Más allá de lo desconocido

La llave y la traición

No durmieron bien esa noche.

Elena no dejaba de mirar la foto que habían encontrado en el molino. La chica de la foto era su abuela, no había duda. Joven, con el pelo largo, sonriendo junto a otros dos muchachos. En el reverso, la advertencia seguía quemándole los dedos: “No confíen en quien los guió hasta aquí”.

Al día siguiente, en el colegio, el profesor Alvarado estaba hablando de leyendas locales. Era el profesor de historia, el favorito de todos, el que siempre contaba historias de tesoros perdidos.

— ...y se dice que los fundadores de este pueblo escondieron algo muy valioso antes de morir. Algo que nunca fue encontrado — dijo, mirando directamente a Elena, a Marcos y a Lucía.

Elena sintió un escalofrío.

Después de clase, el profesor se les acercó.

— Supe que estuvieron en el molino ayer. Con cuidado, ese lugar es peligroso.

— ¿Cómo supo que fuimos al molino? — preguntó Marcos, tenso.

El profesor sonrió.

— Pueblo chico. Todo se sabe. ¿Encontraron algo interesante?

Lucía apretó la mochila donde estaba la caja de metal. Negaron con la cabeza.

Esa tarde se colaron en la biblioteca municipal. La llave que habían encontrado era demasiado grande y extraña para ser de una casa normal. Tenía grabado el mismo ojo del mapa.

La bibliotecaria, una señora mayor, los vio intentar abrir cajones.

— Esa llave... — dijo, pálida — ¿De dónde sacaron eso?

— La encontramos — dijo Elena.

— Esa llave abre el archivo histórico. El que está cerrado desde hace cuarenta años. Nadie tiene la llave. Se perdió cuando... — se interrumpió — cuando tu abuela y sus amigos desaparecieron una semana entera en el bosque.

El archivo era una puerta de hierro al fondo de la biblioteca, cubierta de polvo. La llave encajó perfecto. Un clic seco retumbó en toda la sala.

Dentro no había libros. Había un solo baúl de madera. Y sobre él, un cuaderno. El diario de la abuela de Elena.

La primera página decía:

“Si estás leyendo esto, es porque encontraste el mapa. No se lo muestres al Profesor A. Él fue quien nos traicionó. Él quiere Terra Desconocida para él solo. Nosotros lo detuvimos una vez. Ahora te toca a ti.”

El profesor Alvarado. La A.

La puerta de la biblioteca se abrió detrás de ellos. Unos pasos se acercaban lentamente.

— ¿Qué hacen aquí? — Era la voz del profesor Alvarado.

No había escapatoria.




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