Mariposa Monarca

CAPÍTULO 15

ECOS DE DESPRECIO… CONTRA TODOS USTEDES

No me cabe en la cabeza cómo una niña de seis años podía tener tanto odio en su corazón.

Apenas era una niña y mi corazón ya se encontraba podrido… lleno de rencor… era como un almacén que guarda cosas que ya no necesitas, pero, a pesar de todo, las guardas porque son recuerdos que algún momento fueron presentes.

Eso es lo que más me duele… porque permití que todo esto me dañara.

Porque permití que entraran así… tan fácilmente a mi corazón.

Porque permití que todo aquello me afectara… A lo mejor no me creí capaz de soportar todo lo acontecido, dejándome llevar por el camino más fácil y el que tristemente elegí.

Tal vez muchos me den la razón por la que lo hice. Pero para mí no son más que etapas que quiero borrar de mi vida… de mi presente y de mi futuro.

Aquellos cuyos años me torturaron insignificantes veces.

Aquellas cuyos años me provocaron dolor, como si, a pesar de ya haber pasado bastante tiempo, el pasado se apoderara del presente.

Aquellos cuyos años me consumían más y más. Cambiando mi dulzura, mis sonrisas, mi bondad en miradas despistadas, malos tratos a los demás y sonrisas que poco a poco se iban acabando.

A veces sentía que mi vida se parecía a la de una mariposa.

No nace con alas fuertes; pero primero atraviesa momentos difíciles que la obligan a cambiar por dentro.

Cada herida, cada recuerdo doloroso, es como el viento que golpea sus alas. Con el tiempo, esas alas se desgastan un poco, pero aún así sigue intentando volar, teniendo la esperanza de que algún día será aquel en el que puedan reposar en un campo de flores… sin depredadores… sin cambios climáticos y con su completa tranquilidad.

Pero hay personas como yo que piensan que han vivido tantos traumas que sienten que su vuelo es más pesado que el de los demás.

Sin embargo, como una mariposa, cada cicatriz también cuenta una historia de resistencia y transformación, a pesar de no ser física, lo demuestra en su forma de ver las cosas.

Porque incluso con las alas marcadas por el tiempo que ha sufrido, sigue existiendo la posibilidad de levantarse, moverse un poco más y encontrar un lugar donde descansar.

Al final, la verdadera fuerza no está en tener alas perfectas, sino en seguir intentando volar a pesar de todo.

Lastimosamente yo no lo pude conseguir. Débilmente caí poco a poco en riendas llevando a descansar en un pozo cenagoso, sofocamiento… haciendo que la oscuridad me consuma y la debilidad me lleve a esperar mi muerte.

Cuando era una niña de cinco años siempre pensaba en cosas que a mi edad no debía hacerlas. Y una de ellas era la muerte.

Me hacía preguntas como, ¿De qué moriré? O ¿Moriré naturalmente o quién lo hará?

Sé que es extraño, pero cierta rareza la comparto desde que aprendí a ver el mundo de otra manera.

Me hacía demasiadas preguntas acerca del tema, pero jamás me pregunté ¿yo misma causaría mi muerte?

Jamás. Porque no me creía capaz y no pensé que todo lo que vendría me conllevaría tomar medidas extremas. Autoleccionándome para sentir paz en medio de la tribulación, en medio del caos, el dolor y la ansiedad porque se detenga.

Y es que era algo parecido a una adicción a las drogas, la diferencia es que yo no buscaba maneras para olvidar los problemas por un momento. Yo buscaba la manera de acabar con mi propia vida de una vez por todas.

Estaba harta de cada día despertar en un hogar que yo jamás pedí nacer… y el solo hecho de despertar me decepcionaba porque de alguna manera u otra deseaba que el mundo me tragase. Que por causas naturales no vuelva a despertar. Que por algún golpe mal dado quede allí… inerte. Que toda mi familia desapareciera de un día para otro. Que todo lo que viva tan solo fuera un sueño y que en algún momento despertara (de hecho, hubo momentos en los que me pellizcaba constantemente los brazos, manos, muslos o cuello tratando de examinar que esto era un sueño y que al hacerlo despertaría de ese trance). Agradezco que jamás sucedió eso…

Porque ahora con seguridad puedo decir… “Gracias por vivir cada momento”. Claramente no quiero jamás volver a sentirme como lo era en el pasado, pero agradezco que cada cosa que viví me pasó a mí.

Antes que pienses que todo lo que sufrí por años me volvió loca… quiero decirte el motivo, bueno hay varios, pero de los que ahora mantengo más presentes y me acuerdo son:

Agradezco porque a pesar de aún no vivir todo siento como si ya lo hubiera hecho y eso me ha servido para ser más fuerte y aprender a ver el mundo de diferente manera. Entendiendo que no todo es bello o se ve bello, también hay cosas que mientras no las veamos o experimentemos, no sabremos cómo se sienten.

Agradezco que, si no me hubiera pasado nada de lo que me forjó en el presente, seguro que mi vida se encontraría en tinieblas. No digo que sea necesario que tengas un pasado bizarro para tener un presente estable; hablo desde mi punto de vista. Y mi punto de vista es mi historia.

Agradezco por las muchas veces que intenté quitarme la vida y que fueron un completo fracaso. Porque la chica que fui en el pasado jamás habría conocido lo que es la paz… cariño… sentirse apreciada y demás cosas que me ayudaron a salir y a cerrar heridas. Tampoco quiero decir que cada día que despierto solo represente “felicidad”; hay días en los que siento que no puedo más… que quiero volver al pasado y desmoronarme allí, pero lo diferente es que ahora tengo a alguien que, nada más, tengo que pronunciar unas palabras para que todo ese dolor y esa angustia desaparezcan.

Agradezco por los malos tratos que recibí de pequeña; gracias a ello, aprendí que nunca debo confiar en una persona así por sí sola. No digo que desconfíes de todos, solo dijo que hay personas que no merecen ni ver tu sonrisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.