Mas alla de la luna: La leyenda de Mein Yin.

Capitulo 34

—Xiao Ba, no me refería a tu ropa.

—¿Entonces? —fruncí el ceño, aún intentando entender a qué se refería.

—Puedo ver tus dudas... Desde que escuchaste el origen de mi señora, tus pensamientos no han dejado de fluir con inquietud. Sé que eres su hermano adoptivo, y según la profecía, en la vida de mi señora hay un hombre que la protege. Tú... tú encajas en ese perfil. Por eso quisiera conocerte mejor, y así ayudarte a encontrar algunas respuestas.

Fruncí una ceja, aún más confundido.

—¿Ahora resulta que también soy parte de esa extraña profecía? —murmuré. Todo aquello era demasiado. Aún no terminaba de digerir lo que había visto. Jamás imaginé a Yin en un estado tan feroz, tan fuera de sí... y mucho menos que existiera la magia. Si pudiera pedir un deseo en este momento, sin duda sería que alguien borrara este día de mi memoria.

La joven terminó de ayudarme a cambiarme y, con un gesto sutil de sus dedos, utilizó esa extraña energía suya para secar mi ropa. Luego, sin decir una palabra, salimos juntos de la cabaña. No nos alejamos demasiado. No quería que mis amigos se preocuparan, pero sentía la necesidad de aclarar mi mente. Era extraño... Por lo general, si salgo a pasear, lo hago con la pequeña Xyn o con mi prima Jin'er, y aunque son agradables, me siento como su niñero más que su compañero. Hoy, sin embargo, caminaba con alguien que... aunque parecía de mi edad, claramente no lo era.

—Entonces... ¿dices venir del Reino Celestial? —pregunté con timidez, intentando romper el hielo que, a mi parecer, era grueso como un muro.

—No diría exactamente que vengo de allí... —respondió ella, tranquila.

—¿No? Pero hace rato dijiste que...

—Nunca afirmé que viniera de allá —me interrumpió con gentileza.

—Entonces... ¿cómo conoces a Yin?

La sinsaya suspiró, y algo en su mirada se tornó nostálgico.

—Ella me creó. Cuando su padre las envió a ese mundo desolado, sin compañía, sin recursos... Yin y sus hermanas comenzaron a descubrir su poder. Entre sus habilidades, descubrieron que podían dar vida. Así, nos crearon... para que fuésemos sus compañeras. Yo nací de ella.

—¿Yin te creó...? ¿Tú estás viva gracias a Yin?

Ella asintió con un leve movimiento de cabeza.

—Y por eso, eternamente, le estaré agradecida por cada segundo de mi existencia.

—¿Aun cuando lo que has visto en su vida ha sido dolor y tristeza?

La joven se detuvo, mirándome con firmeza.

—No todo ha sido oscuridad. Hubo un tiempo en que mi señora era feliz... En que reía con libertad, en que conocía el amor. Hubo luz.

Guardé silencio. Y entonces, como si un hilo de pensamiento se desatara en mi mente, murmuré:

—Ahora que lo mencionas... ¿Por qué cada luna llena Yin tiene esos ataques?

La sinsaya desvió la mirada. Su expresión se tornó sombría.

—Cuando las portadoras abandonaron su vida inmortal para cumplir la última profecía... ocurrió una tragedia. Sus padres adoptivos murieron en un incendio. En ese momento de vulnerabilidad, un líder de uno de los clanes demoníacos las encontró. Reconoció lo que eran. Para él, encontrarlas fue como hallar oro celestial... y decidió moldearlas a su voluntad.

Se detuvo por un momento.

—A cada una le dio un pétalo de Heraico, una flor que sólo florece una vez cada quinientos años... y que muy pocos se atreven a usar.

—¿Es peligrosa? —pregunté.

—Es letal. Ese demonio la usó como catalizador para transformarlas. Pero no pudo controlar del todo la transformación. En Yin... solo logró sellar sus sentidos y emociones. Ahora que es humana, su cuerpo no tolera el desequilibrio genético. Por eso, en cada luna llena, sus tres esencias despiertan y luchan entre sí. Es una batalla interna... una guerra en su mente.

—¿Pero nunca gana ninguna? ¿Ninguna de esas esencias logra tomar el control?

—Cada vez que el conflicto estalla, yo intento intervenir. Tomar control parcial. Pero es difícil. Son tres mentes distintas. Tres fuerzas antiguas. Y el cuerpo de una portadora no fue diseñado para albergar semejante caos.

—Pero... si ese es el único problema, ¿por qué no puede llevar una vida normal? Casarse, tener hijos, vivir como una mujer cualquiera... Ni siquiera soporta ser tocada.

La sinsaya volvió a detenerse.

—Porque es el destino que el Rollo Sagrado eligió para las portadoras. Tienen una misión que cumplir. Si rompen la regla... no habrá retorno. Y el Rollo tomará acción.

—¿Qué misión? Desde que llegaste has hablado de profecías... ¿Cuál es esa última profecía?

La joven me miró de frente. Por un segundo, sentí como si mi alma quedara desnuda ante su mirada. Entendí que no solo me estaba observando... estaba viendo dentro de mí.

—Xiao Ba, hijo del General Hyung y la princesa JinJoo. Hermano adoptivo de mi señora... —dijo con una voz casi etérea—. Lo que viene... no me corresponde a mí revelarlo. Pero antes de venir aquí, vislumbré parte del futuro. Y tú... tú ocuparás un lugar clave para que mi señora alcance la última etapa de su misión.

Me quedé sin habla.

—Serás quien la ayude a llegar a la recta final. Pero nada de lo que está por venir será fácil. Todo cambiará. Sus vidas, sus vínculos... sus corazones. Sin embargo, si se mantienen unidos, podrán resistir.

—¿Resistir... qué?

—Cuando la cuenta regresiva comience, será la señal. El momento de retroceder... y permitir que ella continúe sola. Solo así podrá cumplir lo que fue escrito antes del tiempo.

—¿Cuenta regresiva...? ¿A qué te refieres?

Pero no respondió. Solo bajó la mirada y se volvió a perder en el silencio del bosque.




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