Martin y la carrera contra el reloj

IX

Capítulo 9: Día de la hermana.

*Narra Silvia *

—creo que este sería un lugar ideal para el picnic —dije mientras mi mirada se perdía con el paisaje indescriptible.

Era un hermoso campo donde podía sentir la cálida brisa soplando en mi rostro, brindándome una gran sensación de frescura. El cielo lila era increíblemente hermoso, sin duda más bello que en otros días.

—Supongo que si —dijo Stella alzando los hombros.

— ¿Siempre tienes que ser así? —me frustraba su forma de ser.

—Si hermana, siempre voy a ser así.

Sthela era mi hermana, éramos gemelas, pero desde pequeñas ella siempre fue la favorita de la familia. Destacaba en todo, ya sea en las notas escolares o en cualquier otra actividad. Nuestra infancia estuvo llena de competencias, siempre estábamos compitiendo la una contra la otra en cualquier tipo de actividad, pero ella siempre terminaba siendo mejor que yo en todo. En la escuela, era la popular, la más hermosa y la que obtenía las mejores calificaciones. Además, era la capitana del equipo de porristas de la universidad, así que era de esperarse que siempre fuera el centro de atención. A ella le encantaba serlo.

—y ¿cómo está Martín? —pregunta mientras se comía una fresa. Ella era amante de las fresas.

—acaso te importa ¿cómo está el? —respondí torciendo los ojos.

—¡Claro que me importa! —exclamó mirándome a los ojos —Que no me importa cómo estás tú no significa que no me importe como están los demás.

La manera de como ella era conmigo siempre terminaba frustrándome al igual que a ella a veces le frustraba ver cómo solo yo ignoraba cada vez que trataba de insultarme.

—acaso preguntó si yo te importaba?, me da igual importarte —respondí devolviéndole la miraba —Dime, ¿Cómo está Abraham?, tengo tiempo sin saber de él.

Nos perdimos en una pelea de miradas.

—Y a mí me da igual que preguntas si tú me importas —su mirada seguía puesta en mis ojos, pero esta vez con una sonrisa —Desde que se fue de vacaciones con su familia no se ha contactado conmigo.

—Como se ve que ya no le importas a Abraham, ¿Quieres que te sirva el sándwich, querida hermana?

—Yo si le importo déjame informarte y no, de ti no quiero ni las gracias.

—Voy a inscribirme en el equipo de porrista, hermana —dije mientras preparaba mi sándwich.

—Soy la capitana, hermana, ¿Qué te hace pensar que te dejare entrar? —dijo ella mientras se servía un vaso de jugo de fresa.

A pesar de decirme eso a Stella le encantaba competir y aún más cuando con la que competía era yo, simplemente no podía resistirse.

— ¿Qué ocurre, tienes miedo de que sea mejor porrista que tú? — pregunte levantando la comisura de mis labios.

—Ok Andreina tú ganas, por mí ya tienes el voto para entrar, veamos si eres capaz de ganarte el voto de las chicas —sí, cabe mencionar que desde pequeña ella siempre le ha gustado llamarme por mi otro nombre.

Ella y yo siempre éramos legales a la hora de competir, es decir que ninguna hacía trampa por eso sabía que ella no iba a decirle a las chicas que votaran en contra, eso iba en contra de nuestras reglas, así que solo tenía que pasar la prueba para poder ingresar al equipo.

—Es nuestra madre.

Estaba comiéndome el sándwich cuando de pronto Stella me miró un poco preocupaba, era extraño ver ese tipo de mirada en su rostro.

—¿Qué ocurre? —dije con un poco de preocupación.

—Recoge las cosas y entra al carro —dijo levantándose preocupada y caminando rápidamente hacia el auto, se empezaba a notar hiperventilada.

—Oye pero ¿qué ocurre y porque yo tengo que recoger todo? —me levante preguntando preocupada.

Reconocí lo más rápido que pude y llevé todo al auto para luego montarme, al ver su rostro vi cómo se le salía una lagrima.

— ¿Qué ocurre Stella? —pregunta preocupada.

—¡Tiene silencio por favor! —gritó —iremos al hospital. (...)

Después de un rato llegamos al hospital —¿Dónde está papá? — preguntó preocupada en cuanto vio a nuestra madre.

—está en el piso cuatro, habitación cuarenta y siete —respondió.

Al verla vi sus ojos irritados, yo seguía sin saber lo que estaba pasando, en el camino mi hermana estuvo en completo silencio.

  • ¿Qué pasó, mamá? —pregunte mientras que Stella corría hacia adentro del hospital.

—han intoxicado a tu padre, está muy grave. —dijo con un sollozo.

No sabía ni que pensar, en cuanto oí eso me dirigí con prisa hacia la habitación donde estaba mi padre.

  • ¿Cómo está papá? —le pregunta a Stella al entrar a la habitación cuarenta y siete. Mi voz estaba entrecortada.

No podía respirar por todas las escaleras que subía corriendo ya que el ascensor se encontraba en mantenimiento.

Stella no dijo nada. Solo estaba sentada en una de las tres sillas que estaban pegadas a la pared de la habitación. Observaba a mi papá acostado en la camilla y por dentro empecé a presentar que las cosas iban de mal en peor. Solo veía a las personas pasar en el hospital y miraba la máquina de pulso cardíaco, esperando que esa línea siguiera subiendo y bajando.

  • ¿Cómo está mi papá, doctor? —le pregunte al doctor de inmediato en cuanto entre a la habitación.

—El veneno con el que lo intoxicaron se ha esparcido muy rapido y tememos que este muy cerca del corazón, haremos lo posible pero prepárense para lo peor —dijo tristemente —pronto cerraremos y no pueden quedarse todos, solo una persona.

—Yo me quedaré —dijo mi hermana sentada en la silla.

Ya no tenía los ojos tan llorosos, solo estaba sentada sin apartar la mirada de nuestro padre. Sabía que por dentro ella estaba destrozada,

siempre fue la más cercana a él. De pequeña, siempre lloraba cuando nos separaban de nuestro padre.




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