Olivia no sabía cómo sentirse al día siguiente. Durante toda la noche, el recuerdo de lo sucedido en el café se repitió en su mente como una cinta sin pausa. Marcus y su comentario imprudente, la incomodidad en la cara de Axel, y, sobre todo, la pregunta que no la dejaba en paz: ¿había hablado de ella?
Con el amanecer, llegó la determinación de dejarlo atrás. Necesitaba seguir trabajando como siempre, centrarse en su rutina. Pero, al llegar al "Café Rosales", esa resolución comenzó a desmoronarse en cuanto vio la mesa que el grupo de Axel había ocupado el día anterior.
Respiró hondo. No podía seguir dejando que eso la afectara.
—¡Buenos días! —dijo Sara con su habitual energía mientras limpiaba la máquina de café.
—Buenos días.
—¿Estás bien? Tienes cara de haber dormido fatal.
—Estoy bien, solo un poco cansada.
Sara la miró con una ceja levantada, claramente incrédula, pero decidió no insistir.
El flujo de clientes fue constante durante las primeras horas del día, algo que Olivia agradeció. El trabajo le permitía distraerse, perderse en los movimientos repetitivos de servir cafés, tomar pedidos y limpiar mesas. Sin embargo, esa tranquilidad duró poco.
Pasado el mediodía, la puerta del café se abrió y Olivia sintió cómo se le tensaban los hombros antes siquiera de girarse para mirar. Era Axel, esta vez solo. Vestía una sudadera gris con capucha y unos vaqueros oscuros. Su presencia, aunque discreta, llenó el espacio de una forma que solo él parecía lograr.
Sara le dio un pequeño codazo, sus ojos brillando con picardía.
—Tu amigo famoso está de vuelta.
—Sara, por favor.
—No digo nada, pero si esta vez no hablas con él, voy a empezar a pensar que te da miedo.
Olivia no respondió. En lugar de eso, tomó aire y se dirigió a la mesa donde Axel había decidido sentarse, esta vez en una esquina más apartada.
—Hola. Bienvenido de nuevo.
Él levantó la mirada y le dedicó una pequeña sonrisa.
—Hola, Olivia.
El simple hecho de que recordara su nombre hizo que su corazón diera un pequeño salto.
—¿Lo de siempre? —preguntó, tratando de mantener un tono neutral.
Axel pareció considerar la pregunta por un momento antes de asentir.
—Sí, por favor.
Ella regresó a la barra y comenzó a preparar el café. Sentía la mirada de Sara clavada en su nuca, pero no se giró. Cuando la bebida estuvo lista, la llevó a su mesa con el mismo cuidado de siempre.
—Aquí tienes.
—Gracias. —Axel hizo una pausa, como si estuviera buscando las palabras adecuadas—. Quería disculparme otra vez por lo de ayer.
Olivia se sorprendió. Había esperado que él ignorara lo sucedido, que pretendiera que todo estaba bien.
—No tienes que disculparte. No fue tu culpa.
—Lo sé, pero igual... no me gustó cómo se dio todo.
Por un momento, el silencio se instaló entre ellos. Olivia estaba a punto de marcharse cuando Axel la detuvo.
—¿Tienes un momento?
Ella dudó, mirando a su alrededor. El café estaba tranquilo, y Sara se ocupaba de los pocos clientes que había.
—Supongo que sí.
—¿Puedo preguntarte algo? —Axel parecía incómodo, como si lo que estaba a punto de decir le costara más de lo que debería.
—Claro.
—¿Te molestó lo que dijo Marcus?
Olivia no supo qué responder al principio. No quería parecer demasiado afectada, pero tampoco podía mentir del todo.
—No sé... Supongo que me sorprendió. No estoy acostumbrada a ese tipo de comentarios.
Axel asintió, como si entendiera perfectamente lo que quería decir.
—Marcus tiene una boca muy grande. No fue su intención incomodarte, pero entiendo que lo hiciera.
Ella lo miró, tratando de descifrar sus palabras. Había algo en su tono que parecía más personal de lo que esperaba.
—¿Por qué lo dijo? —preguntó finalmente, sin poder evitarlo.
Axel bajó la vista a su café, removiéndolo con la cucharilla sin probarlo.
—Es complicado.
—¿Complicado? —repitió Olivia, sintiendo que su corazón comenzaba a acelerarse.
Él levantó la vista, sus ojos encontrándose con los de ella.
—Sí. A veces hablo demasiado sobre las cosas que me gustan.
El comentario la tomó por sorpresa. No estaba segura de qué significaba exactamente, pero había algo en su tono que hizo que sus mejillas se encendieran.
—¿Como el café? —intentó bromear, aunque su voz sonó un poco más temblorosa de lo que le habría gustado.
Axel sonrió, una sonrisa pequeña pero auténtica.
—Algo así.
El momento se rompió cuando un cliente en la barra llamó a Olivia, y ella se levantó apresuradamente.
—Tengo que atender eso. Si necesitas algo más, avísame.
Él asintió, dejándola ir sin insistir.
Durante el resto de la tarde, Olivia no pudo evitar pensar en la conversación. Había algo en las palabras de Axel, en su forma de mirarla, que parecía diferente. Más personal, más cercano. Pero al mismo tiempo, no sabía si estaba leyendo demasiado entre líneas.
Cuando Axel finalmente se levantó para irse, dejó el dinero exacto sobre la mesa, pero esta vez añadió algo más: una servilleta doblada cuidadosamente. Olivia esperó a que él saliera antes de recogerla.
Al abrirla, encontró una breve nota escrita a mano:
"Gracias por el café. Y por la paciencia."
Aunque las palabras eran simples, Olivia sintió que había algo más detrás de ellas. Algo que no podía explicar, pero que hacía que su día, por más confuso que hubiera sido, terminara con una pequeña sonrisa en su rostro.
El resto de la semana transcurrió en un delicado equilibrio. Axel volvía al café con más frecuencia, aunque siempre trataba de mantener un perfil bajo. Olivia, por su parte, intentaba actuar con normalidad, pero cada vez que lo veía entrar por la puerta, sentía cómo su mundo se detenía por unos segundos.
Había algo diferente en su trato. Las conversaciones entre ellos eran breves, a menudo limitadas al intercambio de palabras cordiales, pero cada vez cargadas de una sensación de complicidad que antes no estaba ahí. Axel siempre parecía encontrar una excusa para quedarse un poco más: un mensaje por responder, un último sorbo de café que demoraba, o simplemente mirar por la ventana con aire distraído.