Olivia se quedó allí, de pie, mirando a Axel con el corazón acelerado. Había esperado tanto este momento, y ahora que lo tenía, la realidad era aún más deslumbrante de lo que había imaginado. La cercanía de él, la forma en que su mirada se cruzaba con la suya, el suave murmullo de su voz. Todo parecía estar en cámara lenta, una sensación de calma y excitación mezcladas que la envolvían por completo.
Él había marcado un gol espectacular, y aunque no era la razón principal por la que había decidido ir hasta allí, ese gesto de dedicárselo a ella había sido como un regalo. Sentía que algo más estaba floreciendo entre ellos, algo que se alejaba de las interacciones superficiales y de las miradas furtivas en el bar. Pero, justo cuando estaba a punto de responderle, la puerta del vestuario se abrió de golpe, y un grupo de compañeros de equipo de Axel irrumpió en el pasillo.
—¡Axel! ¡Qué golazo, chaval! —exclamó James, con una sonrisa traviesa en su rostro. El joven centrocampista estaba empapado en sudor, pero su energía no se había disipado lo más mínimo. —Eso fue para dejarles claro quién manda en el campo.
Le siguió Fermín López, con una risa contagiosa, que no podía dejar de comentar lo que acababa de ver. —¡Ni que estuviéramos en un partido de Champions! ¡Axel, eres una máquina! —y antes de que Axel pudiera contestar, Fermín ya había soltado una serie de bromas sobre su rendimiento en el partido.
Olivia observaba la escena en silencio, el calor que antes la envolvía se transformó en una sensación incómoda. Los chicos se reían entre sí, compartiendo anécdotas del partido, bromas pesadas y gestos efusivos de camaradería. La risa de James llenaba el pasillo, pero Olivia, en cambio, sentía cómo su cuerpo se tensaba. Era como si de repente se sintiera invisible, un personaje secundario en una historia que no le pertenecía. Aunque Axel seguía allí, en la misma proximidad, el espacio entre ellos parecía haberse ampliado.
La mirada de Axel se desvió hacia sus compañeros, y sin darse cuenta, Olivia sintió que todo se desmoronaba a su alrededor. Estaba clara la complicidad que compartían, la familiaridad y el vínculo que no podría alcanzar simplemente con un gesto, con una sonrisa.
—¿Qué tal si nos vamos ya? —le preguntó Fermín a Axel, quien parecía dispuesto a seguir la corriente de sus amigos.
Olivia, con la mirada fija en el suelo, decidió que ya había tenido suficiente. Se sintió pequeña, como si no tuviera cabida en ese mundo tan alejado del suyo. No era la primera vez que se sentía desplazada, pero esta vez era diferente. Estaba frente a un chico como Axel, al que había admirado desde hace tiempo, y de repente todo lo que había soñado se desvaneció en un mar de risas y bromas de fútbol. No estaba preparada para eso.
Con pasos vacilantes, dio media vuelta. Quería salir del vestuario, alejarse de ese ambiente que la había hecho sentirse tan fuera de lugar. La puerta se cerró detrás de ella, y mientras caminaba por el pasillo, su corazón latía con fuerza. A medida que se alejaba, una sensación de tristeza la invadió, pero también una confusión inmensa. ¿Por qué había creído, siquiera por un instante, que Axel podía ser diferente?
No lo entendía. ¿Por qué había pensado que entre ellos podría haber algo más que una sonrisa? Ella no era una famosa, no era una chica de élite, no encajaba en ese mundo. Sus pensamientos se agolpaban en su mente mientras sus pasos la guiaban hacia la salida del estadio. El sonido de los ecos de las voces de los jugadores desaparecía a medida que caminaba por el pasillo.
Pero cuando ya estaba a punto de cruzar la puerta que la llevaría fuera, una voz familiar la detuvo. Era Marcus Torres, uno de los compañeros de Axel. Olivia se detuvo en seco, sintiendo un nudo en el estómago.
—Olivia, espera —dijo Marcus, acercándose a ella con una expresión seria, algo que rara vez mostraba. Olivia lo miró, desconcertada por su tono tan diferente al habitual.
Marcus, con su característica sonrisa afable, pareció vacilar por un momento antes de hablar de nuevo. —Escucha, sé que esto te va a sonar raro, pero... me he dado cuenta de que Axel te tiene un cariño especial.
Olivia frunció el ceño, sin entender muy bien por qué Marcus le estaba diciendo eso. No era nada nuevo para ella saber que Axel era una persona amable, pero no podía dejar de preguntarse qué quería Marcus de ella en ese momento.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, notando cómo el desconcierto se reflejaba en su voz.
Marcus respiró profundamente, como si se estuviera preparando para decir algo que no quería decir. —No me malinterpretes, pero creo que deberías ser honesta contigo misma. No quiero que te acerques a Axel solo por su fama o por lo que representa. Quiero que sepas lo que significa estar a su lado, porque a veces, las cosas no son tan sencillas como parecen.
Olivia sintió como si le hubieran lanzado un cubo de agua fría. Marcus no dijo las palabras exactas, pero lo que estaba sugiriendo era claro: creía que ella solo estaba interesada en Axel por lo que él representaba. En ese instante, un nudo en la garganta le hizo casi imposible contestar.
—¿De qué estás hablando? —su voz temblaba, pero se esforzó por mantener la compostura. —Yo solo...
Marcus la interrumpió con una leve sacudida de cabeza, como si ya supiera lo que iba a decir. —Es normal, Olivia. A todos nos pasa. Pero Axel merece estar con alguien que no lo vea como una estrella, sino como un ser humano. Él es más que su nombre, y no quiero que te acerques a él por los motivos equivocados.
Sus palabras la golpearon fuerte. No sabía si estaba indignada o confundida. Era como si todo lo que había sentido por Axel, todo lo que había imaginado entre ellos, se hubiera desmoronado de repente.
—No me parece justo que pienses eso —respondió finalmente, más fuerte de lo que pensaba, sintiendo una mezcla de rabia y tristeza. —No soy como... como las chicas que buscan fama.