Lo veía todas las noches a las 9 asomado en la ventana, se sentaba a escribir mientras observaba la luna, <<¿Qué es lo que tanto escribes?>> Quería preguntarle, claro que no lo haría, sería extraño, lo contemplaba un buen rato hasta que me daba sueño. Él pasaba ahí sentado hasta las 3 AM, a veces salía al patio a caminar quizás para tomar inspiración <<¿Qué más inspirador que la luna?>> pensaba. Una noche no prendió la luz de su habitación a las 9, pensé que se había quedado dormido, la siguiente noche pasó lo mismo, <<¿Le habrá pasado algo?>> La siguiente...la siguiente...y la siguiente.
Ya había pasado una semana que no encendía la luz de su habitación y lo veía escribiendo, había pasado una semana que no lo veía indagar por el patio <<Que extraño>> Pasaba todo el día pensando en él y su desaparición tan repentina, más de una vez pasó por mi cabeza ir a su casa, me negué rotundamente, no haría eso, eso jamás. Mientras desayunaba un poco de avena se acercó el señor y cómo cosa muy rara en él se sentó en frente de mí, su mirada impaciente me indicaba que quería algo y rápido, <<¿Ahora que quieres viejo?>> Quise preguntarle, con que tan solo siguiera existiendo a mi lado o cerca es irritante, quería verlo bajo tierra pudriéndose en una maldita urna, su existir es insoportable.
No siempre era así.
—¿Necesita algo?.—Pregunté con un tono de amabilidad fingida, nunca se nos ha dado bien la convivencia domestica.
—¿Qué le pasó a el vecino?.—Preguntó cortante.
¿Qué iba a saber yo que le pasó al vecino? ¿Qué le pasa?¿Qué quiere? Qué se vaya de una buena vez, me molesta respirar cerca suyo.
—No lo sé, ¿Por qué lo sabría yo?.—Contesté con frialdad mientras hundía la cuchara en la espesa avena y me la llevaba a la boca.
—Admítelo, estoy seguro de que lo mataste.—Mi rostro no cambió, seguí mirándolo sin una pizca de emoción en mis ojos.
—¿Por qué estás insinuando que fui yo?, Si es que está muerto.—No lo soporto, hasta me llamó asesina ¿Qué es lo que quiere? No necesito sus absurdos comentarios.
—Eres una desquiciada, una enferma, la verdadera pregunta sería ¿Por qué tú no?.—Dijo en un tono desafiante, lentamente volví mi mano un puño con mucha fuerza haciendo que con mis uñas rompiera la carne, brotando lentamente sangre. Mi propio dolor, la autolesión es tranquilizadora para mí. Es como sacar el dolor y el odio que llevo adentro a través de la sangre y heridas que yo misma provoco. Es realmente satisfactorio.
—¿Por que no tú?.—Respondí viendo la avena unos segundos.—¿Cuáles serían mis motivos?.—Seguí cuestionándolo.—¿Has preguntado mi cuartada? No.—Me contesté yo misma.—Tanto tú cómo yo somos sospechosos, tanto tú cómo yo y el resto de las personas del mundo, ¿Y tú cuartada?.—Esperé unos segundos sabiendo que no contestaría.—¿Qué hiciste el día que desapareció? Si realmente murió ¿Dónde está el arma? ¿Cómo no estás tan seguro que simplemente se mudó? ¿Te debe algún tipo de explicación ese hombre? ¿Por qué quieres resolver un crimen dónde ni siquiera estás seguro que lo hay?.—Aflojé mi puño, mis manos están rojas, arden y se notan las gotas de sangre rodar por mis palmas. Elevé mi mirada para decirle lo último viéndolo a los ojos.—¿Por qué trata de culparme de un crimen que ni siquiera tiene la certeza que existe, detective?.—Vi como su manzana de Adán subió y bajó, su mano derecha estaba apretando con fuerza, sus venas se notan, <<puedes largarte>> pensé <<puedes dejarme en paz, me harías un favor>> pienso mientras me levanto. Le doy una mirada por última vez y salgo del comedor, me dirijo hacia mi habitación, el lugar seguro para todo desquiciado, su propio manicomio.
Me seguía cuestionando que le habría pasado al hombre de la ventana, seguía llena de ira gracias al señor y sus malditas acusaciones ¿Qué tanto le cuesta buscar un arma en su habitación y dejar que el impacto atraviese su corazón?, La idea de ir a la casa del vecino volvió a cruzar mi cabeza, lo pensé con una sonrisa ¿Qué pasaría? Total, si se mudó no se dará cuenta que estuve allí y si se murió como se enteraría, mis carcajadas acabaron con el silencio de mi habitación, es simple curiosidad el querer saber el estado de una persona, es un interés, que si pierdo me aburriría mis días de esta miserable vida.
Busqué una pequeña cuchilla escondida en el cajón oculto que le hice a la mesa de noche un par de años atrás, una lámpara y preparé un pequeño bolso con las cosas que necesito y podría llegar a necesitar, escondí el bolso debajo de la cama y me enrollé en las sábanas, en diez minutos aproximadamente entraría a rectificar que esté dormida.
El esperar me tranquiliza porque me imagino lo excitante que será lo que pasará a continuación, una vez que entre a la casa, una vez que esté en su espacio, una pequeña parte de su mundo ¿Allí se encontrará el libro? Quizás, todo es un misterio, como un desaparecido en el bosque ¿Murió o sigue vagando por los alrededores?, Suspiro para calmar la ligera emoción que me causa salir de esta casa, faltan unos segundos para que entre, cierro los ojos y me hundo en la calma. Tal y como lo predije entró, estuvo un buen rato viéndome como de costumbre, esperando a que diera alguna señal de que seguía despierta, para fingir que estaba en un profundo sueño murmuré algo que no entendería y le di la espalda. Escucho como un suspiro largo sale de él, se va y cierra la puerta lentamente.
Idiota, sigue cayendo en el mismo truco de hace años, como en mis sueños mi navaja acaricia su cuello, algún día mis sueños se harán realidad, una frase muy tierna en niños, muy aterradora y perturbante en mí, reflexiono ¿Si mis "sueños" se hacen realidad la locura en mí sería lo más común en este mundo? Cómo si un niño no deseara un juguete, ni un trastornado deseara que cada casa es un juego, uno más divertido que otro, pero todo serían increíbles realidades dónde manejan todo.