendo una bolsa de Sabritas, justo cuando estoy a dieta.

《Te odio, Ciro.》

—Me lo dejó porque tiene muchas expectativas en mí, no como a otros.

—Bueno, si tener expectativas en mí me diera más trabajos, lo siento, pero paso.

Terminó la frase para recostarse y ponerse los audífonos para ver su décima serie de la semana, que obviamente no terminaría porque ninguna podría cumplir sus muy grandes estándares.

Pero muy en el fondo tenía razón. Me gustaba que los profesores vieran en mí un gran futuro, pero, rayos, era demasiado. A este paso, mi gran futuro se reduciría a una lápida en donde escribirían que morí por falta de sueño y tendría una joroba tan grande que me tendrían que poner de lado.

Estupendo.

Mientras me disponía a continuar con esta tortura, mi celular vibró con una notificación de mi padre, corta pero que denotaba la urgencia.

19/Ago/xx

Layl, empaca tus cosas. Regresarás a la mansión familiar, ya he hablado con la escuela.

Y eso era todo.

《¿Qué demonios?》

Me quedé mirando el mensaje. No sé qué habría pasado, pero para que mi padre me mandara ese mensaje debía ser algo grande. Antes de responderle, ocupaba respuestas y sabía quién, en esa deprimente mansión, podría dármelas.

19/Ago/xx

Lunn, hermanita, ¿sabes qué sucede? Padre me acaba de enviar un mensaje. Sí, como leíste, un mensaje 😰. Algo terrible debió ocurrir. ¿Sabes algo?

Esperé su respuesta, pero no llegó nada… nada. Rayos, ¿qué había pasado que hasta mi hermana me dejaba de responder?

Le respondí a mi padre y empecé a empacar mis cosas, no tanto, pues tendría que regresar y, de igual manera, había dejado cosas en la mansión.

—¿Qué haces?

—Empaco. Mi padre me mandó un mensaje. Me ocupan en la mansión, mañana me voy.

—¿Te mandó un mensaje? —preguntó con asombro.

—Sí, así que no voy a renegar. Debe ser algo malo.

—Mmm, ¿así que me vas a dejar?

—Ni empieces. Mi padre ya avisó y solo seré yo, nadie más.

—Tu padre sabe que somos como un ácaro y la almohada obviamente también sacó un pase para mí —respondió, levantándose de su cama y empezando a hacer su maleta también.

—Ciro…

—Si no me crees, pregúntale. Tú no me vas a dejar solo en este infierno por no sé cuánto tiempo. No me hacen bullying solo porque me defiendes. Sin ti me van a usar como saco de boxeo, Layl —juntó sus manos en modo de súplica—. Por favor, déjame ir.

—Mira, hagamos esto. Me iré mañana y mañana mismo hablo con mi padre para que te saque a ti también, ¿sí?

La verdad era que no quería llevarlo a una escena en donde no sabría qué podría pasar. No quería que me viera de manera lamentable si era algo muy triste.

O al final Luna había logrado lavarle el cerebro a mi padre y ya me iban a desheredar. Tampoco me gustaría que Ciro viera eso.

Así que iría, absorbería lo que fuera que me dijeran y luego, si no era tan malo, pediría que Ciro viniera.

—Bien, pero prométemelo. Volverás por tu amigo vagabundo.

—Lo prometo.

Juntamos nuestros meñiques y después continué metiendo mis cosas a la maleta.

No pude dormir. Estaba repasando todo lo que había salido en las noticias de mi familia. Tal vez me daban una pista de lo que estaba sucediendo, pero no había mucha información, pues todo era sobre la gran y lujosa boda de mi hermana con el emo de Flosborth, así que no tenía mucho con qué deducir algo.

Mi alarma sonó y, en un santiamén, ya estaba subiéndome al auto de mi familia, negro como el alma de todos ellos, menos Lunn. Ella sí era de un color más naranja, como una mariposa monarca.

Antes de irme le dejé los 47 diseños que pude completar a Ciro y le dije que se los entregara al profe, junto con una nota de disculpas por no poder terminar los 50. Pero en las últimas hojas estaban unos bocetos que podrían ser los últimos tres diseños. No eran los mejores vestidos, pero eran algo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.