Me desperté aturdido en una cama muy cómoda.
Podía escuchar los sollozos de alguien al lado mío.
《¿Qué estaba pasando?》
—Layl, te juro que si no te despiertas ya, voy a llamar a una ambulancia.
《¿Ciro?》
—¿Dónde… dónde estoy?
—¡LAYL! Estás despierto. Dios mío, me habías dado un susto de muerte.
—¿Qué pasó?
—Qué no pasó, querrás decir.
—¿Cuánto tiempo llevo dormido?
—Noqueado —corrigió—. Llevas unas tres horas. Casi me da un infarto cuando me sacaron de la fiesta para venir contigo.
—¿Dime qué pasó?
—Te perdiste de algo fuerte, Layl.
—Abre la boca y suéltalo.
—Sí, bueno… después de que desaparecieras, Esyor vino conmigo y me dijo que fuera al estacionamiento, que estabas ahí y después…
Sus ojos no querían continuar con lo que fuera que estaba a punto de decir.
—Bueno, un chico, no sé quién demonios era, pero empezó a armar un escándalo diciendo que él y Esyor eran pareja y no sé qué tanta bobada. El punto es que estaba obviamente muy tomado y lo sacaron a rastras del local. Fue una locura. Estaba hecho un demonio y, en eso, mientras forcejeaba, tiró el pastel al suelo. Él y Esyor terminaron todos embarrados de pastel.
—No.
—Sí, y, Dios mío, debiste ver cómo las cámaras captaron todo. Supongo que ya hay videos y fotos por todo internet de lo que pasó.
—¿Y? ¿Qué pasó después?
—Pues solo pude ver cómo tu esposo se levantaba furioso y se marchaba, dejando al otro tirado en el lugar. Después no supe qué pasó porque me llevaron al estacionamiento y, bueno, ahí fue donde te encontré, todo desparramado en los asientos traseros de la limusina. Pregunté qué había pasado, pero nadie me dijo. Y bueno, ahora estamos aquí.
—Bueno, Ciro, también te perdiste de mucho.
—¿Qué rayos está pasando, Layl?
—Es lo que me pregunto desde que regresé a esta maldita ciudad.
Me levanté con su ayuda y me dirigí al baño para poder ducharme y limpiar todas las malas energías que ya tenía adheridas a mi cuerpo.
Ciro no se fue. En su lugar, se sentó en el lavamanos mientras esperaba a que yo terminara.
—Y, bueno, ahora te toca contar tu parte.
—Pues Esyor tiene novio, que seguramente fue el tipo que viste armando ese escándalo. Me intentó humillar en la fiesta; yo no me dejé —mis manos seguían frotando el champú de mi cabello—. Al final, resumiendo, la rata me tiró agua de un florero, Esyor se puso de su lado e hizo que los guardias me sacaran de mi propia fiesta. Después, uno de ellos me noqueó.
—¿Qué?
—Como escuchaste. Así que bueno, ahora estoy aquí, bañándome porque me siento sucio e intentando que todo esto no me afecte.
Cerré la llave y me puse la toalla.
—Pero antes de vivir en paz conmigo mismo, tengo que planear cómo destruir a Esyor y hacerlo sentir igual que yo.
—Creo que ya lo hizo con todo ese pastel en su cara.
—Eso fue karma de la naturaleza. Falta mi karma especial.
—¿Y qué planeas hacer? Sabes que cuentas conmigo —se acercó, dándome mi cambio de ropa—. Recuerda que tengo unos contactos en la estación de policía.
—No haremos algo taaaan ilegal… o bueno, ya veremos conforme avance la marcha.
Un silencio largo se asentó. No incómodo, más bien reconfortante.
—¿Sabes qué nos vendría bien para abrir esas neuronas y planear mejor?
—¿Qué?
—Unos buenos shots de tequila. Y, sorprendentemente, siempre cargo uno en mi mochila, que sorprendentemente traje aquí.
—Eres mi ángel de la guarda, Ciro. Te amo.
Mis manos pararon en sus cachetes, apretándolos y dándole besos por toda la cara.
—Lo sé, lo sé. El pago de mi servicio solo será que seas mi esclavo por un año.
—¿Solo un año? ¿Cuándo te volviste tan benevolente?
—Los años cambian hasta al más corrupto.
Si soy sincero, no sé qué pasó después de la quinta bebida especial de Ciro. No sé qué demonios contenía aparte del tequila, pero, carajo, sí era fuerte.
Todo mi cuerpo se sentía ligero, mi mente despejada, sin problemas, sin preocupaciones. Solo yo y este vaso que resolvía mis temores.
Sabía que tomar de esta manera estaba mal, pero mis desgracias se esfumaban con un porcentaje que me dañaba.
Tal vez mi padre tenía razón y era un cobarde que se resguardaba en unas gotas de alcohol, pero ¿qué importaba? ¿Acaso era él el que estaba aquí divirtiéndose y bailando sin parar? ¿O era él el que estaba enfurruñado en una silla fría y sin vida?
Ahora nada importaba. Solo tenía que dejarme llevar por emociones que luego me harían llorar, pero hoy no. Hoy disfrutaría como si no existiera el mañana.
Y esas ideas desastrosas que probablemente debería razonar estando sobrio llegaron a mí como un torbellino de luz.
Era mala idea pensar mientras veía que las luces bailaban conmigo, pero esos pensamientos eran los mejores. Siempre creativos, siempre oportunos.
《Esyor, la vas a pasar muy mal.》
—El foco se me prendió, Ciro —mis palabras salían a tropezones—. Tenemos que comprar pinchos, polvo pica pica, miel, jabón líquido y agua.
—No sé qué quieres hacer, pero me convenciste con la miel.
Después, mis recuerdos se apagaron.
Y solo desperté en mi habitación, amarrado con sábanas, pegajoso y muy… muy crudo.
Escuché la puerta abriéndose y vi a Esyor entrando y, rayos, no pude aguantar la risa.
Estaba terrible. Tenía el pelo duro, manchas rojas en el cuello y lo que parecía un gran moretón en el codo y, para finalizar, cojeaba.
《¿Qué rayos hice?》
Editado: 10.09.2026