—Como bien dice en el libro, la única forma de encerrar a un devilloth es tener, como mínimo, un keni nivel 70 y, segundo, el pago de sangre: unas gotas bastarán para que el sello quede perfecto. Como método de aprendizaje, quiero dejarles un ejercicio en el cual deberán crear un sello. No importa su forma, cada quien es libre de crearlo como más le guste; lo que me interesa es que funcione. ¿Entendido?
—Sí, señora —decimos todos al unísono.
—Bueno, nos vemos la próxima clase. ¡Ah! Y pueden hacerlo junto a un compañero. ¡Solo de a dos! —concluye la profesora Vayolett con una sonrisa—. Feliz tarde para todos.
Pensaba en la mejor forma de decirle a Lala que me ayudara, explicándole que no conocía nada sobre la magia para ver si accedía. Ella guardó sus cosas en su bolso, se puso de pie y empezó a caminar.
—Oye, Lala.
Se detuvo y, poco a poco, se volteó. Se acercó, tomó el bolígrafo que estaba en mi silla, abrió mi cuaderno y comenzó a escribir:
¿Quieres ayudarme con el ejercicio?
«No lo podía creer, estaba pensando lo mismo que yo», dije mentalmente. Miré fijamente sus ojos mientras tomé el bolígrafo de sus manos y escribí:
—Sí, clar...
Estaba tan nervioso que taché lo que acababa de escribir y lo intenté de nuevo:
—También pensé en ti.
Ella, sonrojada, escribió:
Nos vemos en el parque Maki, a las 4:30 en punto.
Colocó el bolígrafo junto a mi cuaderno, me miró un tanto nerviosa, dio la vuelta y se marchó.
«¡WTF! Hoy es mi día de suerte. Debo vestirme adecuadamente, aunque, por cierto, no tengo ropa... Le diré a Tim que realice nuevamente su hechizo», pensaba mientras salía del salón.
Me quedé sorprendido al ver que mis veintiocho compañeros de clase le prendían fuego a su capa, esta los envolvía y desaparecían. Se ve muy cool cuando lo hacen varios. Hice mi chasquido, tomé mi capa, la encendí y caí nuevamente en el piso de madera de mi habitación.
—Creo que debo practicar y evitar golpearme —dije mientras me acariciaba la rodilla derecha.
—Oye, ¿por qué te demoraste? ¿Te perdiste? —preguntó Tim.
—Eh... no, Tim. Solo estaba pensando en el ejercicio y en cómo la capa siempre nos lleva al salón y nos trae a la habitación sin ni siquiera pensarlo.
—Lo que pasa es que la capa está hechizada. Digamos que, gracias a nuestro horario, los profesores saben dónde estamos, así que la hechizaron. Es como nuestro transporte y solo funciona dentro del castillo.
—¿Anduviera de vago si quisiera salir de clases con ayuda de la capa?
—Imposible. La capa te lleva a tus clases y de vuelta acá según tu horario. Ya si tú quieres usarla afuera del colegio, debes mentalizar o pensar en el sitio para que te lleve, pero recuerda: solo cuando no estés en clases.
—Perfecto, qué buen dato. Ahora quisiera pedirte un favor.
—Sí, claro, dime.
—¿Podrías usar el hechizo que me hiciste en el tren para usar este uniforme?
—Jaja, no, no puedo.
—¿Por qué?
—Porque si no estoy mal, quieres vestirte con ropa de tu agrado, y para eso debes gastar de tu dinero y comprar como todos. En el reino hay buenos lugares para comprar.
—Pero usamos magia, debería ser fácil poder vestirnos.
—Podría ser, pero hace años lo prohibió el Gobierno, ya que el área comercial se estaba viniendo abajo. Solo se puede usar para vestimenta estudiantil y laboral; así quedó estipulado.
—¿Cómo sabes tanto?
—Mi padre es el presidente.
Mi rostro se puso en modo sorpresa, aunque no conozco a ese tal presidente y ni siquiera soy de este país, así que, bah, no le vi importancia.
—Eso es nuevo, Tim. Felicidades.
Mi tono sarcástico fue demasiado obvio para Tim, quien para mi sorpresa dijo:
—Por eso me agrada ser tu amigo, Kaifax. Una persona normal se emocionaría y me hablaría por interés; me agrada que te dé igual.
—Jaja, solo eres uno más, al igual que yo.
Me despedí de Tim y me dispuse a encontrar algún almacén, cuando de repente se me vino a la mente el cómo iba a pagar los artículos que necesitaba comprar. ¿Qué hago?
Llegué a un pequeño parque, me senté en una banca y nuevamente se filtró una ventana emergente:
Bandeja llena
Nueva área desbloqueada: $250
Esto era nuevo. Podía ver varios logros que supuestamente había conseguido; estaban en una lista y eran demasiados, así que empecé a bajar hasta llegar al último, el cual decía:
Poder oscuro superado: $5,000
¡Eran 10,500 logros completados!
En la parte superior de la ventana estaba la opción de:
[Seleccionar todo]
[Reclamar]
Al marcar estas dos opciones, apareció un monto en dinero: $505,854,547,893.
«Es demasiado dinero. Al parecer realicé todo esto sin haberlo hecho y aun así me premian... Amo este juego», pensé. Me puse en pie y elevé mis manos en señal de victoria. «¿Puede ser mejor este día?», me pregunté al ver un almacén cerca del parque, y sin dudarlo corrí hacia él.
—Buenas tardes, señor, ¿en qué le puedo ayudar? —me recibió un tipo muy decente.
Juanjo D'Lacure — Nivel 25
—Muchas gracias, voy a mirar y cualquier cosa lo llamo.
Ya dentro del almacén, una vitrina fue la única que llamó mi atención: una camisa negra, un jean color azul claro y tenis negros. «Al parecer están a la moda en este reino», pensé. Compre lo elegido, me cambié y me coloqué la capa del colegio encima.
Nuevamente salió la ventana emergente y me fijé en el indicador de dinero; no parecía haber nada extraño, a excepción de los $2,350 que me habían restado por mi ropa. Empiezo a entender que cada vez que pienso en la ventana emergente, esta aparece.
—Disculpe, señor, ¿dónde queda el parque Maki? —le pregunté a Juanjo.
—Si quiere caminar un poco, puede ir cinco cuadras derecho.
—Gracias.
—No hay de qué, buen día.
Al llegar al parque acordado con cinco minutos de retraso, me sorprendí al ver a tres hombres: