Mariposa Monarca

CAPÍTULO 12

CUANDO APRENDÍ A TEMBLAR ANTES QUE JUGAR

No le temo a las bestias,

Le temo a lo que me enseñaste.

Y eso duele más que a una herida sin cicatrizar…

Si hay algo que debo reconocer es que ahora, “gracias a las cosas que forjé junto a mi padre”, la detesto.

No porque me lleven a recuerdos junto a él, cuyos recuerdos no son de sonrisas o momentos de padre e hija. Son desgarradores y dolorosos de tan solo pensar en cómo soportó todo eso, en cierto momento.

Cómo desearía tener un solo recuerdo donde él me da un abrazo sincero o un “Te quiero” por voluntad propia, más no porque yo se lo pida.

Pero qué puedo hacer, esa fue la vida que me tocó vivir…

Acerca de todo lo que mi padre me enseñó; no es que tenga ira en la manera como la hizo. Bueno, en algunas sí.

Tan solo recordar cómo me miraba con sus ojos infestados de ira, me gritaba insultos o me hacía sentir idiota e inútil, pateaba, golpeaba, ya sea con sus manos o cualquier objeto cerca, y galoneaba mientras me enseñaba; es sofocante.

A pesar de ahora saber a la perfección ciertas cosas enseñadas por él. Simplemente no puedo; hay algo dentro de mí que se reúsa a hacerlo.

Sé que es mi niño interior que hasta ahora no se puede recuperar y dejar el pasado atrás, y es que hay momentos donde lo dejo ser.

Me refiero a vivir el pasado y llorar por él, porque hay momentos donde debo dejarlo ser; si no lo hago, “¿dónde quedaría esa niña inocente y dulce que lloraba por cosas insignificantes?”.

Poco a poco, mi progenitor, sin siquiera darse cuenta (tal vez sabía que me lastimaba, lo hizo), habría heridas en mi cuerpo, sean físicas o interiores; DOLIERON, DOLIERON COMO NO SE LO IMAGINAN.

Sé que no todos mis tarumás son por él, pero son los que más recuerdo a la perfección.

Ya quisiera tener mi niñez llena de color, risas y sonrisas. Pero a mí me tocó el otro lado de la moneda y lamentablemente me tocó vivirlas con el mentón en alto.

Hubo y ha habido caídas, pero gracias a ellas son lo que soy ahora.

No te diré que soy una chica firme y segura de sí misma, porque te mentiría al respecto.

Soy humano, tengo mis momentos donde recaigo en el pasado, pero también hay momentos donde soy fuerte y consciente de que no hay nadie más fuerte y valiente que yo.

-------------

Si estás leyendo esto, déjame decirte algo con honestidad, no como escritora, sino como alguien que ya pasó por cosas que no deberían marcar a nadie tan temprano.

¡Nunca permitas que nada ni nadie se coloque por encima de ti!

No por orgullo, ni por creerte más, sino porque es ahí donde entiendes cuánto vales y donde nadie puede reducirte a algo tan frágil como un puñado de arena.

Tal vez haya personas más bellas, más inteligentes, con un carácter aparentemente impecable. Siempre habrá alguien que parezca tener más.

Pero tú…

Tú tienes algo que muchos no: Valor y valentía real.

No la que se aprende en discursos, sino la que nace cuando te hieren, cuando te rompen por dentro y aun así decides seguir.

Yo sé lo que es avanzar estando lastimada. Herida física y mentalmente. Y aun así hacerlo. Y créeme, eso no se compara con quienes nunca han tenido que enfrentar un solo desafío verdadero.

Hay personas que crecieron rodeadas de amor, de regalos, de caprichos, de protección constante. No está mal, pero…

Solo han visto una cara de la moneda.

El día que vean el otro lado, muchos colapsarán. Porque descubrirán que vivían un cuento mal contado, creyéndose fuertes, cuando en realidad nunca fueron puestos a prueba.

Pensaban ser las piezas principales, cuando solo seguían un juego que no entendían del todo.

Y tú, aunque sufriste, siempre fuiste la pieza clave.

La que cayó, sí.

La que tuvo miedo, también.

Pero la que se levantó aun temblando, aun dudando. Y gracias a eso, hoy no le temes tanto a lo que venga. Porque ya conociste el dolor y aprendiste a no quedarte en el suelo.

Eso es lo que quiero que entiendas al cerrar este libro.

No cualquiera puede quebrarte, entiéndelo.

Tienes barreras, tienes historia, tienes cicatrices que te sostienen al ahora.

No necesitas pasar por encima de nadie, pero tampoco permitir que te pasen por encima.

Porque eso eres.

Valentía y fuerza pura.

Y una vez que lo entiendes, el mundo deja de asustarte tanto…

-------------

CAMILA:

Hoy es el clásico fin de semana que se basa en reunirse entre familiares, a compartir momentos inolvidables.

“Un fin de semana aburrido”- exclamó esa voz en mi subconsciente y la verdad que tiene toda la razón. No solo es porque tenga que verlos a cada uno y fingir una sonrisa y alegría ante todos: “Resulta cansado y sofocante el hecho de ver sus rostros”.

En fin, ¿qué más podría esperar de mi familia? Exacto, exacto, absolutamente nada.

No me tomen a mal o quizá piensen que soy una niña antisocial, pero desde mi uso de razón; bueno, desde que vivo un poco más cerca de ellos. Siempre, pero de los siempre, cuando se trata de organizar una salida o por algún evento del calendario. Se basa en

  • Reunirnos, fingir que los extrañamos (aunque no sea así) para luego hablar a sus espaldas. Bueno, de eso nunca me encargo yo; esa posición es para “las clásicas tías criticonas de la familia”.
  • Luego de la primera fase, vamos al sitio. Y hasta ahora esto es a lo que más detesto porque siempre es el mismo restaurante y la misma comida; sí, en aquel restaurante solo tiene un plato de distintas formas hechas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.