Mariposa en Cautiverio

CAP I.II CAUTIVERIO

Contesté lo más rápido posible. No pude ni decir hola, pues ya había gritos del otro lado.

—¡¿TE VAS A CASAR?! ¡¿LAYL, QUÉ DEMONIOS?! ¿Cómo es posible que no supiera nada?

—Te lo puedo explicar.

—Oh, obviamente me lo tienes que explicar. ¿Cómo es eso de que tienes un romance con ese psicópata? ¿Acaso las veces que chismeamos sobre él y su familia tú estabas en secreto locamente enamorado? ¿Acaso es una de esas historias de odio al amor?

—No, ugh, qué asco. Jamás voy a tener nada con él.

—Entonces dime, ¿qué son todas esas noticias y primeras planas de tu cara con ese sujeto? ¿Y qué onda con esas fotos de viajes? ¿Cuándo has ido? Si te la pasas como una rata siempre dibujando y comprando telas. ¿En qué momento has ido a la playa?

—Bueno, si me dejas hablar, podría.

De repente, antes de seguir hablando, su risa me hizo apartar un poco el celular de mi oreja.

—¿Y qué onda con esa cara de estreñido que tienes en unas fotos? ¿Te sentó algo mal o qué onda?

El tono de burla ya me estaba pasando.

—OK, basta. Déjame explicarte todo.

Su silencio me dio la confianza de seguir.

—Mi hermana se fugó a quién sabe dónde y ahora soy el repuesto para la boda. Me veo así de mal en esas fotos porque es la cara que puse cuando me dijeron todo. El mismo maldito día tomaron esas fotos.

—¿Qué…?

—Sí, así que ahora tengo una prueba de vestuario para una boda de la que no se supone que sería el novio.

—¡¿QUÉ?! ¿Qué está pasando, Layl? ¿Este era el asunto urgente por el que te llamaron?

—Lamentablemente, sí.

《Hubiera preferido que me desheredaran.》

—Diablos… ¿no puedes, no sé, fugarte tú también?

—Sabes por qué no puedo.

—Te dije que era muy mala idea firmar ese contrato que te esclaviza. Tu padre da escalofríos.

—Lo sé, pero ahora esto es lo que hay, y ya decidí que no me importará nada. No me importará la boda, no me importarán las cámaras. Solo me importa terminar la carrera y, en cuanto eso pase, seré libre de toda atadura y podré divorciarme sin tener miedo de lo que mi padre pueda hacer.

—¿En serio crees que tu padre te deje así de fácil?

—Eso espero. Si no, seré un muy amargado esposo de por vida. Le haré la vida de cuadritos a mi padre y, de paso, ¿por qué no a Esyor? Así, muy probablemente, el que pida el divorcio sea él.

—Bueno, ya estoy haciendo mis maletas. Deja un hueco en tu habitación para mis cosas. Llego en un rato.

—¿Vas a venir?

—Obviamente. Mi amigo se está por casar, tengo que estar ahí para grabar tu humillación.

—Te odio.

—Te amo.

El sonido de un muy largo beso me hizo reír un poco.

La llamada finalizó y el silencio me devolvió a la realidad.

Sabía que Ciro actuaba así porque, si no, estaría peor que yo. Él siempre se refugiaba en los chistes para poder sobrellevar las cosas.

Sabía que, si por él fuera, entraría a esta mansión con un machete y, bueno, solo diré que su primera víctima sería mi padre.

Antes de que la poca calma que me dejó esa conversación se esfumara, el fuerte ruido de mi puerta abriéndose dejó ver a mi amada madrastra, Luna.

—¿Qué haces ahí parado? El tiempo se agota, Layl. Tienes que bajar ya, el modista está esperando —me reprochó mientras su tacón tocaba repetidamente el suelo.

Cómo odiaba ese sonido.

—Ya voy.

Fue lo único que le dije y lo único que le importó, pues después de escuchar esa respuesta, salió de ahí con pasos rápidos y furiosos.

La prueba de vestuario fue, cómo decirlo… humillante.

Debo decir que me sorprendió. Ni siquiera “sorprendido”; estupefacto sería la palabra correcta.

Pues en cuanto puse un pie en la sala y vi la cantidad de vestidos que había, quise llorar.

Sí… vestidos.

Ni un solo traje a la vista.

Pensé que era otra forma que tenía Luna de burlarse de mí, pero al ver su cara seria, sabía que no era así. Que estas eran las únicas opciones que tenía.

Que de-mo-ni-os.

Obviamente quise pelear por esta muy grande injusticia, pero justo antes de que pudiera elevar la voz, mi maravilloso padre hizo acto de presencia y esos ojos oscuros y sin vida me cerraron la boca.

Cada vestido era peor que el anterior. Sinceramente, no podría saber cómo habían logrado ver la luz, pero me callé y simplemente miré cómo la mejor opción de Luna era un vestido corte sirena, con tules por todos lados y volantes que me hacían querer vomitar.

—¿Saben qué? Yo podría hacer mi propio vestido si lo permiten —al fin alcé la voz.

Sus miradas acusatorias no tardaron en llegar.

—¿Crees tener tiempo de hacerlo para mañana, niño? ¿Y qué me asegura que harás un vestido y no esos horripilantes trajes?

—Sé lo que quieren. Quieren que parezca una novia cuando obviamente abajo no tengo lo que desearían para este momento, pero en serio no saldré con esas cosas que ni vestidos de novia deberían llamarse.

—Eran vestidos que usaron en mi familia, Layl. Por generaciones se guardaron y tendrás que usar uno de estos, quieras o no.

—Por lo que sé, esos vestidos se heredan a hijas o hijos de sangre y tú y yo no tenemos mucha relación que digamos.

—Me importa un comino, pero tú saldrás frente a todas las cámaras con uno de estos vestidos.

—¿Por qué no mejor me dan algunos vestidos y yo los mejoro? Usaría sus telas, entonces técnicamente estaría usando varias de estas grandes reliquias de tu familia.

—No, así que te quedarás con el que ya elegimos—se quedó pensativa un momento—. Le quedaría estupendo a Lunnethe.

—La verdad, no le quedaría bien a nadie —susurré lo suficientemente alto para que escuchara, pero lo suficientemente bajo para hacerme el idiota.

—De igual forma, es mi decisión y, aunque llores, no me importará. Tu padre me dio el poder de elegir todo sobre esto. Tú solo serás una decoración más en todo el evento—dio un fuerte suspiro y después continuó—. Ambos sabemos que lo único que todos esperan ver es al heredero de Flosborth. Tú solo serás una mancha más en su vida.




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