Más Allá del Césped

Prólogo

El bullicio de la cafetería llenaba el espacio con un murmullo constante. Entre las tazas de café humeantes y los platos que chocaban al ser recogidos, Olivia movía sus manos con precisión casi automática. Sonreía al cliente de turno, tomaba notas, servía pedidos. Todo en su rutina transcurría con la monotonía de quien ha hecho lo mismo demasiadas veces. Pero ese día, como tantos otros, había algo que rompía la uniformidad: él.

Desde su rincón favorito, Axel bebía su café con calma, charlando con algunos de sus compañeros. A primera vista, no parecía distinto de cualquier otro joven. Llevaba una sudadera simple, unos vaqueros cómodos, y una gorra que disimulaba su rostro de las miradas curiosas. Pero para Olivia, era imposible no notarlo. Había algo en su presencia que la mantenía atada a una extraña mezcla de admiración y nerviosismo.

Desde que lo vio por primera vez, meses atrás, algo en ella había cambiado. No era solo que reconociera su nombre o su fama. Era cómo se movía, con esa tranquilidad que lo hacía parecer ajeno al ruido que su nombre generaba. Era la forma en que sonreía, siempre discreta, casi privada. Y aunque nunca había intercambiado con él más palabras que un "¡Buen día!" o un "¿Te pongo lo de siempre?", Olivia se había dado cuenta de que esperaba sus visitas más de lo que debería.

-Olivia, la mesa tres está pidiendo la cuenta -le recordó su compañera, arrancándola de su ensoñación.

-Voy enseguida -contestó con rapidez, sintiendo el calor subirle a las mejillas.

Regresó a la barra para dejar un par de platos vacíos. Sus ojos, involuntariamente, buscaron de nuevo a Axel. Él seguía allí, ajeno a su mirada, como siempre. En ese momento, una risa de sus acompañantes llenó el espacio, y Axel sonrió con una sinceridad que iluminó su rostro. Olivia se permitió una fracción de segundo para atesorar esa imagen antes de volver al trabajo.

-Estás perdiendo el tiempo -comentó su compañera con tono burlón al pasar junto a ella-. Ese chico ni sabe que existes.

Olivia no respondió. Sabía que tenía razón. Axel vivía en un mundo completamente diferente al suyo. Un mundo de luces, estadios llenos y cámaras siempre apuntando. Y ella, con su uniforme sencillo y su vida modesta, no era más que parte del paisaje cotidiano. Pero a pesar de todo, no podía evitar que algo en su interior siguiera alimentando un sueño absurdo, una esperanza que ella misma consideraba ridícula.

Quizá solo se trataba de admiración, se repetía. O quizá era algo más. Algo que había arraigado en su corazón sin que ella se diera cuenta. Algo que no se atrevería a confesar ni siquiera a sí misma.

Mientras tanto, Axel terminó su café, dejó un billete sobre la mesa y se levantó para marcharse. Olivia, desde la distancia, lo siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta. Su rutina continuaría, igual que siempre. Pero por un instante, mientras recogía los restos de su mesa, permitió que su mente divagara en un "qué pasó si..." tan fugaz como el aroma del café que él había dejado atrás.




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