Más allá de lo desconocido

La historia olvidada

El mapa negro quemaba en las manos de Elena, pero no la quemaba a ella. Quemaba a la Guardiana.

Cuando Elena gritó "¡Quiero cerrar la puerta!", todas las estanterías flotantes de Terra Desconocida se detuvieron en el aire.

La Guardiana dorada gritó. No de furia. De miedo.

— ¡No sabes lo que haces! ¡Si cierras la puerta, me condenas al olvido!

— Eso es lo que haces tú — dijo Elena, y por primera vez no tuvo miedo —. Condenas a la gente al olvido para vivir tú.

En ese momento, el abuelo de Elena —el hombre del sombrero— habló por primera vez. Su voz era profunda y vieja.

— Hace trescientos años, este pueblo no existía. Solo había hambre y guerra. Los fundadores encontraron esta montaña. Y dentro encontraron a una mujer. Ella no era mala al principio. Era una niña que podía recordar todo. Todo lo que todos olvidaban. La gente empezó a traerle sus recuerdos tristes para no sufrir más. Sus guerras, sus muertes, sus culpas. Y ella los guardó.

— Pero un recuerdo no puede guardarse para siempre sin cobrar algo — continuó la abuela —. Cada recuerdo le quitaba un poco de vida. Para no morir, empezó a necesitar que alguien se quedara con ella. Una Guardiana. Y luego otra. Y otra. Terra Desconocida no es un tesoro. Es una tumba de recuerdos que se hizo demasiado grande.

La Guardiana cayó de rodillas. Su forma dorada se hacía cada vez más pequeña, más humana.

— Yo solo quería que no me olvidaran — susurró.

Elena caminó hacia la cuna de niebla del centro. El bebé de niebla ya no lloraba. La miró.

— No te vamos a olvidar — le dijo Elena —. Pero no así.

Levantó el mapa negro sobre la cuna.

El mapa, que había sido azul cuando era una aventura, rojo cuando fue peligro, y dorado cuando fue una tentación, ahora era negro porque era una decisión.

Lo partió a la mitad.

¡CRACK!

Un sonido seco retumbó por toda la montaña. El puente roto volvió a aparecer, pero esta vez firme, de piedra real, conectando los dos lados del abismo.

Marcos y Lucía cayeron al suelo, libres de la niebla. Corrieron hacia Elena.

— ¡Tenemos que salir! ¡Todo se está cayendo! — gritó Marcos.

La Guardiana los miró una última vez, ya casi transparente, y sonrió. Una sonrisa de verdad, por primera vez en 300 años.

— Gracias.

Y desapareció en polvo dorado que se fue volando hacia el cielo.

Tierra Desconocida empezaba a derrumbarse de verdad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.