El corazón de Elena se detuvo.
El profesor Alvarado estaba en la puerta del archivo, con su sonrisa tranquila de siempre. Pero sus ojos no sonreían.
— La biblioteca cierra a las cinco. No deberían estar aquí — dijo, dando un paso adentro.
Marcos se puso delante del baúl para taparlo con su cuerpo.
— Nos... nos mandó la bibliotecaria a buscar un libro — improvisó Lucía. Su voz temblaba.
Alvarado miró la llave que seguía puesta en la cerradura de hierro. Su expresión cambió por una fracción de segundo. Codicia. Pura codicia.
— Esa llave... ¿dónde la encontraron? — preguntó, ya sin disimular.
— En el molino — soltó Elena sin pensar. Se arrepintió al instante.
El profesor dio otro paso. Ahora estaba a solo dos metros.
— Denme el diario. Y el mapa. Ese mapa no es para niños. Es peligroso.
— ¿Cómo sabe lo del mapa? — preguntó Marcos.
— Porque yo mismo lo escondí hace veinte años — dijo Alvarado, y cerró la puerta del archivo detrás de él —. Y tu abuela, Elena, me prometió que nunca nadie lo volvería a encontrar.
Antes de que pudiera agarrarlos, Lucía gritó y tiró al suelo una pila de cajas viejas que había junto a la pared. Los papeles volaron por todos lados. Aprovecharon el caos para correr, agarrando el diario y el baúl pequeño que estaba dentro del grande.
Salieron corriendo de la biblioteca sin mirar atrás. No pararon hasta llegar a la casa de Elena.
Con la puerta cerrada, abrieron el diario de la abuela. La letra era apurada, nerviosa.
12 de agosto de 1985. Alvarado no es quien dice ser. No es profesor. Llegó al pueblo buscando Terra Desconocida. Nos usó. Nos dijo que era un historiador. Nos hicimos amigos. Le mostramos el mapa que encontramos en la iglesia. Y luego nos siguió hasta las Montañas de la Niebla.
13 de agosto. Vimos algo en el territorio. Algo que no debía ser visto. Algo que cambia a la gente. Alvarado quiso llevarse una parte. Le dijimos que no. Peleamos. Decidimos esconder el mapa en tres partes y juramos no volver jamás.
14 de agosto. Escondí mi parte en el molino. Si alguien lee esto, que sepa: el territorio no es un tesoro. Es una advertencia. Y Alvarado volverá por él. Siempre vuelve.
La última página tenía un dibujo: el mapa completo, pero con una marca que el mapa de ellos no tenía. Una cuarta ubicación.
El cementerio viejo del pueblo.
— El baúl — susurró Elena.
Abrieron el pequeño baúl que habían robado del archivo. Dentro no había oro.
Había otra pieza del mapa. Y una foto nueva: el profesor Alvarado, joven, junto a la abuela de Elena. Pero en la foto, Alvarado no había envejecido ni un día.
Era exactamente igual que ahora.
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aventura peligrosa tras la verdad oculta, mapa antiguo con un secreto muy mortal.., jóvenes tras una leyenda muy peligrosa..
Editado: 31.08.2026