Marry, Kiss or Kill me?

11

Honorine

—¿Por qué hacemos un picnic en vez de comer dentro como la gente normal? —Di un sorbito a mi leche de fresa, sudando todo mi maquillaje; debo parecer Meryl Streep en Death Becomes Her, una película que Ivanhoe me obligó a ver—

—¿Por qué hacemos un picnic en vez de comer dentro como la gente normal? —Di un sorbito a mi leche de fresa, sudando todo mi maquillaje; debo parecer Meryl Streep en Death Becomes Her, una película que Ivanhoe me obligó a ver—. Odio los picnics. ¡Se le están subiendo hormigas a mi sándwich!

—Parvati vio Bridgerton —entró Lux con una risita sarcástica; ella está levantando mi comida para envolverla en una servilleta.

Nuestro «picnic de la Regencia» era más bien nosotras desperdiciando la hora del almuerzo sentadas sobre las viejas sábanas rosas de Parvati, comiendo unas Lays de sabores extraños que la madre de Lux le mandó, un par de gelatinas de la cafetería; eso y muchas hormigas.

—Si te calienta el acento inglés, no lo hagas nuestro problema.

Ellas abrieron los ojos hasta que estuvieron enormes, iguales a los de las muñecas Blythe, de esas que Daisy colecciona. Bien, la cagué; había dicho algo incorrecto, algo que recordaba a unos ojitos azules. Sería divertido si no las pusiera tan tensas; después de días, al fin habían dejado de atacarse agresivo-pasivamente por todo el rollo de Edme, así que de verdad estaba disfrutando de no estar en medio de su basura de Jacob, Bella y Edward.

Cambié de tema con una tos poco elegante: —Me pondré pecosa.

—Ya te hace falta, así no usarías media botella de bronceador falso. Luces como un extra en Crepúsculo.

Estaba abriendo la boca a punto de tener uno de mis ataques de «dramatismo adolescente», cuando Lux intervino metiéndonos algunas uvas en la boca a cada una.

—Vamos, chicas, coman y cállense.

Tosí muy fuerte, tomada por sorpresa. —Casi me matas.

—A nadie lo ha matado una uva, dramática.

Después de casi ahogarme con la esferita verde, tomé un gajito de durazno; una gota de su jugo escurre por mi barbilla. —Pensé que no te gustaban los duraznos.

Me encogí de hombros: —Me están empezando a gustar.

—Oye, ¿qué hay sobre qué golpeaste a Gulliver, el niño de primero? Dicen que le rompiste la nariz.

—Tal vez lo hice —estaba carcajeándome—. Si te llamas Gulliver, mereces que te rompan la nariz; además, ni siquiera tuvo los couilles (huevos) para acusarme.

Lux alzó las cejas. —¿De verdad le rompiste la nariz? ¿Qué te hizo?

—¡No le rompí la nariz! Y... lo golpeé por ser idiota.

Mi pecho se encogió, sentí el aire pasando a través de mis costillas, era desagradable; no quería recordar lo que Ivanhoe me dijo, sin embargo, mentiría si dijera que no llevaba algunos días pensando en eso, pensando DEMASIADO en eso: las burlas, las risas, todo lo que él vivía por el simple hecho de nacer con un apellido que no se podía traducir a cotizaciones en la bolsa.

Parvati echó la cabeza hacia atrás, dándose un baño de sol igual que un gato. —¿Qué otras cosas te están empezando a gustar además de los duraznos?

Hice un sonido raro al tronar mis labios. —¿De qué hablas?

—De Ivanhoe. Ella está jugando a ser Lady Whistledown.

La rubia de nuestro trío se desplomó sobre la sábana. Sus grandes ojos azules estaban fijos sobre mí con miles de preguntas e implicaciones dentro; ¡por la Madonna, tenía ganas de picárselos!

—Somos amigos.

—Claro —ambas sueltan una carcajada sucia.

Mi ceño se arruga inmediatamente. ¿Sería malo si le embarro mi sándwich a Parvati en la cara? —¿Qué es tan gracioso?

—Que... los amigos no se mensajean en medio de la noche, no se abrazan así.

—Ni se miran así —Lux parpadeo muy lento, moviendo sus largas pestañas rubias —Solo decimos: ¿tu novio está de acuerdo con eso?

Tragué saliva, no porque me asustaran, sino porque no había pensado en Darmont en muchos días; algo en mi estómago se apretó por una especie de... culpa.

Apreté la lata de mi Mountain Dew con mucha fuerza sin notarlo; mis nudillos estaban blancos por la presión. —Darmont no tendría problema con eso —me llené la boca de gomitas; si no ocupaba mi boca, iba a terminar teniendo otro de mis momentos a lo Cady Heron de «vómito verbal».

—No te enojes —aulló Parvati en ese tono de «broma no broma»—. Tu novio vive en otro continente, otra zona horaria, solo digo...

—No dices nada porque esto no es así... ¡Yo no soy así! —Le metí a la boca un pan tostado con Nutella buscando callarla.

«Me casaría con Honorine Santorini».

Resonó nuevamente en mi cabeza, fuerte y duro. Intento limpiarme el recuerdo comiendo patatas de sabor mariscos.

No le di importancia, porque no importaba, no debía importar, sin embargo... ¡MERDE! Sí me importaba.

—A él le gustas, lo dijo en la sala de música — Quise golpear a Parvati solo por decirlo entre carcajadas.

— Ningún chico puede ser solo amigo de alguien que le gusta.

No tenía respuestas, no tenía palabras. Solo comencé a levantarme los padrastros llenándome la boca de gomitas y papitas.

—¿No vas a decir nada?

Ellas seguían riéndose más y más, tanto que me provocó un cosquilleo molesto, el que siento siempre que estoy a punto de decir algo idiota. Alcé mi mano, la llevé a mi pecho mirándolas con una seriedad completa: —Por la Madonna, que yo nunca me enamoraré de Ivanhoe.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.