Más cerca de lo que imaginas

Mi error

Fuimos a la sala creativa. Yo estaba dibujando una estrategia llena de bocetos en mi tablet, explicándole la idea a mis compañeros. Todos asentían, atentos, siguiendo cada detalle.
Hasta que Valentina se acercó.
—¿Qué haces? —preguntó, inclinándose para mirar la pantalla.
—La idea de la propuesta para tu papá —respondí, rodando los ojos.
Tomó mi tablet sin pedir permiso y la revisó en silencio.
—No, está mal —dijo de pronto.
Todos la miraron con extrañeza.
—¿Qué? —pregunté—. La idea está súper buena.
—La idea sí —admitió—, pero la acción que planteaste no funciona. Hazlo de nuevo.
Me devolvió la tablet como si nada.
*¿Quién se cree?*
Por ser la hija del jefe estaba en esa posición, mientras que yo había llegado hasta ahí con puro esfuerzo. Sentí cómo la rabia me subía por el pecho. Me levanté de golpe.
—Mi idea está bien. Tú no sabes lo que haces —dije, molesta.
—Sí sé lo que hago —respondió, sonriendo con seguridad.
Eso fue demasiado.
—Llegaste aquí por tu papito, no por tu talento.
El silencio cayó de inmediato. Nadie quería estar ahí. Nadie se movió.
Valentina me miró.
Esta vez no con soberbia.
Con dolor.
Sin decir una palabra, dio media vuelta y salió de la sala.
Yo me quedé de pie, con la tablet temblándome entre las manos… sin saber si había ganado una discusión o acabado de romper algo que ya estaba demasiado frágil.




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