Más cerca de lo que imaginas

Lo siento

Los días pasaban y Sofía y yo hablábamos cada vez más. Ella era linda, tranquila, sincera. Me hacía sentir cómoda. Me caía bien… demasiado bien.
Pero Valentina se volvía más terca cada vez que nos veía juntas. Cuando nos cruzaba riendo o conversando, fruncía el ceño y se iba enojada. Sabía que estaba celosa, pero no tenía derecho a estarlo.
—Vamos a cenar, te invito —me dijo Sofía una tarde.
Estaba a punto de responder cuando Valentina apareció.
—¿Puedes venir a mi oficina, por favor? Necesito ver un asunto contigo —dijo seria.
La seguí sin decir nada.
Cerró la puerta detrás de nosotras.
—¿Qué pasa? —pregunté.
No respondió.
Se acercó de golpe y me besó.
Me sostuvo de la cintura, me atrajo hacia ella, me pegó a su cuerpo. Me quedé en shock. *¿Por qué me besa?* pensé. Pero aun así… le respondí el beso. Todo lo que había guardado durante años volvió en segundos.
Dos minutos después, se separó.
—Me da una rabia verte con ella —dijo, respirando agitada—. Yo sé que sientes algo por mí. Me respondiste el beso.
La miré. Ilusionada. Vulnerable.
—Valentina… tú fuiste la que se fue —respondí, dando un paso atrás—. Me dejaste todo el amor en las manos y desapareciste. Sí, todavía siento cosas por ti, pero me hiciste daño.
Me alejé un poco más.
—No quiero volver a sufrir como antes.
Ella me tomó la mano.
—Yo te quiero —dijo—. Y sé que soy una idiota… pero soy una idiota enamorada de ti.
No pude sostenerle la mirada.
Solté su mano, caminé hacia la puerta y salí.
Tenía miedo.
No de ella…
sino de lo fácil que era volver a caer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.