La foto les temblaba en las manos.
El profesor Alvarado de 1985 era idéntico al de ahora. Misma cara, misma ropa, mismo reloj. Eso era imposible. Habían pasado cuarenta años.
— Tiene que ser su hijo... o... — Lucía no se atrevía a decir la otra opción.
— Mi abuela nunca me dijo que conocía al profesor — dijo Elena, con la voz quebrada —. Nunca. ¿Por qué?
Esa noche no podían ir al cementerio. Pero al día siguiente era sábado. Sin clases.
Quedaron a las once de la noche en la entrada del cementerio viejo. El que ya nadie visitaba, detrás de la iglesia. El diario decía: “La segunda parte está donde los que no tienen nombre descansan”.
El cementerio estaba oscuro y lleno de niebla. Era la primera vez que sentían de verdad las Montañas de la Niebla acercándose, aunque estaban a kilómetros.
— Aquí no hay nadie enterrado sin nombre — dijo Marcos, alumbrando con la linterna.
— Sí hay — dijo Elena —. Los fundadores. Las tumbas sin cruz del principio del pueblo.
Al fondo, había tres lápidas de piedra, muy viejas, sin nombre, solo con el símbolo del ojo grabado.
Debajo de la lápida del medio, la tierra estaba removida. Fresca.
Alguien había estado ahí antes que ellos.
Marcos metió la mano. Sus dedos tocaron algo frío. Metal. Era otra caja, igual a la del molino.
Pero antes de que pudiera sacarla, una luz los cegó.
Una linterna potente desde la entrada del cementerio.
— ¡Sabía que vendrían! — Era la voz del profesor Alvarado. Pero esta vez no sonaba amable. Sonaba furioso.
Detrás de él había una figura más alta, con un sombrero negro y un abrigo largo que le cubría la cara. No era del pueblo. Nunca lo habían visto.
El hombre del sombrero no dijo nada. Solo levantó una mano y señaló la caja que Marcos tenía a medio sacar.
— Esa caja me pertenece — dijo Alvarado —. Su abuela me la robó, Elena. Ahora devuélvanmela y olvidamos todo esto.
— ¿Quién es él? — gritó Lucía, señalando al hombre del sombrero.
Alvarado sonrió por primera vez de forma cruel.
— Él es el que cuida que nadie entre a Terra Desconocida. Y ustedes ya entraron demasiado.
El hombre del sombrero dio un paso hacia ellos. La niebla a su alrededor parecía moverse sola.
Elena tomó una decisión. Agarró la caja con fuerza y corrió hacia la parte trasera del cementerio, hacia el bosque. Hacia donde el mapa decía que empezaba el Bosque Sombrío.
— ¡CORRAN! — gritó.
Y los tres se metieron corriendo entre los árboles, con el profesor y el hombre del sombrero pisándoles los talones.
Detrás de ellos, la niebla del bosque se abrió sola, como si los estuviera esperando.
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aventura peligrosa tras la verdad oculta, mapa antiguo con un secreto muy mortal.., jóvenes tras una leyenda muy peligrosa..
Editado: 31.08.2026