Capítulo 2: Tener esperanza.
Empacar siempre era una de las cosas más frustrantes para ellos y es porque siempre que salían hacia algún lugar para quedarse, llenaban tanto el coche que solo siendo ellos tres quedaban demasiado llenos y sin espacio para otras personas.
—Bueno, creo que ese era el último bolso, ya solo falta metro la cava — dijo Deiver, después de haber estado un rato acomodando las cosas dentro de su coche —Para el próximo viaje sugiero ir a escalar —dice agotado.
—Pues ahorita andábamos sin tiempo así que ya levántate para irnos — Le dice Martín.
Silvia y Martin cursaban diferentes universidades, ella estudiaba medicina mientras que él estudiaba artes, el único que no estudiaba era Deiver. Él gastaba su tiempo conociendo el mundo y trabajando, decía que aún le quedaba mucho tiempo para después empezar a
estudiar. Deiver vivía su vida siendo jefe administrativo en una de las empresas tele comunicativas más importantes de la ciudad, el puesto se lo otorgó su padre como dueño de la empresa, y aunque tenía estudios en esa rama, desde que tomó el cargo ha hecho que la empresa crece de formas impresionantes.
Después de subirse al coche hicieron lo que siempre hacían y era poner música y cantar hasta que llegasen a su destino.
Ella no podía dejar esa intranquilidad que sentía por ver a Martín así, a veces hasta la hacía sentir insuficiente y de poca ayuda al ver que él no le contaba las cosas que pensaba o sentía. Pero la situación era difícil de explicar, no es como que Martin pueda decirle que puede viajar en el tiempo y ya la vio morir doce veces, una simple vista sonaba descabellado.
—No me siento muy bien, eso es todo, creo que fue por llevar demasiado sol.
La verdad es que no podía dejar de pensar en qué hacer para salvarla y ella siempre terminaba muriendo de formas diferentes, Martín solo pensaba en qué como pasaría esta vez y que hacer para evitarlo, lo único que sabía era el día en que ocurriría, eso. era lo único que se repetía sin importar lo que pasara.
Al llegar a casa después de un largo viaje de 3 horas, pudo despejarse y así poder concentrarse mejor. Ahí estaba él, viendo las paredes y pensando en una forma de hacer que ella viva, pero decidió que se daría unos minutos para terminar de procesar que tan solo ayer la vio morir otra vez ante sus ojos. Se levantó del sillón y caminó hasta su cocina para preparar algo de comer.
Su cocina era pequeña, tenía lo esencial: nevera, comedor, cajones donde guardaba los platos, fregaderos. Estaba decorada con cerámicas color blancas. Su casa tampoco era algo muy grande, era de dos pisos, con dos dormitorios en el piso de arriba, y abajo estaba la sala, baño, cocina y un pequeño garaje, era una casa en la que él podía vivir tranquilo y en paz.
Por otro lado, Deiver, al llegar había decidido ir unos días de visita donde su mamá, ella vivía en un pueblo que quedaba un poco lejos de la
ciudad. Silvia por otra parte había ido a su casa para poder descansar y dormir un rato y aliviarse de la presión que llevaba por culpa de su familia, y es que ella viene de una familia con más influencias en la provincia. Ella tenía que ser esa hija perfecta.
Volviendo a Martín, él después de comer y haber descansado un rato le había llegado un mensaje a su teléfono de la Sra. Harper. Ella era su maestra de artes literarias.
[Móvil] Sra. Harper : Disculpa Martín, sé que te dije que era para el lunes pero, ¿podrías entregarme hoy la reseña de la historia en la que andamos trabajando?
[Móvil] Martín: Por suerte hice la reseña el día siguiente de cuando me la mando, en un rato se la llevó.
[Móvil] Sra. Harper: Gracias Martín.
Por suerte, Martín a veces se llenaba la cabeza de ser un poco perfeccionista, por lo que siempre solía tener todo hecho y
ordenado. Salió de su casa y se dirigió hacia su coche para poder ir a encontrarse con su maestra de literatura. En el camino, solía observar los grandes edificios de la ciudad, ya que la universidad se encontraba a unas cuantas cuadras de su casa. Por lo general, le tomaba alrededor de media hora llegar, pero debido al increíble tráfico que se producía en las carreteras, a veces le costaba más tiempo.
Al llegar, se dirigió directamente hacia la sala de profesores para buscar a la Sra. Harper, pero los demás profesores le informaron que se encontraron en el aula.
—Claro que puedes pasar —exclamó con una gran sonrisa en su rostro, la Sra. Harper era de aquellas personas que siempre trasmitíaa alegría al
menos eso trasmite hasta que la hacen enojar, solo bastaba estar un minuto con ella para que ya te sientas en confianza.
—Claro, ¿Qué quieres preguntarme? —Dijo observando los ojos cafés de Martín. —a veces me preguntó en qué momento pasaste de llamarme Sra. Harper, llámame Eva.
—Supongo que ser tú mejor alumno me ha dado cierta confianza contigo. —responde de juguetona. — ¿Qué le diría a una persona que tiene miedo?
—Le diría que aveces el miedo nos hace ver el valor que tenemos realmente dentro.
Después de escuchar aquella respuesta a su cabeza llego la última vez que él había tenido esperanza, al mirar su reloj noto que se le había hecho un poco tarde así que se marchó camino a casa —Gracias por todo, que tengas un buen día Eva — se despidió antes de marcharse.
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Editado: 27.02.2025