Capítulo 5: La silueta.
Después de un rato el sol empezó a caer y el cielo a oscurecerse, iban a cerrar el bosque así que Martín le dijo a Andrew si quería acompañarlo a buscar a Silvia. En el camino seguían platicando un rato donde en vez de ser una plática entre amigos Martín se convirtió el momento en un interrogatorio.
—No sé, de pequeña esta ciudad siempre me había llamado la atención.
—No sé qué clase de pregunta es esa, pero no, definitivamente no soñé que alguien me dijo que viniera aquí — responde Andrew notando la actitud extraña de Martín.
—Oye Martin, estás actuando un poco raro —volteo su vista cabeza hacia el lado de Martín mirando sus ojos.
—Disculpa, a veces exagero— Martín supo que estaba actuando muy raro y hasta paranoico, pero él sentía que no podía dejar pasar esta oportunidad de poder salvar a Silvia, al final tomo la decisión de guardar silencio en lo que quedaba de camino.
Estaban en el auto con un ambiente un poco callado. El auto de Martín era un Chevrolet Orlando, color gris y muy cómodo por dentro, con un aire acondicionado refrescante. Aún tenía ese olor a nuevo, ya que no
llevaba ni dos semanas con el auto. Al llegar donde la familia de Silvia, Martín tocó el claxon del coche y ella tardó unos minutos en salir.
Dentro de la casa, Silvia estaba con su familia en la sala. Estaba muy inquieta y un poco frustrada, ya que su hermana Stella había demostrado una vez más que siempre sería mejor que ella. Estas razones la hacían pensar en no pasar más tiempo con su familia, ya que cada vez que estaba con ellos, siempre le recordaban las cosas que Stella había logrado.
—Debes ser como Stella —dijo la abuela sentada desde el sofá de la sala.
—exclamó gritando de manera furiosa mientras sacudía sus manos llenas de enojo.
—No te angusties hermanita, en algún momento capaz y si sobresalgas en algo —Dijo Stella mirando directamente a los ojos a su hermana con una mirada retadora.
—Me voy, Martín está allí esperándome, y para tu información Stella por lo menos encontré a alguien que me ama —Dijo y en seguido solo se marchó hasta la salida — ¿Sabes que ya son las ocho de la noche? —su voz rompió furiosamente al llegar al auto de Martín —llegas tarde.
Silvia al ver que se encontraba él, intentó ocultar el ojo para no causar mala impresión.
—mucho gusto Andrew soy Silvia, Martin ayer me dijo que te mudaste
—dijo después de abrir la puerta trasera del auto y subirse.
—Mucho gusto, sí, me mudé apenas ayer —dijo sonriendo — Veo que sin duda has tenido un día bastante largo.
La verdad había sido un día agotador para ambos, tanto para Martín como para Silvia. Pero allí iban en la autopista charlando como si sus días hubieran sido los mejores del mundo y es que a ninguno le gusta demostrar lo mal que están.
—bien, ¿ya ustedes? — dice en tono seco, pero tratando de sonreír.
—Pues hoy conocí un bonito bosques —Andrew voltea su vista hacia atrás para observar a Silvia —yo creo que necesitas relajarte un poco, noto un poco de estrés en ti.
—Solo dame un par de hamburguesas y verás que todo el estrés se irá.
—un par de botellas también podrían servir.
—Algo me dice que nos llevaremos muy bien
—¡Epa! ¡Epa!, como que es eso que nos llevaremos muy bien —dice Martín sarcásticamente mientras seguía su vista fija en la carretera.
Las vibraciones que le daba Andrew sorprendía mucho a ellos dos, Silvia de lejos podía ver lo amigable que sin duda podría llegar a ser él, pero Martín por otra parte solo pensaba en la relación y conexión que podía tener él con sus sueños, estaba hasta Ansioso por volver a ir a la cama y acostarse solo para preguntarle a la silueta acerca de este cambio.
(...)
Una hora después, finalmente habían llegado a su casa. En el camino, dejó a Silvia en su casa y Andrew también se había ido a la suya, así que finalmente podía dedicarse a investigar acerca de ese sueño. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, ya eran las dos de la madrugada y por más que lo intentaba, no podía dormir. Simplemente no podía conciliar el sueño y eso lo frustraba y estresaba demasiado. Después de un rato, escuchó un sonido en la sala y bajó rápidamente pensando que alguien había entrado a robar, pero no vio a nadie.
Fue entonces cuando se dio cuenta del abrumador y sorprendente frío dentro de la sala. Sus brazos se erizaron y se congelaron por el frío, pero no le prestó mucha atención. Lo que no pudo ignorar fue la densa niebla que se extendía por toda la casa.
solo. Sus pelos se le pusieron de punta.
—Vi que hiciste un nuevo amigo —se escucha de fondo seguido de una risa leve que se escuchaba a lo lejos.
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Editado: 27.02.2025