Mariposa en Cautiverio

CAP II.II LA BODA

—¿Es? Pensé que estabas con tu abuelo.

—Es, pinsi qui istibis con ti ibuili—lo remedé—. Déjate de falsedades y dile lo que estabas a punto de hacerme.

—Qué maduro eres, Layl.

—Vuelve a pronunciar mi nombre y…

—¿Y qué?

—Si me dejaras terminar, sabrías qué, idiota, cerebro de frijol.

—Repítelo.

Lo iba a hacer, en serio, pero Esyor, o mejor dicho, “Es”, se puso delante de mí.

¿Protegiéndome?

—Cállate, Diam, y lárgate de aquí.

Ni de broma se iba a ir ahora así como así.

—No, no, no. ¿Qué diablos? Okey, miren, no estoy en contra de lo que sea que tengan, pero no me van a faltar el respeto de esta manera —respiré hondo—. Ya cambié de opinión. No quiero que te vayas, Dian. Quiero que te arrodilles y me pidas disculpas, al igual que tú, Esyor, o si no haré de esto un problema mayor.

—¿Que me arrodille? ¿Qué crees que me estás pidiendo?

Dios, su voz era muy chillona. Era como escuchar a un delfín hablar.

—Debiste pensarlo antes de crear toda esta escenita, ¿no crees?

—¿Qué rayos pasó, Layl?

—Nada, Es. Solo este tipo que no sabe su lugar.

—Te llamas Layl, ¿o por qué carajo respondes a mi nombre?

—Yo respondo cuando quiero. Es, no escuches lo que sea que te vaya a decir. Él empezó a molestarme e intenté llevar las cosas con calma, pero él me pegó. Y sabes que yo no soy de levantar la mano, pero no me iba a dejar.

—¿Qué yo te golpeé?

Bueno, si tanto lo quería.

Levanté mi brazo, agarré todo el impulso posible y mi mano terminó contra su fea cara, haciéndola girar. Dios, debería agradecerle a la música, o si no todos lo habrían escuchado.

—¡Layl!

—Cállate, Esyor, porque todavía me faltas tú.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué hiciste eso?

Las lágrimas empezaron a caer y vi cómo se le empezaba a hinchar el cachete.

Ni modo.

—Comentaste que yo empecé, así que lo hice realidad. ¿No te gustó? Pensé que sí, por todo el teatrito que estabas montando. Pensaba que lo deseabas.

—Te vas a arrepentir.

Se alejó de nosotros. Pensé que había captado el mensaje, pero en su lugar fue hasta una esquina y tomó algo.

《Rayos.》

Su mano agarró un florero. Se acercó corriendo y no pude reaccionar a tiempo.

Me tiró el agua que había dentro. La camisa blanca se transparentó toda.

Quedé empapado.

En mi boda.

En mi fiesta.

《Oh, lo voy a matar.》

—¡BASTA! Para y vete de aquí.

Bueno, eso debió doler.

Exprimí mi blusa y sonreí.

—Bueno, Dia, ya te puedes ir. Ya tienes la aprobación de tu noviecito.

Claro que no lo dejaría ir solo así, pero necesitaba tiempo para pensar en qué hacer con él.

Lo mucho que me divertiría.

—No, Layl. El que se irá eres tú. Llamaré a la limusina, te llevará a casa —su mano se dirigió a su saco y sacó lo que parecía ser su celular—. Diam, tú vendrás conmigo.

—¿Qué? No, Esyor. ¿Qué demonios? No me sacarás de aquí. Quien se largará es esa rata arrimada.

—No. Tú te irás y esperarás por mí como una buena esposa en nuestra casa.

Iba a golpearlo.

Claro que lo iba a hacer.

¿Quién era él para tomar esa decisión?
¿Quién era él para poner a su estúpido amante primero que yo?

No me importaba, pero mierda, esto era humillante.

Antes de siquiera poder acercarme a él y darle todo lo que tenía, unos brazos me sujetaron y me sacaron a la fuerza del lugar.

No.

No lo hizo.

—¡SUÉLTENME! ¿QUIÉN DEMONIOS SON USTEDES? ¡NO ME TOQUEN!

Los guardias.

Los mismísimos guardias que estaban para resguardar mi seguridad me sacaban a rastras de mi propia fiesta.

Mientras me llevaban cargando, pude ver a Esyor llevando a Dian a otra sala.

—¡ESYOR! MÁS TE VALE NO VOLVER A PARARTE FRENTE A MÍ, PORQUE TE VOY A DESTROZAR. ¿ME ESCUCHASTE? ¡TE VOY A COBRAR ESTO, HIJO DE PUTA! ¡CABEZA LLENA DE CACA, PÚDRETE, ESYOR!

Antes de seguir dándole codazos a quien me tenía sobre su hombro, un golpe en la cabeza me hizo perder el conocimiento.

Pero solo pude pensar una cosa antes de desvanecerme.

《Te arrepentirás, Esyor. Lo juro.》




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