Más allá de tus ojos

Prólogo

 

La puerta del salón se abre relevando al profesor y a un chico alto, moreno y castaño. Sus ojos claros vagan por el lugar unos segundos antes de detenerse en los míos; entonces giro mi rostro e intento ocultar mi sonrojo mirando por la ventana al inmenso árbol del patio trasero.

Suspiro.

«Es tan lindo…»

El profesor Malcon dice algo, pero no soy capaz de entenderlo, me limito a poner la vista en mis apuntes y concentrarme para resolver el problema de la clase pasada. Se me es difícil captarlo, no sé por qué, me confunden tantos números y letras juntas.

Al cabo de unos instantes, tengo la sensación de ser observado, así que levanto la vista y, de inmediato, me encuentro con unos orbes azules bastantes familiares mirándome con desdén, con burla mezclada.

—Señor Walker, estábamos esperando por usted. —Las carcajadas se hacen presentes y de pronto quiero desaparecer. No obstante, me las arreglo para mantener mi expresión de siempre: inmutable—. Él es nuestro nuevo alumno, Leonardo Cruz, viene de intercambio y nos acompañará por lo que queda de año escolar. Espero que todos sean muy amables con él —dice, y yo no puedo comprender por qué me ha llamado la atención para esto—, en especial usted, Walker; se encargará de enseñarle las instalaciones y de orientarlo, eso le dará los créditos que necesita en mi materia.

«Idiota...»

Luego de haberme señalado como deficiente, le indica a Leonardo que se siente a mi lado y se voltea, dispuesto a copiar más estúpidos ejercicios. Me remuevo en mi asiento, incómodo, a medida que se va a acercando. Nunca he sido bueno socializando y el declinar la oferta del profesor no es una opción para mí: necesito acumular los puntos que pueda...

¿Qué se supone que deba hacer ahora, fingir que no me importa y que es invisible o saludarlo y ayudarlo con lo que necesito? En definitiva, la segunda no es una buena idea, tampoco lo suficientemente aceptable para mí.

«No puedes dejar que la oportunidad se te vaya de las manos, Ian».

Una vez que se acomoda en el asiento, tomo una respiración profunda y decido que no le hablaré si no es estrictamente requerido.

 



Milá Zelah

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Editado: 18.04.2018

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