Más allá de la creación

Primer Verdad: Planificación

Había pasado tiempo desde que Marianne se había enfrentado a Drick, el piromante encapuchado de fuego azul. Desde entonces, meditaba diario en la antigua habitación de Xeneilky para acomodar sus recuerdos y pensamientos dentro de su privilegiada mente de piromante purpura.

Para ella era una práctica habitual desde que se dio cuenta de que poseía habilidades psíquicas, por lo que esto no extrañaba a nadie, sólo a una persona: Annastasia. Ella sabía que algo extraño sucedía, pues le tomaba más tiempo de lo normal a su líder poder acomodar sus pensamientos.

«No hay más qué hacer. ¿No lo crees?», decía una extraña y metálica voz dentro de la mente de Marianne. «Las cosas como son ahora, ya no son como lo eran antes. ¿Es en realidad necesaria la elite de fuego a como lo tenías ideado?», seguía diciendo la voz dentro de su cabeza, sin cesar y con algo de misterio en su hablar. «Dime, entonces: ¿Qué vas a hacer, Marianne?».

Fue ahí cuando Annastasia tocó la puerta de la habitación, abierta lento después.

—Marianne... —dijo la chica de ojos ámbar mientras al entrar al cuarto oscuro, intentado no hacer enojar a su mejor amiga.

—Annastasia. Pasa, por favor. Puedes usar la silla como siempre —aclaró Marianne señalado el mueble que usaba Xeneilky para trabajar en su escritorio, pues ella se encontraba sentada en la cama. Ambas vestían prendas casuales, en las cuales se notaban muy cómodas.

—Sí, perdona que te interrumpa. —La mujer cerró la puerta detrás y se acomodó en la silla frente a Mariannne.

—¿Pasó algo?

—Nada en especial. Sólo quería saber lo obvio.

—Ya ha pasado algo de tiempo, ¿no es así?

—Efectivamente —respondió Annastasia, fría y con cierto tono de preocupación—, no obstante, estoy de acuerdo en que hay que comenzar casi desde cero. Hay muchas cosas qué contemplar y necesitamos estar listos para lo que sea.

—En eso estoy de acuerdo. Aun así, ya hemos perdido mucho tiempo desde que llegamos aquí. Tenemos suerte de aún tener este lugar para mantenernos en el anonimato hasta nuevas noticias, aunque eso implique estar encerradas bajo piedras como malditas ratas —expresó Marianne nada contenta.

—¿Cuándo iras a Catopolis?

—Deberíamos de ir de una vez —corrigió lo dicho al ver a su amiga con sus ojos azul eléctrico.

—¿Sabes cuándo será?

—Dentro de un año, aproximadamente.

— Aún hay tiempo.

—Ni siquiera saben si sigo con vida.

—No subestimes a las bestias gato —tajó la mujer de ojos ámbar—. Te he advertido más de una vez esto y no voy a cansarme de hacerlo hasta que entiendas, Marianne: Las demás razas no son como los humanos, sus capacidades son mucho mejores que las nuestras y es difícil saber con exactitud lo que pueden o no ver, escuchar y percibir. Sí, no había pista alguna de que Nono estuviera cerca; pero yo no me confiaría en decir que no sabe que estamos con vida.

—Al menos sé que no está consciente de Joseph. Todos lo vieron morir en esa ocasión. En los siete reinos, es el único que se sabe «sin dudas» que está muerto.

—Tal parece.

—¿Cómo sugieres que comencemos con esto? ¿Qué propones? —preguntó la líder con algo de apatía, a la par que su amiga cerraba sus ojos y pensaba un poco.

—Creo que es menester que sepas lo que sucedió en el mundo desde que terminó el tercer juicio —respondió la mujer al separar sus parpados.

—Eso ya lo sé.

—Pero no a detalle —tajó Annastasia—. Es importante que tengas una idea de cómo las cosas se han ido dando con los años en cuanto a las relaciones entre los siete reinos y su formación tanto social como política. Si queremos gobernar Terra Nova y a los humanos, debes entender en qué situación se encuentra nuestro reino y qué relación tiene con los demás. Además de las posibles amenazas a las que te vas a enfrentar pronto. Si quieres ganarte a la gente de Terra Nova, primero debes gobernar a sus facciones, y para hacerlo, antes debes tener comiendo a los demás reinos de la palma de tu mano.

—Eso será algo complicado después de lo que sucedió en el coliseo. Aún más que no poseemos a Xeneilky para que nos ayude con su increíble habilidad de «destrucción» —encaró la pelirroja sin pensarlo dos veces, puesta derecha y llevada su mano izquierda a su mentón.

—Resolveremos esos detalles después. Primero necesito que escuches toda la información que te voy a dar —Annastasia hizo una pausa antes de continuar y respirando muy hondo—. Te he de advertir que es mucho lo que ha sucedido y que todo lo que te diré es lo que considero más relevante en cuanto a la historia del mundo. ¿De acuerdo?

—Entiendo.

—Bien. Año 0 después del Tercer Juicio: Las bestias sagradas durmieron a los humanos que sobrevivieron y los enviaron al Lux Mundi, lugar cuyo verdadero nombre es «Riitenhak». Una vez hecho esto, les tomó aproximadamente una semana y tres días reconstruir el mundo entero, formando Gaia II a como se le conoce en gran parte el día de hoy. —Marianne quedó estupefacta ante la declaración.

—Diez días. ¿Les tomó sólo diez días reformar todo?

—Se dice que hubieran sido sólo siete de haber recibido la ayuda de Xeneilky. Tal vez menos.

—Demonios, las bestias sagradas...

—Son más de lo que aparentan. Lo sé —asumió la mujer, provocado que su amiga frunciera el ceño de forma ligera y le declarara una mirada de enojo y miedo—. Apenas comenzamos, Marianne —aclaró Annastasia, al mismo tiempo que continuaba contando todo lo que necesitaba saber para entender lo que había pasado en el mundo.

Por otro lado, cerca de la puerta se encontraban Joseph y Kantry intentando espiar un poco a las mujeres encerradas en aquella oscura habitación, mismas que parecían sólo platicar entre ellas.

—Tengo un mal presentimiento sobre esto —susurró Kantry a su amigo, preocupada.

—Yo creo que por fin entraremos en acción de nuevo. Ya estoy cansado de pasármela encerrado aquí, sólo jugando videojuegos y comiendo lo poco que tú y Ken logran recolectar de Terra Nova —respondió Joseph con una voz que sonaba a capricho, siendo al final codeado por su amiga.




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