Mas poderoso que la magia

Primer día

Aquí tienes el capítulo corregido y pulido con una ortografía impecable, cuidando la puntuación para darle fluidez al relato y manteniendo intactos tus diálogos, los nombres de los personajes y el sistema de juego que creaste.

​Para mi sorpresa, me equivoqué al pensar que en el interior del castillo encontraría algo tipo Harry Potter. Para empezar, en la entrada había un profesor con vestimenta joven: chaqueta de cuero, corbata negra y una barba un poco canosa.

​Charls Livencool — Nivel 90

​No pude evitar reírme. «Un abuelo con ropa joven, qué poco común», pensé. En ese momento, sentí un codo que golpeaba mi brazo; era Tim, quien me dijo:
​—Ríete, pero el profesor Charls es tremendamente poderoso.
​Detrás del profesor podía ver una especie de mercado con muchas personas. Cosas comestibles viajaban por el viento hasta llegar a sus dueños, quienes con el dedo apuntaban y decían:
​—¡Tomate! ¡Carne!
​Bueno, debo decir que pensé que serían nombres más geniales, pero estaban bien; eran algo comunes.
​—Oye, Tim, ¿cómo pagan las cosas que piden? Tim... oye, Tim...
​—Si el joven Kaifax ya terminó, podemos seguir —interrumpió una voz.
​El profesor Charls dirigió su mirada hacia mí, junto con la de los demás compañeros.
​—Disculpe, profesor Charls Livencool —alcancé a decir.
​Algunos compañeros se miraron sorprendidos, pero fue el profesor quien más se asombró. Finalmente, sonrió y siguió presentándose y dando indicaciones. Me acerqué a Tim y le susurré:
​—Oye, ¿cómo supo mi nombre si acabamos de llegar?
​—La pregunta es: ¿cómo supiste tú su apellido? —me respondió Tim de la misma forma—. Pero a esto me refería cuando te dije que era tremendamente poderoso. He leído que, cuando alcanzas cierto poder, tu keni se eleva increíblemente y te permite ver el nivel del keni, el nombre de la persona que estás viendo y otras cosas más interesantes.
​—Oh, entiendo. Algún día lo tendremos, Tim.
​Mentalmente pensaba que el profesor Charls debió darse cuenta de algo por la expresión que tuvo hace un momento.
​El profesor Charls nos explicó que este castillo es prácticamente un país completo y que, dependiendo de nuestras habilidades, nos ganaríamos un puesto respetable en la comunidad. Además, como este ya era el último año, iban a ser más estrictos.
​«Vaya, así que este es mi último año. Es un buen comienzo», pensé.
​La charla se vio interrumpida cuando una mujer muy atractiva se acercó al profesor y le susurró algo al oído.
​Vayolett Stinguer — Nivel 68
​Sabía quién era gracias a la pantalla, aunque no era el único.
​—Ella es la profesora Vayolett, es la más sensual de todas. Nos dicta Encantamientos, la conocí el año pasado —me sopló Tim.
​—Realmente es muy hermosa.
​—Muchachos, discúlpenme por no poder seguir dándoles instrucciones, pero se me presentó algo importante —anunció el profesor Charls—. Así que los invito a disfrutar de su primer día libre. Exploren hasta donde sea permitido en el reino.
​Diciendo esto, dio la vuelta y ambos profesores se marcharon mientras seguían hablando entre ellos.
​—Bueno, ¿no te parece genial? Tu primer día y te lo dan libre —dijo Tim entusiasmado—. Vamos, te mostraré al menos los sitios más importantes.
​Caminamos un par de horas con Tim hasta llegar a una pequeña fila.
​—¿Qué ocurre ahí? —pregunté.
​—¿Recuerdas lo que vimos al entrar, cómo las personas tomaban sus cosas con magia? Bueno, acá es donde pagan todo.
​Al frente de la fila estaban dos personas controlando el paso:

​Ronald Stock — Nivel 38
​Sara Vilet — Nivel 25

​Mientras cada persona se acercaba, la tocaban con una especie de varita; luego, el estudiante seguía y atravesaba una línea blanca que se hallaba flotando en el aire.
​—¿Ves esa línea? —explicó Tim—. Sirve para cuando alguien hace un hechizo y esconde los productos, para que así la varita no los detecte. Pero la línea se encarga de ellos.
​—¿Qué pasa si la línea detecta algo?
​—Simplemente se torna de un color rojo y, en un segundo, estás dentro de una cápsula que poco a poco se empieza a reducir. Debes decir qué es lo que traes escondido y devolverlo para poder salir. Además, la misma línea te deja marcada una pequeña cicatriz en el cuello. En este reino se ve muy poco eso, pero si alguien completa dos líneas... no vive para contarlo. La esfera no dejaría de reducirse y, bueno, el resto queda a tu imaginación, Kaifax.
​Mientras Tim me explicaba todo, mi mirada se perdió en los ojos de una hermosura. «Una modelo», pensé, pero en este mundo no creo que conozcan ese término.

​Lala Asher — Nivel 12

​Su pelo negro, su piel blanca y sus ojos azules... era inevitable perderme en su mirada.
​—¿Quién es ella?
​—Ah, olvídalo, Kaifax. Lala es el amor platónico de todos los estudiantes, nuevos y antiguos. Pero ella nunca habla con nadie.
​—¿Por qué?
​—No lo sé. Si no nos habla, ¿cómo he de saberlo? Ella solo habla con su amiga y con algunos profesores.
​Las palabras de Tim las escuchaba cada vez más lejos. Vi que mis pies habían empezado a caminar por sí solos, dirigiéndose hacia donde estaba Lala. «¿Qué estoy haciendo?», me pregunté. No podía detenerme. Por alguna razón, cerré los ojos.
​Al abrirlos, estaba tan cerca de ella que lo primero que vi fue un mar de color azul claro; un mar que no parecía tener fin. Parpadeé y me di cuenta de que eran sus hermosos ojos los que me miraban.
​—Lo... lo... lo siento. No quería mo... molestarte —tartamudeé.
​No me dijo nada. Solo sonrió, dio la vuelta y se fue.
​Escuché cómo alguien se acercaba a toda prisa; era Tim.
​—Oye, ¿estás loco...?
​—No pude evitarlo. Mis pies... mis pies se movieron solos.
​—Contrólate —me recriminó Tim.
​—Lo sé, la próxima vez...
​A mi mente regresó el recuerdo de sus ojos, de ese hermoso mar. No pude terminar la frase; solo una sonrisa se apoderó de mi boca.
​A la mañana siguiente, Tim intentaba levantarme a sacudidas.
​—¡Vamos, levántate! ¡Llegaremos tarde!
​—¿A dónde?
​—¿Cómo que a dónde? ¡A clase! Son las 6:40 y debemos estar en el salón a las 7:00.
​Enseguida me levanté y me arreglé lo más rápido posible.
​—Listo, vamos Tim. Debemos ir al tren.
​—¿Tren? ¡Usamos magia! —dijo mientras alzaba las cejas con superioridad, como si alardeara.
​Tomó la capa del uniforme y me explicó que, según él, la capa nos llevaría directamente a la entrada del salón.
​—Debes dar un chasquido y prenderle fuego a la capa.
​Mientras lo decía, lo iba haciendo. Fue tan rápido que ni siquiera me fijé en cómo había desaparecido.
​—Bueno, mi turno.
​Alcé la mano y con mis dos dedos di el chasquido. Ahí estaba la flama azul, igual de fuerte que aquella vez en el tren. Tomé la capa, le acerqué la flama e inmediatamente me elevé. La tela me envolvió como si fuese una esfera oscura y, al instante, caí en un piso de madera cerca de una puerta.
​—Vamos, Kaifax, ya es hora.
​Elevé la mirada y vi a Tim, quien al parecer me estaba esperando. La puerta se abrió y la primera persona que vimos fue a la profesora Vayolett Stinguer, quien nos dijo:
​—Sigan, por favor. Llegan a tiempo.
​Entramos y, para mi mala suerte, solo había dos sillas desocupadas, cada una en un extremo del salón. Mis ojos brillaron al ver que una de las sillas estaba justamente al lado de Lala. Miré a Tim, quien al parecer pensaba lo mismo que yo, así que lo empujé y me dispuse a acercarme.
​El tiempo se detuvo. Solo podía observarla a ella: su cabellera, su mirada, sus labios, su angelical figura... Todo esto hizo que me distrajera y me golpeara duro contra la silla en la que me iba a sentar. Escuché algunas risas en el salón, pero no me importó.
​—Ho... hola. Mi nombre es Ka... Kaifax.
​Ella sonrió y me contestó:
​—Me llamo Lala. Lala Asher.
​—Silencio, empezamos la clase. Saquen sus libros en la página 45, título: Los Devilloth —ordenó la profesora Vayolett.



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En el texto hay: magia y amor, aventura, videojuego

Editado: 20.05.2026

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