Más allá del juicio

Filosofía

La filosofía constituye el fundamento epistemológico de todo conocimiento, en tanto que toda ciencia emerge del cuestionamiento crítico de sus propios supuestos. Quien rehúye la reflexión confunde la inercia con paz, y eso no es calma, es anestesia cognitiva, un estado en el que la mente se adormece y la conciencia se limita a reproducir lo que otros deciden.

La filosofía no se limita a ser un cúmulo de teorías abstractas; es un instrumento de liberación intelectual. Ella nos obliga a reconocer nuestras propias limitaciones, a confrontar prejuicios heredados y a discernir entre convicciones legítimas y dogmas autoimpuestos.

Quien abdica de ella no solo se priva de conocimiento, sino que se expone a ser moldeado por discursos ajenos, a aceptar sin más lo que otros deciden que debe ser la verdad, pues allí donde se renuncia a preguntar, comienza la sumisión y se consolida la dominación intelectual.

Cada acto de reflexión es un acto de emancipación: cuestionar la moral social, el orden político, las certezas científicas o la propia percepción del mundo, es abrir grietas en la prisión de la rutina mental. La filosofía enseña que no hay realidad única, sino interpretaciones múltiples, y que todo saber depende de un contexto crítico, consciente y metódico. No basta con acumular datos; el conocimiento solo adquiere sentido cuando es entendido, cuestionado y transformado en criterio propio.

Más aún, la filosofía tiene un papel central en la educación y en la formación de ciudadanos responsables. Nos instruye para que no nos contentemos con la superficialidad, para que reconozcamos la complejidad de la vida y actuemos con ética, aún cuando nadie nos observe. Nos prepara para debatir con rigor, para discernir entre lo verdadero y lo aparente, y para resistir la manipulación política o mediática.

Ojalá algún día la colectividad despierte a la práctica del razonamiento, porque filosofar es vivir despierto: implica asumir que nada es inmutable, que todo conocimiento es provisional y que cada concepto que aceptamos debe ser evaluado, debatido y justificado. Renunciar a esta práctica equivale a renunciar a nuestra propia autonomía intelectual, a permitir que otros decidan los límites de nuestro pensamiento, y a vivir en un mundo dictado por la ignorancia organizada. La filosofía, es un compromiso con la verdad y con la libertad del espíritu humano.




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