Más cerca de lo que imaginas

La amo

Llegamos al hotel exhaustas.
El silencio no era incómodo, era expectante.
Nos acostamos una frente a la otra. Sus ojos buscaban los míos, como si ahí estuvieran todas las respuestas.
—Sabes, Renata… —dijo al fin— eres de las mejores personas que he conocido. Y quiero luchar por ti.
Me tomó el rostro con cuidado, como si temiera que pudiera romperme, y me besó. Fue un beso lento, sincero.
—No es tan fácil —susurré cuando nos separamos.
—¿Sientes algo por mí? —preguntó, sin rodeos.
Respiré hondo.
—Siento demasiadas cosas por ti… pero tengo miedo.
Valentina apoyó la frente en la mía.
—Te juro que si lo intentamos, no voy a alejarme de ti. Nunca más. Te lo prometo.
Me abrazó fuerte. Yo no respondí con palabras. Me quedé ahí, escuchando su corazón, deseando creerle.

A la mañana siguiente desperté sola.
El miedo volvió de golpe.
*Otra vez se fue*, pensé, con los ojos llenándose de lágrimas.
Entonces escuché la puerta.
Me incorporé sobresaltada. Era Valentina, sonriendo, con un ramo de flores y una bandeja de desayuno.
—¿Por qué tienes los ojos llorosos? —preguntó, acercándose.
—No… por nada —mentí, sonriendo mal.
—Pensaste que me había ido —dijo con suavidad.
Bajé la mirada.
—Sí.
Ella dejó todo a un lado y me tomó de las manos.
—Ayer te prometí algo. Y no pienso romperlo. Si me das una oportunidad, haré lo que sea por ti.
La abracé. En ese momento, me sentí segura. Y eso lo era todo.
……………………………………………………………………………………………
De vuelta en la oficina, el jefe nos recibió con un abrazo orgulloso.
—Hicieron un trabajo increíble. De verdad.
Reímos, aliviadas.
Pero al llegar a mi oficina, Sofía estaba ahí.
—Hola, linda —dijo, abrazándome—. Quería invitarte a cenar… te extrañé.
El nudo en el pecho volvió.
—Sofi… tengo que hablar contigo.
Ella se sentó, como si ya lo supiera.
—Déjame adivinar. ¿Es por Valentina? ¿Pasó algo en el viaje?
Asentí, con culpa.
—Lo siento… no puedo estar contigo si estoy confundida.
Sofía sonrió con tristeza.
—No te preocupes. Lo imaginé con los celos de Valentina. Ya estaba preparada.
La abracé fuerte.
—Perdón.
—Sé feliz, Renata —susurró antes de irse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.