Más cerca de lo que imaginas

Final

Fui a la sala de ideas. Valentina estaba ahí.
—Escuché todo —dijo.
—Eso no es muy educa… —empecé, pero no terminé.
Se acercó y me besó. Todo lo demás desapareció. Cuando nos separamos, escuchamos la puerta abrirse.
—¿Papá? —dijo Valentina, pálida.
—Señor… —murmuré yo.
—Las espero en mi oficina. Ahora.
---………………………………
El silencio pesaba.
—Este es un lugar de trabajo —dijo serio—. No para esto.
—Perdón, no volverá a pasar —dijimos ambas.
Nos miró unos segundos… y sonrió.
—Lo entiendo. Pero que no se repita aquí.
Nos miramos confundidas.
—Tengo que confesar algo —continuó—. Yo sabía lo que pasó entre ustedes. Tu mamá me lo contó, Valentina. Al principio me costó… quería nietos, lo admito.
Valentina bajó la cabeza.
—Pero verte… verte feliz con Renata me hizo entender algo. Siempre te exigí más porque no quería que dijeran que estabas aquí solo por mí.
Suspiró.
—Y sí, todo esto fue para que hablaran. Y creo que funcionó. Solo mantengan el profesionalismo en la oficina.
Abrazó a Valentina. Ella rompió en llanto.
Yo también lloré. Él se rió y me abrazó a mí.
Terminamos las tres en un abrazo torpe, sincero, reparador.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que todo empezaba a estar en su lugar.
…………………………………………………………………..
“Elegirnos”**
Hicimos oficial lo nuestro sin anuncios ni discursos.
No hubo fotos, ni rumores, ni explicaciones.
Solo nosotras.
Empezamos despacio.
Café por las mañanas, miradas largas en reuniones, manos que se buscaban cuando nadie miraba. Valentina ya no huía. Yo ya no temblaba.
Aprendimos a hablarnos.
De verdad.
—A veces me asusto —me confesó una noche, abrazada a mí—. Tengo miedo de volver a hacerte daño.
—Y yo tengo miedo de que te vayas —respondí—. Pero esta vez quiero quedarme, aunque tenga miedo.
Nos besamos sin prisa. Sin urgencia.
Como quien sabe que no necesita correr.
En la oficina seguimos siendo profesionales.
Afuera, éramos hogar.
Valentina empezó a dejar atrás la culpa. Yo dejé de dudar de mi valor. Nos elegíamos todos los días, incluso en los silencios.
Una tarde, mientras trabajábamos juntas en la sala creativa, levantó la vista y me sonrió.
—Gracias por no rendirte conmigo.
—Gracias por volver —le respondí.
Meses después, caminando por la ciudad al atardecer, tomó mi mano con seguridad. Ya no le importaba quién mirara.
—Renata —dijo—, no sé qué nos depare el futuro… pero quiero construirlo contigo.
La miré. A la chica que un día me rompió el corazón y que ahora lo cuidaba con todo lo que tenía.
—Yo también —respondí—. Esta vez, sin huir.
Y así fue como entendí algo simple y poderoso:
El amor no es perfecto.
Pero cuando dos personas deciden sanar juntas, puede ser real.
Y nosotras lo elegimos.
Todos los días. 💛




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.