Mariposa en Cautiverio

CAP I.I CAUTIVERIO

El tiempo pasó sin esperarme. La ropa que me quitaban y ponían, posando para fotos con escenarios en donde nunca estuve.

El frío penetró mi piel con el traje de baño que me pusieron. La arena falsa en mis pies me picaba, y la sonrisa de Esyor que ponía para las cámaras, sus ojos que me miraban como si fuera lo más bello del mundo, me hacían tragar saliva.

Podía escuchar los regaños de mi padre por no poder poner una cara de inmenso enamoramiento, pero en este momento sentía que nada era real, que no era yo, que todo era una pesadilla de la que pronto despertaría y miraría a mi mejor amigo comiendo como siempre.

Pero eso no pasó y, en su lugar, me hicieron cambiar de ropa otra vez, y la escenografía pasó de un día soleado de playa a un día nevado.

Quería vomitar. Quería gritar. Quería llorar.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que pagar por lo que hizo mi querida hermana? La apreciaba, pero esto, fingir algo que no soy para salvar las apariencias de mi familia, era demasiado.

Estaba decidido a arruinar todo este teatro. Me lo había dicho en cuanto me hicieron posar para la primera foto, pero mi cuerpo parecía no reaccionar a la furia dentro de mí. Me sentía tan miserable por no poder ser yo. ¿Por qué no detenía toda esta farsa? Les gritaba en la cara que me importaba una mierda su reputación y me largaba de allí.

No… tenía que tener un ataque de pánico, sin poder respirar, sin poder reaccionar.

Seguramente tendrían que usar mucho Photoshop para corregir mi cara de susto en todas las fotos. Eso era lo único que no me hacía desmayar.

Un fuerte apretón me hizo reaccionar. Volteé lo más rápido que mi desgracia me permitió.

—Deja de poner esa cara. Así nadie creerá que somos pareja.

—Bueno, disculpa por no tener el don de ser un falso como otros.

Quité su mano de mi cintura con todas mis fuerzas.

No sirvió de nada. Su mano seguía donde mismo.

—Debo admitir que soy muy bueno. Tal vez en otra vida fui actor, ¿no lo crees?

—Más bien fuiste un maldito prestamista, con tus dotes para engañar a la gente.

—Mmm, tal vez, pero ahora estoy aquí y tengo que demostrar que te amo tanto que luché con mi familia por ti.

Su sonrisa se ensanchó cuando la luz del flash iluminó nuestros rostros.

—No lo tomes personal, solo… bueno, serás mi esposo. No será tan malo.

—El problema es que no quiero ser el esposo de nadie. Solo quiero volver a la universidad y tener mis problemas universitarios, no estar aquí tomando fotos de una vida que no tuve y nunca tendré.

Me quité la bufanda, dando sacudidas, para salir de ahí. Ocupaba aire, ocupaba oxígeno, necesitaba salir.

El silencio de la noche abrazó mi cuerpo y fue reconfortante, hasta que escuché unos pasos acercándose a mí.

—Tienes que regresar. Tu padre está furioso por esta muy inútil rabieta tuya.

—Cállate, Esyor. Solo cállate y déjame aquí.

Por primera vez desde que había llegado a mi casa, lo miré detenidamente.

—No sé cómo no te puede importar todo eso. No sé cómo actúas como si fuera lo más normal del mundo que te vayas a casar con el hermano de tu prometida.

—Hermanastro —corrigió—. Y no es como que me haya importado mucho Lunnethe. Ella siempre fue muy irresponsable. La verdad, me sorprendió que durara tanto tiempo siendo mi prometida. Con lo inútil que era, no faltaba mucho para que mi abuelo la echara.

—No la llames así.

—¿Por qué? Sé que ella pensaba peor de mí y no me estás defendiendo.—rió ligeramente—. El punto, Layl, es que el amor no existía en ese momento y no lo hará ahora.

—¿Qué?

—Como escuchaste, el matrimonio que tendría con ella no será tan diferente al que tendré contigo, así que no me importa mucho.

—Pero el matrimonio es para personas que se aman y quieren pasar el resto de sus vidas juntas, no como una moneda de cambio, no como una farsa.

Mis lágrimas estaban a punto de salir y no era por tristeza, eran por la frustración que se estaba apoderando de mí.

—Bueno, discrepo. En el mundo en el que vivimos, mi querido Layl, el amor no nos lleva muy lejos. En cambio, el dinero y las conexiones sí que nos llevan a la cima.—se acercó sin dejar de ver mis ojos—. Y si quieres que tenga algún sentimiento por ti en este teatro, tal vez te sirva la lujuria. ¿Lo quieres?

—Quiero pura basura de ti, así que apártate de mí o te juro que…

Antes de terminar, fui interrumpido por su mano en mi boca.

—¿O qué? ¿Lucharás con tu padre para no casarte conmigo?

Su mano apretó más fuerte, haciendo que soltara un quejido.

—La verdad, no creo que quieras eso. Creo que quieres este matrimonio, creo que quieres casarte conmigo, porque si no fuera así, ya estaría gritando y haciendo un desorden. Incluso un en vivo contando toda la verdad. Te conozco, Layl.

Le di una fuerte mordida en su mano para que la quitara y vaya que funcionó.

—¿Qué demonios?

Antes de que reaccionara, le di una cachetada que resonó por todo el patio.

—No me conoces, Esyor. No nos conocemos, nunca lo haremos. Y si crees que no he hecho nada no es por ese mundo de fantasía que imaginas, sino porque tengo algo que proteger y sé que mi padre me lo arrebatará si lucho contra él.

Caminé alejándome de él, pero antes de entrar le dije unas últimas palabras:

—Si me vuelves a poner una mano encima, te juro que este matrimonio será un infierno para ti.

No esperé una respuesta y me fui de ahí.

Si dijera que me podría matar en este momento no sería mentira. Ignoré todo y subí las escaleras de dos en dos. Quería llegar lo más rápido posible a mi habitación y llorar todo lo que pudiera en mi almohada.

La verdad es que, por mucho que quisiera gritarle a medio mundo lo que estaba pasando, no podía. Mi padre, mi horrible padre, me odiaba, lo sabía. Desde el momento en que no quise seguir sus pasos, cambió su mirada hacia mí, en el momento en que le rogué que me dejara ir a la carrera de mis sueños y él hizo ese estúpido trato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.