Más allá de lo desconocido

Epílogo - Cinco años después

Cinco años después, Elena tenía 17 años. Ya no vivía en el pueblo. Estudiaba en la ciudad.

Marcos y Lucía seguían siendo sus mejores amigos. El profesor Alvarado murió un año después, tranquilo, en su casa. La abuela de Elena también, pero feliz, en su cama, rodeada de su familia de verdad. El abuelo nunca volvió a ponerse el sombrero.

Elena no había vuelto a las montañas. Hasta ese verano.

Volvió porque su mamá le dijo que iban a demoler el viejo molino del cementerio para construir una carretera.

Fue sola, al atardecer, para despedirse.

El molino estaba vacío, lleno de polvo. Pero en la pared donde hace cinco años habían encontrado la primera caja, había algo nuevo.

Alguien había tallado a mano un símbolo que no conocían. No era un ojo. No era un triángulo.

Era una puerta abierta.

Debajo, escrito con tinta fresca, decía:

“ELENA. NO TODO SE CERRÓ. QUEDÓ UNA BIBLIOTECA AFUERA. TE ESPERO DONDE EMPIEZA EL RÍO. — M.”

Elena se quedó helada. M. Solo conocía a una M que escribiera así.

Marcos entró corriendo al molino detrás de ella.

— ¿Lo viste? — preguntó Marcos, sin aire —. Lucía lo encontró también. En el bosque. Hay huellas nuevas. No son nuestras. Y el río... el río del mapa azul está brillando otra vez.

Elena miró el símbolo de la puerta abierta. Por un segundo, juró que la pared del molino tembló.

La historia de Tierra Desconocida se había cerrado.

Pero la historia de lo que había quedado afuera, acababa de empezar.




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