Más cerca de lo que imaginas

Proyecto

La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
La agencia despertaba con el ruido de teclados, tazas de café y conversaciones cruzadas.
Todo seguía igual.
Excepto yo.
Me senté en mi escritorio, abrí el computador y fingí normalidad.
Correos. Briefs. Plazos.
Palabras que no dolían tanto como los recuerdos.
—Renata.
Levanté la vista.
Valentina estaba de pie frente a mi escritorio.
Impecable. Profesional.
Como si anoche no hubiera pasado nada.
—El director quiere una reunión en diez minutos —dijo—. Sala B.
Asentí sin hablar.
Caminamos por el pasillo juntas, pero separadas.
El vidrio de las oficinas reflejaba dos versiones de nosotras: adultas, exitosas, distantes.
En la sala ya estaba el equipo de marketing.
El director entró último.
—Bien —dijo—. Quiero resultados rápidos. Esta marca necesita reposicionarse y no tenemos margen de error.
Abrió una carpeta y la deslizó por la mesa.
—Valentina liderará la estrategia general.
Renata, tú estarás a cargo del concepto creativo.
Sentí varias miradas caer sobre mí.
—Trabajarán juntas —remarcó—. Todo pasa por ustedes.
Valentina no me miró.
Yo tampoco.
—¿Alguna objeción? —preguntó el director.
Nadie habló.
—Perfecto —concluyó—. Confío en ustedes.
Cuando la reunión terminó, el equipo empezó a salir.
Valentina se quedó sentada.
Yo también.
El silencio volvió a ser protagonista.
—No sabía que estabas en el área creativa —dijo finalmente.
—No sabía que aún te gustaba dar órdenes —respondí.
Me miró. Esta vez sin ironía.
—No estoy intentando controlarte.
—Eso dijiste antes.
Valentina respiró hondo.
—El pasado no puede interferir —dijo—. Esto es trabajo.
Me levanté de la silla.
—El pasado siempre interfiere —respondí—. Solo que algunos pueden fingir que no existe.
Me dirigí a la puerta.
—Renata —dijo ella—. No voy a hacerte daño.
Me detuve, sin girarme.
—Ya lo hiciste —respondí—. Ahora solo quiero que no lo repitas.
Salí de la sala.
El pasillo se sintió largo.
Demasiado largo.
Y mientras volvía a mi escritorio, entendí algo con claridad:
La agencia no era solo un lugar de trabajo.
Era el escenario donde el pasado había vuelto…
y esta vez, no pensaba quedarse en silencio.




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