Capítulo 3: deja vu.
—Que linda hoy estás —dijo Martín, una vez más estaba perplejo por su belleza.
—Así que ayer no estaba linda —respondió sarcásticamente.
—Tú siempre te ves linda—la toma sosteniendo sus mejillas con ambas manos levantando su vista y haciendo que ella fije sus ojos en los de él.
—Hoy tendremos una noche inolvidable, ya verás.
—Sea día o noche cada momento contigo es inolvidable.
Silvia andaba con una de sus vestimentas habituales, luciendo un suéter negro por encima de su talla con un estampado que decía
"Caracas". También llevaba un pasamontaña negro, pantimedias de malla negra, unas zapatillas Converse y una falda negra. Silvia siempre ha tenido esa característica de vestir de manera gótica.
Por otro lado, Martín vestía unos jeans oscuros y una camisa blanca.
Para Martín, estar con ella siempre era una experiencia increíble. Él creía que es importante estar con personas con las que uno pueda ser uno mismo en privado, y así se sentía con ella. Él sentía que podía actuar como un niño y ella lo amaría de todas las formas.
Cuando Silvia estaba con él, sintió que el tiempo se detenía. Solo al mirar sus ojos color café y ver cómo brillaba el reflejo de la luz en ellos, era como estar a solas bajo una noche llena de estrellas.
Martin siempre buscaba aprovechar cada momento con ella.
Ella y él pocas veces se veían porque ella siempre andaba enfocando todo su tiempo en la universidad así que por lo general, solía quedarse en casa de él, aparte de las veces que andaban de viaje.
—Fui a llevarle una reseña a Eva y de ahí vine y me dormí un rato, ¿y tú qué hiciste?
—hoy estuve todo el día en casa, andaba muy cansada por estar en la playa y además me duele todo el cuerpo —respondió de manera cortante sintiendo celos al escuchar que estuvo con Eva. Ella a pesar de controlarlos no pudo evitar que se le notase en su rostro.
De pronto sonó el timbre de la puerta y Martín tuvo que bajar hasta la sala principal para abrirla, era su vecino que iba a pedirle un favor — Disculpa la molestia Martín, ¿me prestas un batidor para poder hacer una torta? —Su vecino Thomas, era una persona totalmente agradable, sin duda la mejor persona de todo el vecindario, un chico tímido con la gente y estatura un poco más baja que Martín, lucía un cabello corto y oscuro, razón por la cual siempre usó gorra. que hacían que su sonrisa fuera una ternura a la vista de los demás.
—Por supuesto, pasa conmigo a la cocina.
Thomas había sido vecino de Martín desde que él se mudó a Las Palmas cuando era pequeño. Antes de mudarse, Martín vivía en un pueblo muy alejado de la ciudad. Cuando eran niños, Thomas y él solían jugar al fútbol en la cancha que quedaba a unas cuadras. Thomas era el vecino con el que mejor se llevaba.
Después de que Thomas se fuera, se hizo tarde y ya eran las once de la noche. Martín decidió ver una película, pero antes fueron a preparar palomitas de maíz para tener una buena noche de cine en casa.
—Oye recuerda que mañana a las diez me tienes que llevar a donde mi abuela —dice Silvia, mientras esperaba pacientemente a que las cotufas estuviesen listas.
—Sí, yo mañana te llevo así que no te preocupes.
—Y hoy entonces te viste con Eva, que fino, —dijo recordando que hoy la vio y poniendo una cara que solo con verla Martín ya veía venir la pela.
—Tranquila, tranquila, lo que tienes de panzoncita lo tienes de celosa.
En ese momento, Martín se perdió un poco en sus pensamientos debido a una sensación de que le había llegado. De pronto, experimentó un deja vu, pero para él era algo normal, ya que solía repetir los mismos días una y otra vez. Sin embargo, esta vez el deja vu no estaba relacionado con la conversación que estaba teniendo con Silvia ni con el momento en
sí. Era una sensación que no podía comprender y pronto se encontraría con algo que no podría evitar.
Ella no podía evitar sentir las veces en que él se perdía en sus pensamientos, sentir esas veces para ella era como un escalofrío, sentía que estaba conectada con Martín; Sin embargo, siempre terminaba con tristeza y mucha impotencia debido a que nunca él le decía lo que pasaba.
—Nada —respondió él, haciendo que una vez más Silvia se sintiera perdida.
Después de unos segundos volvió a sonar el timbre, eran ya casi las doce de la noche y por su cabeza solo se le vino que podía ser Thomas para devolverle el batidor, pero seguía sonando extraño para él.
—Soy Andrew, mucho gusto acabo de mudarme —dijo aquel chico en un tono tan suave y calmado, sacando una sonrisa tan agradable.
Martin no pudo evitar sentir un escalofrío, ya que en las doce veces que ha viajado y ha repetido las semanas de formas diferentes, nunca antes Andrew se había mudado al vecindario. Pero la sensación tan extraña que transmitía su sonrisa era impresionante, y Martin no podía evitar simpatizar con ese chico que había tocado a su puerta. A pesar de ello, no dejaba de sentir miedo, ya que en su interior solo pensaba que sus viajes en el tiempo finalmente estaban comenzando a causar cambios.
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Editado: 27.02.2025